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Martes, 18 de Febrero de 2020

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Juan Hidalgo, el artista raro

Tabacalera dedica la mayor retrospectiva al músico, poeta, pintor y fotógrafo canario que falleció a principios de año

Es mucho más que un artista conceptual. Su anarquismo, su homosexualidad, su manera de entender el arte no le permitieron encajar en su tiempo. Fue uno de los que, en la segunda mitad del siglo XX, más contacto tuvo con la vanguardia internacional en los años del Franquismo, un referente para las generaciones de la Transición. "Hijo de John Cage y nieto de Marcel Duchamp" se hacía llamar, fundador del legendario grupo ZAJ, Hidalgo recibió el premio nacional de Artes Plásticas a punto de cumplir los 90 años. No llegó a recibir el Velázquez, aunque sí muchos de sus discípulos como Esther Ferrer o Concha Jerez, una situación que él mismo calificaba de "divertida" como explica Fernando Castro, comisario del homenaje que le dedica Tabacalera con la retrospectiva titulada Juan Hidalgo & etcétera. Hidalgo acabó su vida junto a su marido en su casa de Ayacata, en el centro de Gran Canaria, dedicado a la cría de perros. Y siguiendo muy de cerca el montaje de la exposición para la que hizo su última pieza, un piano pintado de rosa sin mecanismo en su interior, que evoca sus orígenes musicales y que abre la exposición. Cuenta Castro que Hidalgo era consciente de que se enfrentaba al final pero sabía que no sería el último acto, sabía que habría más.

"Durante toda su vida siguió la máxima de no traicionar su deseo", explica el comisario de la muestra que no está concebida de manera cronológica y que incluye piezas históricas como 22 variaciones en torno al pene o las fotografías de la serie Hombre, mujer y mano. De hecho a la entrada del edificio de Tabacalera puede leerse el siguiente cartel: "Las imágenes de esta exposición tienen contenido sexual explícito". Más allá de simple provocador Juan Hidalgo, junto con Walter Marchetti y Ramón Barce fundadores de ZAJ, removieron el contenido cultural de la época. "Lo que de verdad hicieron fue liberarse de la dominación que establece lo concertístico y lo armónico que establece la historia musical del siglo XX. Es muy bella la música clásica pero parece que nos ofreciera redención. Lo que ellos dicen es que la música son todas las cosas, como los ruidos que emite el cuerpo. Es también liberarse de prejuicios y tabúes". ZAJ supuso un retorno al Dadaísmo, cuenta Castro, una vuelta a la actitud cuestionadora. "Aunque se les llama artistas conceptuales, en realidad, fueron críticos del hiperconceptualismo".

Rosa, espejo y condón de Juan Hidalgo.

Su idea era la de desbordar los límites del arte. Fue en 1964 cuando Hidalgo, Marchetti y Barce plantean una acción en la que, vestidos de músicos, trasladan varios objetos desde la calle Batalla del Salado hasta la Glorieta de Embajadores y Ronda de Toledo, como si se tratara de un funeral. "Lo que hicieron fue aludir a los funerales de las concepciones académicas del arte, una crítica velada al sistema político del momento". "El abuelo del movimiento, sigue Castro, fue Marcel Duchamp, no existirían sin el cuestionamiento de la obra de arte que introdujo en 1917 o sin John Cage, que fue quien liberó a la música de sus constricciones".

Como artista multidisciplinar, cada vez que un jurado tenía que examinar su obra para un premio no encajaba en ninguno. "Los críticos de arte decían que no era un artista plástico o visual, decían que era músico. El jurado del premio nacional de Música no consideraba que tampoco lo fuera. Sólo se le empezó a reivindicar como poeta tras la publicación de Ocho poetas raros. Lo fue toda su vida, un poeta raro, un músico diferente, que desde los años 50 mostró unas cualidades diferentes". Fue entonces cuando se fue a vivir a Italia, también viajó a Estados Unidos. Pero tampoco encajó en los años de la Transición, recuerda el comisario de la muestra. "Le tocó vivir la posmodernidad, la movida, que era completamente ajena a sus posicionamientos artísticos. Con lo cual al final sufrió un doble exilio". Acaba Castro asegurando que cree que a Juan le gustaba ser un artista raro. "A veces es mejor la rareza que lo habitual". Su viudo, Carlos Astiarraga, trabaja ya en crear, más allá de una casa-museo del artista, un espacio de investigación de su obra.

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