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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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Muere Helena Almeida, la portuguesa que revolucionó el arte plástico

La artista polifacética falleció a los 84 años en Sintra

Helena Almeida. /

Helena Almeida, la artista plástica polifacética que cobró fama por sus emblemáticas fotografías con broches de color, falleció el miércoles a los 84 años en Sintra, Portugal.

La muerte inesperada de la artista, que hace poco más de una semana abrió una nueva muestra en la galería Helga de Alvear en Madrid, pilló al mundo de la cultura lusa por sorpresa, y suscitó expresiones de condolencias por parte de numerosas figuras públicas portuguesas, entre ellas el primer ministro António Costa, que la reconoció como "una pintora que, empleando la fotografía, creó una obra inconfundible".

Casi siempre vestida de negro, Almeida era la protagonista de sus fotografías, que exploraban la relación entre objetos —entre ellos, su propio cuerpo—. El esposo de la artista, el arquitecto y escultor Artur Rosa, era el principal asistente y colaborador de la misma, y una vez que ella tenía la escena perfectamente preparada en su estudio —el mismo que utilizó su padre, el conocido escultor estadonovista Leopoldo de Almeida—, a él correspondía disparar la cámara y capturarla en múltiples posiciones que subrayaban la interacción entre espacios y cuerpos en movimiento.

Nacida en 1934, Almeida se formó inicialmente en la capital lusa, entre el estudio de su padre —realizador del conjunto escultórico del Monumento de los Descubrimientos, cerca de la icónica Torre de Belén— y la Escuela de Bellas Artes de Lisboa. Estudió pintura pero desde el principio se enamoró de la fotografía, y se decantó cada vez más por las cámaras en vez de los pinceles. Durante una temporada en Paris, a mediados de los años 60, pudo conocer las tendencias artísticas vanguardistas desconocidas en su país natal, todavía bajo el yugo de la dictadura de António de Oliveira Salazar. A su vuelta a Portugal Almeida trajo consigo estos nuevos aires, y experimentó con el performance y otras expresiones artísticas.

Sin embargo, fue a través de las fotografías que la artista definió su carrera, siempre intentando sobrepasar los propios marcos de las imágenes en las que aparecía. Insistía en que no eran autorretratos, pero también afirmaba “mi cuerpo es mi trabajo; mi trabajo, mi cuerpo”. Antes de ejecutar una composición, dibujaba un borrador, y después se lanzaba físicamente para conseguir lo imaginado, girándose en posturas dobladas que a veces parecían imposibles. Almeida resaltaba elementos de las fotografías con pintura azul, negra y roja, y en el proceso combinaba las tres disciplinas que dominaba: dibujo, fotografía y pintura.

El carácter rompedor de su obra hizo de ella un éxito en el Bienal de Venecia de 1982, muestra a la que volvería en 2005, de nuevo disfrutando del cariño de los críticos internacionales. Exhibió en París, Barcelona, Tokio y Madrid, y actualmente protagoniza una exhibición en el Tate Modern de Londres. La pinacoteca la define como una artista revolucionaria, calificación con la que sin duda será recordada en la posteridad.

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