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Sábado, 19 de Octubre de 2019

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"En Brasil hay una amenaza real contra la democracia"

  • Cometimos errores. Lula no hizo su reforma política y Dilma manejó mal la economía.
  • Hay que provocar a las instituciones, pero tenemos que hablar con el pueblo para organizar la resistencia.
  • En Brasil todo el sistema político tiene que refundarse porque la situación se ha vuelto insostenible.
  • Con Bolsonaro puede haber un enfrentamiento armado en la región por Venezuela.

Fernando Haddad en un momento de la entrevista /

Su nombre no entraba en las quinielas, ni siquiera como candidato. Sin embargo, la situación judicial de Lula da Silva, hizo que el expresidente apostara por este profesor universitario, que fue ministro de Educación y alcalde de Sao Paulo, pero que no pertenece a la estructura del Partido de los Trabajadores (PT). Logró un 45% de apoyos frente al 55% que prefirió hacer presidente al polémico Jair Bolsonaro. Nos recibe en su hotel en Madrid, donde está dentro de una gira que llevará a entrevistarse con destacados líderes de la izquierda en países como Grecia, Estados Unidos o Uruguay.

Usted fue un candidato de emergencia. Si pudiera volver atrás, ¿volvería a presentarse?

Claro. El PT tiene una tradición de éxito consecutivo en cuatro elecciones seguidas, debido en gran parte al liderazgo del presidente Lula. Él es un líder extraordinario, el mejor de la historia, pero no pudo participar en las elecciones, pese a que la ONU se posición a favor de su derecho a concurrir. Yo, como candidato a vicepresidente, tenía la obligación de representar su proyecto político. Casi logramos ganar las elecciones por quinta vez. Sigue siendo un proyecto muy fuerte que mantiene el diálogo con las clases populares.

¿Sigue fuerte, pese a todo, ese proyecto?

Sí, a pesar de las circunstancias muy desfavorables. El presidente está preso, y mantenemos una larga lucha para conseguir su libertad. No para probar su inocencia, porque la Justicia no ha logrado probar su culpa, no ha presentado pruebas cabales de su involucración en cualquier acto ilícito. A pesar de eso en la memoria del pueblo queda el recuerdo de un periodo excepcional.

¿Es optimista, cree que Lula aún puede volver a la política activa, fuera de la cárcel y presentándose candidato a unas elecciones?

No sabemos. La victoria de Bolsonaro pone en cuestión algunos principios fundamentales de la vida democrática en Brasil: él mismo ha dicho, antes de ser elegido, que la oposición tenía que escoger entre la cárcel o el exilio.

Mucha gente en Brasil que parte de la victoria de Bolsonaro se explica por la reacción de la población a los errores del PT y del propio Lula, que en esta convocatoria ha podido ser un problema

Cometemos errores, siempre lo he admitido. Lula no hizo su reforma política, y la financiación de las campañas electorales por parte de las empresas era un flanco débil muy peligroso. Para la izquierda sobre todo, pero también para todo el sistema. Dilma ha manejado mal la política económica especialmente después de las manifestaciones de 2013. Son dos errores que reconozco, y que también tienen que ver con el resultado de las últimas elecciones.

Pero Lula sí hizo otras reformas, creó una clase media que antes no existía en Brasil. Hace unas semanas escuchaba a Marta Lagos, directora del Latinobarómetro, decir que bajo esa clase media, había quedado una clase baja, a la que se le habían prometido oportunidades que no han llegado. ¿Ha crecido la desigualda?

Durante los gobiernos del PT no fue así. Entonces los pobres se volvieron menos pobres, y los ricos más ricos. El problema es la vieja clase media, que no logró modificar su situación, y se sintió amenazada por los pobres, que ahora estaban más cerca, y veía a los ricos más lejos. Sintió esa doble presión.

¿Y eso explica la victoria de Bolsonaro? ¿Fue una sorpresa?

Su victoria sí lo fue. Nuestra derrota no hubiera sido una sorpresa porque habíamos ganado ya cuatro veces, y es algo muy difícil en cualquier país. Teníamos mucho desgaste. En 2016 yo sí predije que la ultraderecha iba a tener un papel en la campaña de 2018, estaba creciendo en Brasil un sentimiento de extrema derecha. Pero la figura de Bolsonaro es algo difícil de asimilar como representativa de la sociedad brasileña.

Pero tuvo el apoyo del 55% de la población, sí parece representativo…

Si hubiéramos tenido dies días más para combatir las fake news….

Hablando de fake news: el Tribunal Superior Electoral ha analizado esas denuncias y no ha llegado a confirmar que existiera esa campaña falsa en la campaña de Bolsonaro

Que la hubo, no hay duda. Eso existió. Quién era el responsable de esa campaña es algo que se está investigando. 

¿Y desde el otro lado, desde el PT? ¿La militancia de su partido no entró también en el juego sucio de las fake news durante la campaña?

Yo tengo la certeza de que no se puede hablar de la misma escala. Si lo hubo, no lo sé; pero la escala es totalmente diferente.

Al margen de cómo fuera esa campaña, la realidad es que Bolsonaro ya está aquí ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención de estos primeros quince días?

Nosotros, que apostamos por la democracia, sentimos una amenaza diaria a la ampliación de derechos. La democracia es mucho más que el buen funcionamiento de las instituciones para preservar los derechos civiles, políticos, del trabajo, sociales y medioambientales. Cualquier persona que mire a Brasil ahora desde la Comunidad Internacional sabe que hay una amenaza concreta a muchos de esos derechos.

¿Hay que confiar en las instituciones, en la Justicia y el Parlamento, para responder a esas amenazas?

