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Viernes, 20 de Septiembre de 2019

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De la fritanga a la merienda gratis: las multas más absurdas en Italia

La lista de sanciones rocambolescas a las que los italianos han tenido que hacer frente en los últimos años

Bocadillos preparados para el recreo de un colegio /

Hace algunos días traspasó fronteras la sentencia del Tribunal de Casación italiano que le impuso una multa de 2.000 euros a una pareja de la región de Gorizia por inundar de olor a frito todo su edificio. Los vecinos se habían quejado de los olores, por lo que los jueces entendieron que debían añadir la “molestia olfativa” como un elemento del perjuicio del bien público.

La corte sentó un precedente, cuanto menos curioso. Aunque la lista de multas rocambolescas ni mucho menos termina aquí. Hace unos días, Il Corriere della Sera daba cuenta de una serie de sanciones realmente absurdas, a las que los italianos han tenido que hacer frente en los últimos años.

  • Suministrar comida en público no es algo que se pueda hacer a la ligera, como demuestra una multa de 1.032 euros a un grupo de madres por dar tostadas con mermelada a unos 200 niños en un parque. Habían organizado un evento público con niños en el municipio de Lallio, provincia de Bérgamo, y se les ocurrió agasajarlos de esta manera sin permiso público. Hablando de meriendas, un estudiante de Turín también fue sancionado con 5.176 por vender durante dos años el bocadillo del recreo.
  • Queda claro que los niños tampoco fueron un eximente para la maestra de Bolonia que tuvo que pagar 65 euros por haber pasado demasiado tiempo desde que compró el ticket del autobús y lo convalidó. Antes tuvo que dejar pasar una clase entera de 20 pequeños que viajaban con ella.
  • También los parques en Brescia son lugar para delincuentes habituales. Escándalo público cometido por una madre que se permitió el “acto obsceno” de amamantar allí a su bebé. Ella, al menos tuvo suerte, porque las autoridades locales le retiraron después la sanción. Por cierto, que recientemente despenalizaron la cuestión de los “actos obscenos”, por lo que masturbarse en público quedaría reducido a una multa administrativa.
  • En Italia se puede sancionar a una persona que compra comida en la calle y no conserva el ticket. Y eso lo pasó a un hombre del municipio de Marigliano, provincia de Nápoles, que le ofreció un bocadillo a un mendigo.
  • Ojo también a los comerciantes. A un vendedor de fruta de la provincia de Verona le multaron por ocupación del suelo público al poner dos recipientes sobre un tapete verde para que los perros de sus clientes bebieran agua. La misma razón por el que otro tendero de Treviso recibió una carta en la que se le exigía el pago de un impuesto por la sombra que el letrero de su comercio proyectaba en el suelo de todos. Por esta misma razón, los periodistas en Italia son conscientes de que grabar con una cámara de vídeo es legal siempre que no se coloque en un trípode apoyado en el pavimento.
  • 55 euros por atender a un hombre atropellado. Una mujer en Milán aparcó donde pudo para socorrer a un peatón al que acababa de arrollar una moto y mientras le sometía a un masaje cardiaco, dos agentes le multaron por hacer caso omiso a la prohibición de estacionamiento.
  • Aunque la madre de todas las multas la sufrió un señor de Cremona. Entró en un supermercado, se llevó una salchicha que costaba 1,76 euros, pero no la pagó. Le condenaron a depositar 11.250 euros o a 45 días de cárcel, bajo el “agravante de la destreza”. El hombre tenía 79 años y sufría Alzheimer.
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Cadena SER

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