Viernes, 07 de Mayo de 2021

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César Aira: "Sería un problema grave ganar el Nobel, perdería mi anonimato"

El autor argentino, que acaba de publicar nueva novela, se muestra en desacuerdo con el Premio Cervantes, Sergio Ramírez: "Yo cierro los ojos a la realidad tranquilamente y no creo traicionar mi oficio"

César Aira: "Sería un problema grave ganar el Nobel, perdería mi anonimato": César Aira: "Sería un problema grave ganar el Nobel, perdería mi anonimato"

César Aira/ EFE

Acaba de publicar su novela 101, Prins, una historia delirante sobre un escritor de novela gótica que abandona la escritura para entregarse al opio. Al Opio, con mayúsculas. Aira, un clásico en las listas de favoritos al Premio Nobel de Literatura, reniega de cualquier cosa que le obligue a salir de su torre de marfil o abandonar su anonimato. Incluido el Nobel. Cree que "la lengua castellana no ha tenido muchos escritores universales que se lean fuera de las cátedras de literatura" y discrepa del Premio Cervantes, Sergio Ramírez: "yo cierro los ojos a la realidad y no creo traicionar mi oficio". También hablamos del apocalipsis zombi y de la lectura como salvación cuando uno es tímido y miope.


Dice que sus novelas nacen de una idea más o menos improvisada, pero que suelen reunir al menos dos condiciones: suele ser rara y tener algo personal... ¿De qué idea rara y personal ha nacido Prins?

"La idea original de esta novela fue probar de trabajar sobre un género ya establecido, viejo y desacreditado como el de la novela gótica, con esos personajes estereotipados: el caballero malvado, la doncella tímida y sufriente, etc. Y tomarlo con cierta distancia, no escribir yo una novela gótica, sino hacérsela escribir a un personaje que ya las ha escrito y no quiere escribir más o no puede escribir más, y busca un sucedáneo, un modo de ocupar el tiempo en su retiro".

¿Hay en Prins una parodia del género o una parodia de su oficio?

"No diría parodia, en general trato de no hacer parodia de nada. La palabra sería ironía, tomarlo con cierta distancia y no tomárselo muy en serio, que es mi filosofía de vida".

Leyendo la novela me preguntaba si se habría divertido escribiéndola...

"Sí. Quizá la palabra no es exactamente diversión, sino placer, el placer de escribir, el gusto de escribir que para mí se ha vuelto, a lo largo de toda una vida, en parte de una rutina diaria, de mi metabolismo. Si paso un día sin escribir es un día perdido para mí".

¿Sigue encontrando placer en algo que se ha convertido en cotidiano, incluso en rutinario?

"Sí, sí. Justamente porque la escritura, tal como yo la practico, es algo que está en constante estado de metamorfosis, de cambio, y el placer está justo ahí, en hacer algo nuevo y distinto. Esa idea que necesito para empezar, una de las características que debe tener es que tiene que ser distinta a todas las ideas que he tenido antes. Al contrario de volverse rutinario o burocrático, se vuelve renovador para mí".

¿Nunca ha tenido miedo de no ser capaz un día de encontrar esa idea distinta a todas las anteriores?

"No, no, porque me he acostumbrado a que cuando termino un libro, un relato, una novelita quedo en blanco por el momento y digo ahora quizá no se me ocurre nada, y al día siguiente se me ocurre algo. Caen del cielo esas ideas de la nada, de, no sé, una palabra, una asociación de ideas, algo que leo, que miro, que oigo en la calle. Así que ya estoy seguro de que siempre va a haber algo".

¿De qué se alimentan sus ideas?

"Lo primero y lo principal es la lectura. Creo que los escritores nos alimentamos de nuestra segunda personalidad, de nuestro Clark Kent secreto de lector. Las ideas pueden venir de cualquier lado, de la televisión, de lo más trivial, de una conversación. Pero la lectura es lo que nos da el estímulo de seguir lo que estamos haciendo, visto del otro lado. Yo estoy muy agradecido a la lectura porque ha sido la salvación de mi vida. El chico tímido y miope que era se refugió en los libros, como es tan habitual, y terminó siendo un escritor que hacía esos libros para que refugien otros en ellos".

