Jueves, 22 de Octubre de 2020

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Conflicto árabe-israelí

El muro que separa

Los palestinos lo llaman 'Il yidaar il fasel', el muro de separación, los israelíes se refieren a él como barrera de seguridad y los activistas lo califican de "muro del apartheid"

Uno de los cientos de grafitis en el muro. Belén, Palestina

Uno de los cientos de grafitis en el muro. Belén, Palestina / Isabel Quintana

Israel comenzó su construcción en 2002, con el argumento de impedir la entrada de terroristas suicidas en su territorio. En la práctica, esta barrera tiene unos 800 kilómetros y se extiende por Cisjordania y rodea Jerusalén. En algunos puntos de su trazado es una impresionante pared de hormigón y en otros, una valla electrificada que ha confiscado tierra palestina y ha creado de facto una nueva frontera. Pese a que la ONU y el Tribunal Internacional de Justicia lo han declarado ilegal, su construcción avanza y más del 80% de su trazado discurre por tierra palestina.

Es una de las caras más visibles e impactantes de la ocupación israelí ya que el muro ha separado familias, pueblos y ciudades, ha cambiado la forma de vida de los palestinos y los ha aislado entre ellos. Trayectos entre dos ciudades palestinas relativamente cercanas, como Belén y Ramallah, se transforman en horas en la carretera.

En Abu Dis, un suburbio de Jerusalén, el muro los ha separado del centro de la ciudad y ha dificultado enormemente su vida diaria. “Cuando no había muro, todo era un poco más fácil, podíamos llegar prácticamente donde queríamos; pero se acabó. La segunda Intifada (2000-2005) significó eso: vivir en un lugar donde te sientes encarcelado sin estarlo realmente”, resume Fadi Abu Hillah, vecino de la localidad.

Abu Dis y Jerusalén eran casi una sola hace 20 años. Con la impresionante pared de hormigón, que se ve prácticamente desde cada ventana de la casa de Fadi Abu Hillah, esta ciudad palestina se ha quedado aislada de Jerusalén. Trayectos que antes se realizaban en 10 minutos tardan hora y media, numerosos vecinos han perdido sus trabajos, y actividades de la vida diaria, desde ir al colegio o llegar urgentemente a un hospital, se convierten en pesadillas cotidianas.

“Al principio era un muro pequeño, la gente lo saltaba, pero cuando se confirmó su trazado actual se construyó una pared de entre 8 y 10 metros. Todo está cerrado y hay un portón por el que podemos pasar, si tienes permiso, a Jerusalén. El hospital más cercano está a cinco minutos en línea recta pero ahora cuesta una media hora debido al muro”, explica Abu Hillah.

Especialmente simbólico es el caso del valle de Cremisan, en la región de Belén, a unos 10 km de Jerusalén, donde medio centenar de familias palestinas han librado una lucha de David contra Goliat contra el Estado de Israel para frenar el avance del muro porque el trazado original cruza sus propiedades. Su tenaz batalla en los tribunales duró años hasta que en 2015 perdieron el último recurso y las obras se reanudaron.

Juliette Bannoura y su familia viven en la ciudad de Beit Jala, aledaña a Belén, y han perdido dos propiedades debido al muro. La entrevistamos en la única zona donde el muro no se ha terminado por la presencia de dos monasterios salesianos. La apertura entre un extremo y otro de la valla electrificada es de unos 100 metros. Si se cierra este paso, decenas de familias perderían el acceso a sus tierras, una importante escuela para familias de escasos recursos quedaría al otro lado y no está claro cómo podrían llegar los niños cada mañana y los monasterios, además del contacto con los habitantes de Belén o Beit Jala, perderían el acceso a parte de sus viñedos.

“Estoy enfadada, me siento impotente, lo intentamos todo pero al final perdimos después de años de lucha. Todo por razones de seguridad, un argumento que para Israel es innegociable. Tenemos familias, tenemos niños y pienso en su futuro. ¿Qué les quedará?”, se pregunta esta madre de familia.

“Estamos viviendo en un área asfixiada, sólo podemos salir de aquí con permiso y si no lo tienes, estás condenado a estar aquí y sientes que te falta espacio. Pensar en el futuro de nuestros hijos me deprime mucho porque siento que no les dejaremos gran cosa”, agrega.

Para los habitantes de Beit Jala y Belén el muro “ha devorado terrenos y está enjaulando” a los palestinos. En esta zona palestina existen actualmente 23 asentamientos israelíes en las que viven más de 120.000 personas. Las colonias y el muro han cambiado la fisonomía de la región y han separado a los habitantes palestinos de Jerusalén, ciudad con la que siempre estuvieron ligados.

El argumento de la seguridad esgrimido por Israel no vale para estas familias afectadas. “Si el muro está destinado a proteger a los asentamientos judíos, ¿por qué no se construye entonces cerca de las colonias?”, se pregunta Juliette Bannoura.

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