Sociedad
Crisis refugiados Europa

El último bastión anti Le Pen en el norte de Francia

Un pequeño pueblo, con alta concentración de refugiados donde no gana el Frente Nacional

Grande-Synthe donde 3 de cada 10 hogares están bajo el umbral de la pobreza y el 24 por ciento de sus habitantes en paro está dando toda una lección de acogida a refugiados venciendo el clima xenófobo que Le Pen ha propagado en toda la región

PHILIPPE HUGUEN AFP Getty Images

Bruselas

"Dicen que no podemos acoger toda la miseria del mundo, pero la inmigración es hoy apenas el 0,4% de la población europea, es decir, prácticamente nada. Tenemos la capacidad de hacerlo y por eso le pido al gobierno francés que amplíe los centros de acogida", afirma convencido Damien Carême, un ecologista que desde hace 16 años es el alcalde de Grande-Synthe, una comuna de 21000 habitantes frente del Canal de La Mancha, que padece la crisis del sector industrial con uno de cada cuatro habitantes en paro y un 34 por ciento de hogares bajo el umbral de la pobreza.

Su historia es menos conocida que la de la mediática ciudad de Calais, situada a sólo 40 kilómetros, pero muchos medios de comunicación franceses e internacionales la pusieron en el mapa cuando en marzo del año pasado levantó el primer campo de refugiados en un país rico que llegó a acoger a más de 2500 personas hasta que fue pasto de las llamas el pasado mes de abril.

Este alcalde suma una década llevándole la contraria a las corrientes "de represión y retrógradas" que procedían del Frente Nacional y "del propio Gobierno de la República, que desde 2008 cuando instalé las primeras tiendas de campaña en invierno para ayudar a los inmigrantes que llegaban trataron de impedírmelo hablando del típico efecto llamada", explica.

Entre su población castigada también por la crisis económica no ha triunfado sin embargo la ola xenófoba que recorre el norte del país galo, sobre todo por un discurso valiente y transparente en defensa de los derechos humanos, "desde el principio empecé a escribir a los ciudadanos una vez al mes para explicar la situación, de donde venían las personas y por qué. Las respuestas que me daban desde el Gobierno central, que nunca me apoyaba y que quiso prohibirnos que levantáramos este campo para dar una respuesta digna a los refugiados. Explicamos dónde y cómo se invertía el dinero como los más de dos millones de euros que Médicos Sin Fronteras invirtió para construir el campo", detallaba Carême esta semana en la sede de Bruselas del Parlamento Europeo, donde fue invitado a exponer su ejemplo de acogida en un seminario sobre la nueva política de refugio y asilo que debate muy a fuego lento la Unión Europea.

"Cuando lo explicas a la población lo comprende y de hecho se ve en los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en la que nos convertimos en la única comuna entre Dunquerque y Lille, más de 80 km entre los dos, en la que no ganó el Frente Nacional. Porque muchos de los habitantes de la comuna están orgullosos de nuestra acogida. Se han creado empleos, 46, los comerciantes están contentos, la acogida es posible como demuestra que hay ya más de 500 centros en toda Francia", matiza el alcalde de Grande Synthe, que subraya que “no se ha dado ni un solo problema de convivencia” y que es puesto como ejemplo de hospitalidad en todo su país.

"Lo que hago hoy lo hago por toda Francia, dar testimonio de la historia de Grande Synthe, se lo cuento a otros alcaldes, a otros ciudadanos, la apertura de centros de acogida y orientación como el nuestro que ha sido muy bien acogida en nuestra población" asegura Damien Carême, orgulloso de que en su ciudad no haya podido penetrar, al menos de momento, la xenofobia del Frente Nacional, "la gente que ha llegado no ha protagonizado jamás ni delincuencia ni nada, esos prejuicios de que la inseguridad va a explotar y que promueve el Frente Nacional no han llegado nunca" subraya.

