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Lunes, 16 de Septiembre de 2019

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Mientras pasa el Madrid

Las últimas movilizaciones se suman a los indicios que permiten pensar en un cambio de época

Trabajadores del Teatro de La Zarzuela al término de la manifestación celebrada en Madrid con motivo del Primero de Mayo / ()

En este mayo que celebrará el medio siglo de aquel mayo francés del 68, han venido a acumularse indicios que a lo mejor son de un cambio de época. Se ha visto en esta legislatura, en la que apenas se legisla, que la iniciativa política se encuentra antes en la calle que en el Parlamento. El mayor ejemplo es la revolución de las mujeres, una movilización sostenida, transversal y apartidista como lo es también la de los jubilados que claman por la dignidad de las pensiones. La política va a remolque y trata de no perder el hilo, agarrada a las encuestas.

En contraste, las marchas de este Primero de Mayo no son ya lo que eran: congregaron a mucha gente en las calles e incorporaron desde luego las nuevas reivindicaciones (“más morado que rojo”, se leía en los titulares), pero han perdido su viejo poder de convocatoria. Mariano Rajoy las respondió con un tuit, igual que la ministra de Empleo. La desafección con los partidos puede que se extienda a los sindicatos, que trataron de devolver al debate público tensión ideológica. Reparto o conflicto, fue la advertencia. Ocurre, sin embargo, que el partido que sube en las encuestas es Ciudadanos, que propugna que ya no hay izquierdas ni derechas. Albert Rivera se mira en Emmanuel Macron, que es presidente sin partido, y trata de desideologizar el discurso. Lo cual, claro, tiene un fin ideológico.

Aires distintos, en fin. Antes hablaban de moral y ahora lo llaman regeneración, que suena mucho más moderno. Esa es la palabra que planeará por la recepción que dé en este Dos de Mayo la Comunidad de Madrid en la Puerta del Sol, sede de presidentes que parecieron intocables. Donde gobernó Gallardón, imputado ahora. Donde gobernaron Aguirre y González. La sede en la que Cifuentes pensó su lanzamiento antes de enredarse entre mentiras y caer por la charca moral que anega su partido en Madrid. Si no es un cambio de época, se le parece mucho. Quizá es eso, que la política es aquello que va cambiando mientras siempre pasa el Madrid.

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