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Política
REFERÉNDUM ILEGAL 1-O

El trencament

Tanto tiempo esperando el día 1 para que, al llegar, lo dejara todo más incierto y más triste

Tanto tiempo esperando el día 1 para que, al llegar, lo dejara todo más incierto y más triste / SUSANA VERA (Reuters)

Tanto tiempo esperando el día 1 para que, al llegar, lo dejara todo más incierto y más triste

Barcelona

Lo difícil es ponerse a explicar sensaciones, más cuando se extreman y mezclan. Hay imágenes que acongojan y a la vez se han visto estallidos de emoción, como si toda la tensión sostenida en tanto tiempo hubiera ido a confluir en este domingo. Quizá ese sea el cambio notable, el gran hecho del 1-O: un estallido emocional que deja en varias capas de la sociedad catalana la sensación de que algo se ha roto. Un trencament, una ruptura.

Entre quienes guardaban la cola desde antes de las cinco de la mañana, no había preguntas sobre el censo, ni sobre el recuento, ni sobre el reconocimiento que tendrá la consulta. Sólo había la determinación de votar y de que abrieran los colegios. Los mayores y los niños pasaban los primeros, entre aplausos, por si venía la policía a desalojar. La gente se repartía para evitarlo, se aplaudía a las parejas de los Mossos que les dejaban estar y se preparaban para que la policía o la Guardia Civil les sacaran a la fuerza. "Nosotros -repetían-, resistencia pacífica".

Pero muchos de esos colegios abrían las puertas y formaban colas que abarrotaban los patios. "Poned los teléfonos en modo avión", se oía, para que pudieran conectar los ordenadores que les debían conectar con un hipotético censo. "Abrid grupos en Telegram", pedía uno de los voluntarios, en la idea de que esa red encripta mejor que otras los mensajes. Eso no es de hoy, varios dirigentes llevan semanas instalados en redes que protejan la privacidad de sus mensajes.

¿Quién podrá llamar referéndum a lo de este domingo, si todo el mundo ve que no tiene los requisitos mínimos ni las garantías? ¿Y quién podrá, sin embargo, ignorarlo y despacharlo como si fuera un "picnic"? No es un referéndum, pero tiene una organización que ha necesitado el apoyo y el concurso de muchos, que han trabajado en secreto de manera coordinada desde hace tiempo, a pesar de todas las presiones. Porque a las nueve de la mañana estaba en su sitio todo lo que no podía estar: las urnas, las papeletas, las mesas. Una organización que no parecía ni espontánea ni nueva.

Había entre quienes fueron a votar una sensación de euforia sin pararse a pensar en las condiciones de la consulta. Aunque se han dado otro tipo de estremecimientos, entre ellos los peores. Las imágenes de las cargas policiales contra la gente sentada en los colegios se han extendido al momento entre la gente que votaba. Y la que no. Han dejado instalada la desazón en mitad de una mezcla de sensaciones que nos sitúa ya en un estadio distinto. Quién iba a decir después del día 1 -que tanto se hizo esperar y que dejó la política en suspenso-, que ahora todo parecería más triste y más tenso, más incierto e imprevisto. Una inevitable sensación de trencament.

 

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