Grande-Synthe, a orillas del mar del Norte, en la región de Dunquerque, surgió en 1960 al calor del crecimiento industrial, "hubo una emigración hacia el pueblo organizada por el estado francés por la instalación de una industria del metal. Ahora vivimos en una crisis industrial, con un 24 por ciento de paro, 34 por ciento de hogares bajo el umbral de la pobreza y la media de ingresos es de 9600 euros por hogar. Se trata de una comuna pobre, con importantes problemas sociales y que sin embargo cuando explicas bien la acogida no ha habido ningún problema con la llegada de refugiados. Desde hace muchos años hemos visto el paso de migrantes y refugiados en ruta hacia Calais para cruzar luego a Inglaterra, y seguiremos acogiendo", afirma el alcalde.

Desde 2008 comenzaron a tomar medidas para la acogida de estas personas sobre todo en invierno donde se enfrentaban a temperaturas extremas. La estación de servicio donde paran los camiones que luego siguen a Calais sirve para que muchos refugiados y migrantes traten de colarse con el sueño de cruzar en el túnel que comunica con Gran Bretaña.

Desde que instaló aquellas primeras tiendas de campaña en 2008 las autoridades centrales le dijeron que estaba loco, que iban a llegar por millares y que el Estado no se iba a ocupar de nada. Sin embargo siempre encontró el apoyo de ONG como Médicos del Mundo que les ayudó desde el principio.

"La represión no es una solución, preferimos acoger y por eso creamos con Médicos Sin Fronteras ese campo, con ciertas duchas y puntos de agua, queríamos acoger a las 2500 personas que teníamos en eso momento y colaboramos con MSF porque ellos tienen la experiencia en levantar este tipo de instalaciones en los países pobres", explica Carême.

Ninguna ayuda del Estado

"El ministro me decía que había traficantes en el campo de refugiados, pero no es el campo lo que crea traficantes, los crea las fronteras y los muros. Crear un campo así no va a atraer a los refugiados, es una solución de urgencia porque los campos no son la solución, sólo una respuesta humanitaria", afirma el alcalde.

"Reciba o no ayuda del Estado no volveré a aceptar que estas personas sigan viviendo en estas circunstancias extremas y volveré a buscarles un lugar digno.Muchos alcaldes tienen miedo a implicarse por lo que pueda suceder pero se puede y los vecinos lo comprenden", sigue.

"En mis conversaciones con el Ministro del Interior hasta ahora solo me ha hablado de represión, de la búsqueda del acuerdo con Libia para hacer lo mismo que con Turquía, que iba a enviar medios policiales y yo le dije que la represión no funciona. Llega la policía y destruye las tiendas como en Caláis pero no se les puede detener, se les dispersa y luego vuelven. Lo que le propongo al ministro es tener una estructura con 100 personas en cada sitio, otras 100 en Calais y así tenerlos repartidos. Espero que el ministro se dé cuenta de que lo que me dice no tiene sentido. Pueden llegar muchos más en poco tiempo y no quiero revivir lo de 2015, el Estado francés debe darse prisa, y confío en el nuevo primer ministro, (Édouard Philippe) es más sensible porque viene de un municipio, Les Havres, con 350 familias refugiadas acogidas", detalla sobre sus constantes conversaciones con las autoridades de París.

"No había ninguna experiencia como esta en Europa de campo de refugiados similar y menos en una primera potencia económica y funcionó bien. Desde la instalación del campo la gente comenzó a formalizar las peticiones de asilo, registramos más de 700 y fueron distribuidas por centros de acogida por toda Francia. Todos los alcaldes me decían como lo había hecho y yo les dije que lo habíamos superado muy bien".

El campo funcionó entre marzo de 2016 y abril 2017 cuando un incendio lo destrozó, un campo “modélico” desde donde los niños iban a los colegios de la comuna, y algunos incluso iban a la universidad

Ante 135 periodistas de toda Europa y representantes del Parlamento Europeo, Carême exclama: “¡No es una crisis de la inmigración es una crisis de acogida! Hay que buscar una solución, el primer ministro francés es más sensible porque tiene experiencia directa como alcalde, espero que influya en el gobierno de Macron para buscar una solución porque es urgente” insiste esta pequeña localidad del norte de Francia, donde ahora viven unas 300 personas refugiadas, algunas antiguas pobladoras del campo, y donde la acogida es motivo de orgullo para sus humildes ciudadanos.

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