¿Qué leía su primer Clark Kent lector?

"Eso fue variando con el tiempo. Pero empecé leyendo libros de aventuras, cómic, lo que ustedes llaman tebeos, que fueron mi pasión de niño, pero también libros de piratas. Siempre recuerdo que la primera gran lectura que hice con 10 u 11 años fue la saga de Sandokán, de Salgari. Me leí los 21 tomos, los 21 gruesos tomos (risas) y Julio Verne, todo eso. Pero muy pronto, de adolescente, con 14 o 15 años, descubrí el otro nivel que tiene eso, que es la literatura propiamente dicha, la literatura como arte, y lo descubrí con Borges. Y, a partir de ahí, ya me volví un lector exigente, quisquilloso".

En España ya no decimos tebeos, sino novela gráfica...

"Ah, novela gráfica. Tengo interiorizado ese mundo. Ahora no me gustan las nuevas novelas gráficas, pero mi hijo es dibujante profesional para estas editoriales norteamericanas, Marvel, DC... Me río porque cuando le pregunto en qué está trabajando siempre es lo mismo, hay cuatro elementos que se repiten siempre: zombis, extraterrestres, mutantes y nazis. Son esos cuatro elementos, que a veces se combinan y a veces son nazis mutantes, zombis extraterrestres o, a veces, son las cuatro cosas juntas (risas)".

Las cuatro cosas juntas debe ser el infierno...

"Sí, sí, es un infierno. Él es un excelente dibujante pero, lamentablemente, no hace un trabajo creativo, es un mercenario de la novela gráfica".

¿No le han propuesto nunca trasladar a cómic alguna de sus novelas?

"Sí, ha habido alguna propuesta, pero no me interesa. Incluso mi hijo, cuando le reprocho que no hace nada creativo, me dice: ¿por qué no me escribís un guión? Pero no, no se me da eso, yo ya estoy en mi formato, el de la escritura propiamente dicha".

¿Cuánto hay de Borges en esta novela, en Prins?

"Hay mucho, mucho general como lo hay siempre, y algo muy puntual, que es el cuento famoso de Borges, 'Pierre Menard, autor de El Quijote'. Aquí, mi personaje es una especie de Pierre Menard, que escribe los clásicos de la novela gótica".

¿Ha leído El Quijote?

"Por supuesto, más de una vez. El Quijote, que fue el deslumbramiento de mis años de estudiante, pudo haber sido mi entrada al mundo académico. Cuando acabé la facultad, estudié Letras en la Universidad de Buenos Aires, una profesora que me tenía mucho aprecio me adscribió al Instituto de Filología para que hiciera una tesis sobre El Quijote. Había elegido un tema que era El Quijote como novela dialogada y empecé a tomar notas, pero hubo un momento en que dije, no sé... Yo ya estaba trabajando, ganaba bien, y el mundo académico pensé que podía esterilizarme. Habría sido un buen investigador, un buen historiador de la literatura, pero preferí alejarme de eso y escribir mis libros".

¿Nunca ha pensado en enseñar?

"No, para eso no sirvo. Creo que no sirvo. No se me da bien lo oral".

El pasado lunes, al recibir Premio Cervantes, el escritor Sergio Ramírez dijo en su discurso que un escritor que cierra los ojos a la realidad está traicionando el oficio. ¿Está de acuerdo?

"No, no estoy de acuerdo, yo cierro los ojos tranquilamente y no creo traicionar mi oficio".

¿Por qué cree que se da por hecho que un escritor de literatura tiene que estar comprometido con la realidad social y política que le rodea?

"No me lo explico, ¿por qué, por qué será? Seguramente para ganar premios. A mí, mis compatriotas me están reclamando que haga un perqueño esfuerzo, a ver si me dan el Premio Nobel y el pequeño esfuerzo sería ponerme a hablar de los derechos humanos, de la democracia... Pero no estoy dispuesto a hacerlo".

¿Porque esos asuntos no le interesan o porque no hablar de ello responde a una decisión ideológica?

"Sí, yo vivo en mi torre de marfil, con mis libros, la poesía, las artes. Creo que tengo derecho a elegir".

