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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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Sergio LLull se ‘bebe’ otra Copa

Su resistencia, versatilidad y juego explican varios de los títulos del Real Madrid del último lustro

Sergio Llull, tras recibir el trofeo MVP a la finalización de la final de la Copa del Rey / ()

El Real Madrid de Pablo Laso se proclamó la pasada semana campeón de Copa por cuarta vez consecutiva. Desde el banquillo Laso ha dado una solidez y una versatilidad al equipo que conviene alabar nada más comenzar el artículo. Pero Laso ya no puede, para su desgracia, anotar canastas. Sergio Llull para su fortuna sí.

Sería injusto desmerecer las actuaciones coperas de Ayón, Doncic o Randolph. Sin ese tridente no se entendería la llamada “Copa del campo atrás”. Pero lo que sería verdaderamente injusto es que esta edición pasara a la historia por el campo atrás más que por ser la Copa de Sergio LLull.

Que el MVP de la competición sea vital para entender un título entra dentro de toda lógica. Y aquí los fríos números se convierten en algo caliente. En algo pasional. En detalle clave para entender el peso del base del Real Madrid en esta nueva conquista y en la temporada blanca.

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El 23 del Real Madrid tuvo diez segundos que resumen su carácter y su peso en el equipo. Último cuarto. Su equipo atascado. Triple sobre la bocina (ya es una costumbre), robo posterior de balón, cinco zancadas para pasar desde su campo a la zona rival, salto como un tigre y bandeja por encima de la defensa. Cinco puntos para enmarcar y cinco puntos para explicar una Copa.

Además de esos cinco puntos Sergio Llull consiguió una media de 22´3 puntos, 6´3 asistencias, 2´7 rebotes y 22 de valoración en los tres choques a vida o muerte coperos. Su afición desde la grada alternaba el grito de “Llull Llull Llull” con el de MVP. Mientras, sus rivales le recordaban el campo atrás con Andorra. No le conocen. Eso le motivaba más aún.

Ahora que se pone por las nubes a los talentos emergentes blancos como Doncic, Radoncic, Garuba o Kostadinov y se habla de sus números de críos os voy a contar una anécdota. Llull cuando era cadete en La Salle tuvo un partido en el que anotó 71 puntos y dio 19 asistencias. Eso llamó la atención de los ojeadores y le apartó de estudiar Empresariales. La nota de selectividad le daba. Un 8.82. Fue selectivo. Seleccionó el baloncesto como motor vital.

Y tras dejar la Salle, pasar por Manresa y llegar a la capital, la historia del menorquín con el Real Madrid va camino de batir records, este es su segundo MVP copero pero lleva ya 14 títulos de blanco y casi 400 partidos de liga. Recuerdo que los ‘fisios’ de la selección me contaban que le llamaban el ‘conejito de Duracell’ porque las pilas le duraban eternamente. Eso deben pensar los madridistas. Que Llull no se les agote. Sus baterías, resistencia, versatilidad y juego explican varios de los títulos del Real Madrid del último lustro. Y como al citado conejito, a Llull parece quedarle cuerda para rato.

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