Hay que provocar a las instituciones, y algo más: hay que provocar a la sociedad civil. Porque tampoco existe democracia sin sociedad civil, sin oposición, sin información correcta, sin libertad de prensa.

¿Cómo está la sociedad civil? En estos meses desde la victoria electoral de Bolsonaro, no ha habido grandes protestas, ni manifestaciones. ¿La sociedad brasileña ha asumido el cambio de etapa, ha asumido quién es la persona que se pone al frente a partir de hoy?

Bolsonaro ha sido elegido. Los brasileños, yo entre ellos, deseamos éxito al nuevo gobierno, pero tenemos funciones diferentes. Su proyecto, por lo menos a medio y largo plazo, no puede traer bienestar a Brasil. Tenemos que hablar con la sociedad y organizar una resistencia. La desigualdad, que ya es tremenda en Brasil, puede aumentar, y lo mismo ocurre con la violencia. La sensación de inseguridad de personas LGBT, negros, indígenas, mujeres… puede aumentar. Como ciudadano brasileño tengo que desearle éxito, pero también alertar de los riesgos que su política representa.

¿Hay riesgo de que haya movilizaciones? Decía también Marta Lagos que esa posibilidad no le parecía lejana porque mucha gente votó a Bolsonaro sin tener con él una vinculación ideológica, y si no llegan los resultados, saldrán a la calle.

La democracia se hace también en las calles, no tenemos que temer las calles. Pero tenemos que tener mucha conciencia como oposición para ofrecer alternativas. Nosotros no somos sólo ciudadanos comunes, tenemos que ofrecer alternativas como partido para que la democracia funcione.

¿Es necesario una refundación profunda del partido, del PT, con caras nuevas que no estén vinculadas a las denuncias de corrupción y a la crisis económica?

Todo el sistema político tiene que refundarse porque la situación se ha vuelto insostenible. Hay que refundar los partidos, las plataformas, las ideas… con nuevas personas y nuevas representaciones.

¿Usted qué papel puede jugar en esa nueva etapa? ¿Estaría dispuesto a asumir el liderazgo?

A ser uno de los líderes, sí, pero no el único. Como profesor y ciudadano, tengo un papel a cumplir y lo voy a hacer con mis compañeros, que piensan que hay que hacer algo

Pero no desde la primera línea.

Sí en primera línea, pero no en solitario. Quiero que la sociedad se apropie del proceso, no quiero ser un agente que inhiba la aparición de lo nuevo, quiero ser un promotor.

Entonces ¿descarta ser el presidente del PT?

No, no pienso serlo.

¿Y qué papel va a jugar el PT en la política brasileña en los próximos años? ¿Cómo van a hacer oposición? No asistieron a la toma de posesión ¿es un gesto o una declaración de intenciones?

Es un gesto que tiene que ver con el todo: la ausencia de Lula, el impeachment de Dilma sin responsabilidad criminal que es asumido por la derecha… Es un proceso nada trivial. ¿Dos personajes como Dilma y Lula sin poder participar del proceso?

Pero más allá de eso, la vía del PT para hacer oposición ¿será el Congreso?

No sólo el Congreso. No se puede hablar de democracia escogiendo un solo lugar. Todos los lugares son lugares para el ejercicio de la reflexión crítica sobre qué está pasando en Brasil.

Vuelvo al tema de la Justicia. En España muchos dijeron que las instituciones serían la salvaguarda frente a la posible deriva autoritaria de Bolsonaro. ¿Confiamos en la Justicia?

Sí, tenemos que confiar, pero tenemos que comprender también que hay varias formas de amenazar la democracia. Una es desde dentro de las instituciones, es algo muy común en la literatura sobre democracia, no permitiendo que las instituciones funcionen de forma imparcial. Lo único que debe ser parcial son los partidos. Las demás instituciones se deben a la república. Si eso no se da, no hay democracia, al menos en todos sus grados.

Se comparó a Bolsonaro con Trump ¿Puede seguir en su política exterior esa línea aislacionista, y contraria al multilateralismo, marcada por el presidente estadounidense?

No hay comparación en este caso. Trump defiende a su manera los intereses americanos (contra China, México… ) o con la frontera. Defiende los empleos estadounidenses. La política de Bolsonaro es todo lo contrario. No defiende los intereses nacionales. En la parte cultural o de comportamiento, sin embrargo, sí hay bastante símiles.

Como actor de peso en la región ¿dónde se va a situar el Brasil de Bolsonaro ante lo que pasa en Venezuela?

No lo sabemos, porque durante la campaña Bolsonaro nunca se posicionó en defensa incondicional de la paz en la región, y en contra del alineamiento incondicional con los intereses norteamericanos en la zona. Tenemos razones para creer que puede haber un enfrentamiento armado en la región. Espero que no porque llevamos más de cien años sin enfrentamientos.

 ¿Y el PT?

Se va a posicionar por la paz, lo que no quita que haya que criticar lo que está mal, en el gobierno de Maduro y en la oposición. Pero desde una perspectiva de superación y avance, como está haciendo México, cuyo nuevo presidente ya ha dicho que está dispuesto a mediar en el conflicto, con más diálogo. Durante la Administración Bush, con Chávez gobernando en Venezuela, Lula medió para evitar un conflicto armado. 

¿Bolsonaro será una anécdota en la Historia de Brasil o tenemos presidente para rato?

Depende mucho de la sociedad civil. Creo que tenemos masa crítica para que no vaya a más, pero no nos podemos acomodar. Hay que conversar, dialogar y organizarse con el pueblo sin desear el fracaso de nadie, pero señalando los temas.

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