No me creo que no le interese lo que le rodea...

"Me interesa, pero muy mediocremente. Nací así, hay cosas que no me interesan. La política y el fútbol le interesan a todo el mundo, a mí no, no me siento culpable en tanto que lo que me interesa a mí no le interesa a casi nadie, así que compensamos".

¿Vota?

"No, hace muchos años que voto en blanco. El voto en la Argentina es obligatorio, así que voy para hacer algo distinto un día cada dos años y pongo mi sobre vacío".

¿Se imagina la vida sin literatura, sin escribir?

"No, no. A estas alturas ya no. Treinta o cuarenta años atrás, siendo joven, podría haberme puesto a pintar. Me atrae el mundo de las artes plásticas, pero ahora ya no. Entre otras cosas porque aprendí a escribir y lo hago más o menos bien así que, por qué ponerme a pintamonas si puedo ser un escritor más o menos decente".

Tiene usted una imagen de escritor referente para muchos autores jóvenes en su país... ¿Le interesan los jóvenes?

"Busco siempre, lo que pasa es que encontrar un buen escritor, un escritor realmente bueno... No es como estos periodistas culturales que están encontrando un genio por semana. Un escritor realmente bueno aparece una vez cada cincuenta años, así que no hay que hacerse tantas ilusiones. Pero leo muchas dos primeras páginas de casi todo lo que se publica y de vez en cuando encuentro algo que me atrae. En cuanto a consejos, no los doy nunca, sobre todo porque en nuestro oficio, en la práctica de la escritura o en cualquier arte, el camino tiene que hacerlo cada uno a su modo y un consejo puede ser hasta perjudicial".

En Prins, su protagonista dice que "la sociedad sobrevive gracias al malentendido"...

"(Risas) ¿Digo eso? No me acordaba, pero lo he dicho más de una vez. Una vez hice como una especie de teoría de que la literatura va del sobrentendido -que es cuando uno escribe y uno sabe de más de lo que está escribiendo-, al malentendido, que es lo que hace el lector, pero sobrevolando, sin tocarlo, el entendido. Ahí está la riqueza de la literatura porque entender, simplemente entender, sería transmitir una información (hoy llueve, mañana va a hacer sol) pero la literatura es algo más que información y ese algo más está en el sobrentendido y en el malentendido".

¿Piensa en el lector o le da igual?

"Sí, bueno, pienso en el lector que soy yo. El lector que soy yo es el control de calidad de lo que estoy escribiendo".

¿A qué escritores españoles sigue o lee con interés?

"A Cervantes".

Hace bastante que Cervantes no publica...

"Sí, sí, y lo último que publicó, qué desastre dios mío, ese Persiles y Sigismunda... Yo lo había leído en la facultad y me había parecido que tenía cosas que se podían salvar, pero me dio por releerlo hace dos o tres años y no pude, directamente. Qué cosa curiosa, un genio tan extraordinario como el que escribió El Quijote que pudiera ir a esas simas, con s".

¿Y posteriores a Cervantes?

"Creo que la mejor literatura en lengua castellana se fue a América, ¿no? Grandes poetas, César Vallejo, en fin, y Borges. Por algun motivo, la lengua castellana no ha tenido muchos escritores universales, que se lean en todo el mundo, que se lean más allá de las cátedras de literatura".

Si le dieran el Premio Nobel en 2020, como vaticinó Carlos Fuentes en una de sus novelas, sería muy literario...

"Creo que complacería mucho a mis compatriotas, los argentinos somos mucho de ser el número uno. Ya tenemos a Messi, al Papa (risas)... Nos faltaría..."

¿Reconoce cierta vanidad en estar ahí, cada año, en la lista de favoritos al Premio Nobel?

"Para mí no significa nada, para mí sería un problema grave ganar uno de esos premios importantes porque volverse una figura pública, perder el anonimato, que cuando salga con la bicicleta la gente me señale con el dedo... No, no, sería horrible. Mantengo mi anonimato lo más que puedo, sobre todo porque nunca he ido a la televisión. No es que cometa crímenes y haga cosas feas y por eso quiera mantenerme anónimo. Pero quiero mantenerme anónimo aun haciendo cosas buenas".

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