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Domingo, 15 de Septiembre de 2019

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Erika, 22 años sobreviviendo al sida y la discriminación

  • Convertida en una referente mundial en la lucha contra el sida y en favor de los de los colectivos LGTBI es una de las activistas más reconocidas dela AIDS 2018
  • Reclama al gobierno español que vuelva a implicarse y a donar fondos a la lucha mundial contra el VIH

A los 8 años, cuando se negó a seguir poniéndose ropa de niño, intentaron "curarla". "Le dije a mi familia que ya no quería vestir con ropa de hombre e ir así a la escuela, pero se lo tomaron muy mal. Vivíamos en un pueblo muy pequeño, fanáticamente religioso, y el consejo que les dio el cura local fue que me ingresaran en un clínica de corrección. Con tan corta edad me trataron con tratamiento hormonal de testosterona para intentar cambiar mi forma de pensar, de ser y de vivir", relata a la Cadena SER Erika, en uno de los miles de stands sembrados por la mayor conferencia mundial de salud del planeta.

Harta de la situación y de la discriminación decidió salir de su país, Belice, y con solo 16 años emigró a Ciudad de México. "Tuve que dormir en las calles, recurrir a trabajar en el sexo como forma de sobrevivir. Al principio eso me ayudó porque podía pagarme un lugar donde vivir, pagarme la comida... pero al final la vida en la calle es también mucha droga y también caí en ello. Por eso no me sorprendí cuando fui diagnosticada. Todas mis amigas estaban contagiadas de VIH o estaban muriendo. Fíjate, a mí el médico cuando me diagnosticó me dijo que me quedaban 6 meses de vida". Afortunadamente para ella el doctor no acertó.

El colectivo trans uno de los que mayor riesgo para contraer el sida

La de Erika Castellanos es una historia que resume como pocas el sufrimiento al que son sometidas las llamadas 'poblaciones claves' que, como los transexuales, se enfrentan a los efectos multiplicadores del SIDA cuando van sumados al estigma y a la discriminación. A finales de 1995, cuando supo que el SIDA sería ya parte de su vida, no se amedrentó y decidió ir de voluntarios a un hospital de enfermos del VIH, muchos terminales a los que acompañaba en una muerte digna. Allí conoció a una madre y su hijo, ambos seropositivos, que le enseñaron que a pesar del virus se le podía seguir sonriendo a la vida, y ese mantra es el que Erika difunde hoy por todo el mundo.

" La verdad es que tienes que ser una persona que ama la vida, que quiere vivir para no darte por vencida. Desgraciadamente, en nuestra comunidad hay mucha gente afectada, la población trans tienen un 49% de posibilidades más de contraer el SIDA que la población en general", señala Castellanos, quien hoy, casi 23 años después de su diagnóstico positivo, es una de las activistas más reclamadas en la 22ª Conferencia Mundial del SIDA que se celebra en Ámsterdam. Por no decir que es toda una estrella. Solo este martes tenía que ejercer de maestra de ceremonia en una presentación con Elton John y su fundación y además tenía que ofrecer conferencias o entrevistas sin parar un solo minuto. Esa fama conseguida a base de lucha hará además que sea una de las encargadas de clausurar esta cita ante el plenario este próximo viernes.

Erika ha pasado de esperar la muerte por SIDA a plantarle cara y a formar parte de los comités como los que deciden el reparto de fondos como la junta directiva del Fondo Mundial, como representante de la delegación de comunidades. "Me supone todo un pesar saber que una vez que los fondos van a una parte hay otras que se quedan sin ellos y esto puede suponer un coste en vidas", reconoce. En este sentido ha estado en España, de la mano de la Fundación Salud por Derecho, para reclamar en varias ocasiones al gobierno que vuelva a financiar el Fondo Global de la lucha contra esta enfermedad, y ahora espera que lo haga el nuevo gobierno.

Castellanos es además directora de programas de GATE, Acción Global para la Equidad Trans, una entidad muy reconocida en la causa. Esta joven procede de Belice, el único país anglófono de Centroamérica, donde el suyo siempre ha sido un colectivo marginado y perseguido "hasta hace dos años las relaciones sexuales anales suponían 10 años de cárcel y todavía hoy se castiga con esa misma pena el contagio de VIH", denuncia.

Asegura que hoy es más optimista que nunca en la lucha contra la pandemia, por la mejora de los medicamentos, aunque reclama un mayor acceso para todos los colectivos en todos los países y que los precios que marcan las farmacéuticas no sean tan elevados. No es tan positiva con acabar con la discriminación, uno de los lemas de esta conferencia mundial del SIDA, "porque el ser humano siempre ha discriminado por temas de salud y más en este caso que hay un componente de comportamiento sexual".

"Me inspiro de todas las historias que veo en el mundo, en compartir y en decirle a mi comunidad que no están solas". Erika deja un mensaje siempre esperanzador: "quiero decirles a todas las personas trans que viven con VIH que no es lo último en la vida, no es una sentencia de muerte. Yo llevo 22 años conviviendo con el SIDA y ahora vivo feliz, tengo esposo y familia, se puede vivir y amar después de VIH , no hay que darse por vencidas". Ella es uno de los mayores ejemplos de esa resiliencia inspiradora.

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