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Lunes, 21 de Octubre de 2019

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¿Tabletas para los niños en los colegios? O cambiamos de método o no sirve

El trabajo en las aulas debe de ser colaborativo para que la utilización del móvil y la tableta tenga un impacto en el aprendizaje

Las tabletas se cuelan en las aulas. /

Los hijos de Melchor utilizan la tableta desde antes de los dos años. Es un convencido de sus bondades como herramienta de aprendizaje. Solo hay una restricción en su uso: que estén acompañados. “Si voy al parque con ellos no les dejo solos y vuelvo a las dos horas porque sé que no los voy a encontrar. Igual que tengo un proceso de acompañamiento con ellos durante muchos años en los que les enseño los peligros como no cruzar cuando hay coches, con las tabletas nadie hace eso. Todo el mundo se las deja como si fuera un chupete y ya los tienes entretenidos durante horas cuando en realidad están desatendidos. Dejar a un niño solo con la tableta es como dejarlo solo en la calle”. Melchor Gómez es matemático, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y director de Edumovil, un grupo de investigación sobre el uso de soportes digitales en las aulas. La pregunta para él es a partir de qué edad pueden utilizar de forma autónoma las tecnologías y la respuesta es que a la misma que los dejas ir solo por la calle.

En algunos colegios los alumnos no tienen libros. Utilizan una tableta. Los padres preguntan cómo subrayan y se organizan. “Es una herramienta, los juegos están bloqueados para que no se usen. Ya trabajábamos de una manera cooperativa y vimos que el dispositivo lo potenciaba”, explica Amit Mirchandani, director pedagógico de Secundaria y Bachillerato del Colegio La Salle Maravillas de Madrid, uno de los pioneros en utilizar las tabletas en las aulas. Manejan aplicaciones, editan documentos, buscan información y hacen proyectos. El aprendizaje es transversal y toca todas las áreas. Si se hace un trabajo sobre el Barroco se involucran las Matemáticas, la Física y la Química además de la Historia.

¿Se aprende mejor en tableta o con lápiz y papel?

El neuropsicólogo Ávaro Bilbao, autor de libros como ‘El cerebro de los niños explicado a los padres’ asegura que aprenden mejor tocando porque hay una serie de vías a nivel neurológico que hacen de intermediarios entre el conocimiento y lo que es el objeto real; a través del tacto y el olfato. “Si nos fijamos solo en la percepción sensorial, la tableta es extremadamente rica, pero a nivel táctil y olfativo es nula por lo que no se aprende igual”, sostiene.

El trabajo colaborativo es la clave para el encaje de la tecnología. / GETTY IMAGES

La parte posterior del cerebro es puramente perceptiva. Hay un tercio de esa mitad que es visual. Los otros dos tercios son táctiles, olfativos y auditivos; que nos permiten entender las cosas de otra manera. “Si quitamos toda la parte táctil estaremos perdiendo un puente muy importante para entender cómo son las cosas de verdad y realizar acciones. No puedo coger un vaso de agua si no imagino que estoy moviendo la mano cuando en el mundo virtual todos nos imaginamos moviendo un dedito y podemos pasar de un capítulo de Pepa Pig a otro o contar hasta tres. Si lo hacemos todo de la misma manera, no lo estamos entendiendo tan bien. Los niños no aprenden del todo lo que es una vaca hasta que no van a un establo, ven su tamaño real, el olor, la boñiga”, afirma el neuropsicólogo.

Un móvil que mide los ángulos, las distancias y con el que puedas buscar las ecuaciones de los polígonos aporta una dimensión mucho más rica al aprendizaje, defiende el profesor Gómez. “Hay que aprender las matemáticas en el mundo, que tenga conexión con la vida real para que tengan significado. “¿Has visto alguna vez una derivada? El acelerador del coche es una derivada. Las matemáticas se pueden acercar más a la vida real gracias a la tecnología. El móvil es como abrir una ventana fuera”, mantiene.

Medir la altura de la canasta del patio

¿Cómo de alta está la canasta? ¿Cuánto mide el campo? Pisar el barro y salir del aula es clave. Es la conexión con el mundo real que reclama el neuropsicólogo Bilbao. “Hay estudios que demuestran que se estudia mejor con las manos, contando las piececitas, que con la tableta, que aprenden mejor los conceptos de matemáticas cuando se escribe a mano que cuando simplemente está rellenando datos en una pantalla. Tecleas igual la A que la S o la G; en cambio cuando lo escribes el proceso de escritura es distinto y aprendes más”, explica.

Cuando se hacen las matemáticas con la tableta no existe eso de quedarte en blanco, explica el profesor e investigador Melchor Gómez. “Es el catalizador que permite el cambio de metodología. Antes la tecnología era muy cara, ahora ha bajado mucho de precio y los alumnos ya saben utilizarlos”. La tecnología puede convertirse es una herramienta eficaz contra el abandono escolar. “Los alumnos con peores resultados son los que más se ven favorecidos por el uso de la tableta. Los buenos, a veces mejoran y a veces no”, cuenta Melchor Gómez a partir de los trabajos de campos realizados por su grupo de investigación.

Salir del aula es recomendable para un aprendizaje real. / GETTY IMAGES

El final de las clases magistrales

En las clases hay diez minutos de explicación para dejar luego a los alumnos un tiempo concreto en el que deben hacer los ejercicios propuestos. Trabajan en equipo. Pueden copiarse, hablar y las dudas las resuelven sus propios compañeros. Nada que ver a cómo estudiábamos nosotros y al sistema que aún perdura en la mayoría de las aulas de este país. Aquí el profesor pasea por el aula atento a las necesidades que surjan.

“Si colaboran, trabajan en grupo y buscan soluciones, las matemáticas dejan de ser 2 + 2 = 4. En cambio, si la metodología que usas es la de siempre: ejercicios y resolución individual, el artificio digital no aporta nada. Para que funcione hay que cambiar la metodología”, explica Mirchandani.

 El director pedagógico defiende que un aprendizaje basado en el trabajo cooperativo con herramientas tecnológicas es la respuesta a los retos actuales. ¿Cómo serán la sociedad y los trabajos dentro de 20 años? Aprender a aprender en un mundo en el que el conocimiento está al alcance de todos a golpe de Google. Los chicos elaboran un trabajo al final de cada proyecto que puede tener formatos muy diferentes. Lo presentan al resto de sus compañeros. Hablar en púbico es lo habitual y ayuda a dominar la forma de expresión. Otros optan por el lenguaje visual y elaboran vídeos para explicar todo lo que han saben.

Por cada euro invertido en tecnología, otro debe ir en formación del profesor

La piedra angular está en que los docentes tengan la formación adecuada. Solemos decir que por cada euro que te gastes en tecnología tienes que gastarte otro euro en preparación”, mantiene Melchor Gómez.

La clave es acompañar las pantallas en las aulas de un cambio metodológico con trabajos en grupo y cooperativos. “Ni todo lo tradicional es lo mejor ni todo lo nuevo tiene cosas malas. Los colegios suelen adaptar bien ambos mundos. El mayor peligro de las pantallas no está en el cole donde es un soporte de información, sino en el uso de casa, el uso de ocio”, explica Álvaro Bilbao. Si un niño lee a Shakespeare en un libro o en una tableta le parece igual de positivo. La cosa cambia si lo utilizan para ver vídeos o jugar con videojuegos. Su uso ha pillado a contrapié a muchos padres. Antes las dudas, publicó una serie de recomendaciones para introducir la tecnología en la familia de una forma sensata.

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