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Lunes, 19 de Agosto de 2019

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Por qué mis padres pudieron comprar una casa y tener hijos y yo, no: así son las cosas ahora

Entrevistamos a cuatro jóvenes, y a sus respectivos padres, para hablar de los escollos con los que se encuentran a la hora de formar un proyecto de vida con futuro y sobre cómo es la brecha generacional si se comparan con la juventud de hace 30 años

Un joven mira el escaparate de una inmobiliaria /

"No sé qué condiciones se me plantearán en un futuro próximo", se ha convertido en una de las frases más repetidas entre la juventud española. Andrés vive solo en una gran ciudad de la periferia de Madrid, acaba de cumplir los 28 años, se dedica a la comunicación y esta es su respuesta cuando se le pregunta si tiene hijos o tiene expectativas de tenerlos dentro de poco. "Me gustaría tener hijos, pero no me lo planteo a corto o medio plazo por una cuestión de estabilidad", explica. Algo parecido ocurre con Marta, Estíbaliz y Juan -jóvenes entrevistados para el reportaje-, todos ellos en una horquilla de 27 a 30 años. El acceso a la vivienda, la maternidad/paternidad y obtener un trabajo estable se ha convertido en una quimera para los jóvenes. Sin trabajo estable, sin vivienda propia y sin hijos: ellos son la generación 'sin'.

Los padres de Estíbaliz tenían 28 años cuando ella nació, la misma edad que los de Marta; con 26 años los padres de Juan tuvieron a su hermana mayor. Ahora, sus hijos tienen su edad y ni se lo plantean. "No tengo hijos ni expectativas de tenerlos pronto", explica Marta; "Pensaba que esta pregunta me la harían en una entrevista de trabajo. No tengo hijos ni me lo planteo en un futuro cercano", se sorprende Estíbaliz; "A medio plazo, no", sentencia Juan.

"No, no tengo", es la respuesta -en este caso la de Andrés- más escuchada en su generación cuando oyen hablar de su posible descendencia. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la edad media de maternidad en España en 2017 es a los 32,1 años, mientras que si regresamos a 1990 era a los 28,86. Tener hijos se ha retrasado casi cuatro años en tres décadas.

Raquel es la madre de Andrés, le tuvo con 29 años cuando ya se había comprado una casa y tenía estabilidad laboral: "No me cambiaría por ellos. Ahora la gente está mucho más preparada pero tienen menos futuro que en mis tiempos. Entonces no fue fácil, pero al final se conseguía. Hoy eso no sirve". 

Volar del "nido"

A Estíbaliz le gusta viajar al extranjero. Esta fotografía es de su viaje a Budapest. / Foto cedida

Estíbaliz tiene 27 años, vive en Madrid, aunque es del norte de Burgos, y tuvo que buscarse la vida fuera de su hogar familiar. Primero pasó por Bilbao, luego por Pontevedra, entre medias un año en Lisboa, y finalmente recaló en la capital de España donde actualmente trabaja en publicidad: "Me fui a estudiar fuera a los 18 y he vuelto en temporadas intermitentes. Cuando terminas la carrera y necesitas ahorrar para el máster, cuando lo terminas y buscas curro... y bueno, lo intentas buscar cerca de casa pero acabas en Madrid".

En Madrid vive de alquiler en un domicilio que lo considera como propio. "Así lo considero, lo pago todos los meses. Tener un alquiler no te excluye de tener casa propia, simplemente puedes cambiarla cuando quieras o cuando encuentres algo mejor. Que hoy en día lo dudo. ¡Regulación de alquileres ya! Y lógicamente, comparto piso y formamos una pequeña familia", explica. Los problemas del alquiler y las viviendas que se alquilan ya han sido otros de los temas que hemos tratado en reportajes anteriores.

Aunque parezca mentira, Estíbaliz tiene la fortuna de haber salido del "nido" antes que la media española, los jóvenes de este país se emancipan en promedio a los 29,3 años -la sexta más alta de Europa-, según los últimos datos del barómetro europeo Eurostat (a años luz de los suecos que lo hacen a los 21 años). Los datos del último boletín del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE) hablan de que, en el primer semestre de 2017, solo el 19,4% de las personas de 16 a 29 años está emancipada.

Ana Isabel es su madre. Con 26 años ya había adquirido una casa, justo antes de pagar la entrada encontró un trabajo estable, y fue madre a los 28. Destaca que los jóvenes, como su hija, han tenido más "oportunidades" para formarse y estudiar, todo lo contrario que en el ámbito laboral: "Me hubiera gustado tener más oportunidades para estudiar". No obstante, no se cambiaría por esta generación que ahora se acerca a los treinta. "He disfrutado, luchado y conseguido la mayoría de los objetivos propuestos. No ha sido un camino de rosas aunque hubiera más estabilidad".

Una vivienda propia

Juan, cinéfilo y amante de la novela histórica. / Foto cedida

"Vivo de alquiler", contesta Juan a la pregunta de si tiene casa propia. Es médico residente, tiene 30 años y vive en Vitoria. Su ciudad natal es Burgos, donde actualmente viven sus padres. Vivió en Madrid, Valladolid y ahora se ha asentado en la capital alavesa donde ha encontrado cierta estabilidad laboral. Comprarse una casa es otra historia.

Sociólogos apuntan que el paro juvenil, la precariedad de los empleos y la escasez de las ayudas públicas para comprar o alquilar una vivienda se encuentran entre los principales escollos. Y es que poder adquirir una vivienda es uno de los grandes retos de los 'millennials'. Según los últimos datos del INE el salario medio en la franja de 25 a 29 años de edad es de 15.876,26€, lo que supondría -según los cálculos que dio la Sociedad de Tasación en la Cadena SER a principios de 2018- 7,6 años de sueldo íntegro para pagar una vivienda. A un joven con salario mínimo interprofesional le puede costar 14 ó 15 años. Además, estos bajos salarios y los escasos ahorros dificultan la concesión de hipotecas.

Salvador es el padre de Juan y, como su hijo, también se dedicó a la medicina. Ahora está jubilado. Fue padre a los 26 de la mayor de sus hijas y con 30 años -los que tiene ahora su hijo pequeño- se compró una casa. "Hoy todo es mucho más difícil por la competitividad y la situación social. Antes las posibilidades laborales eran muchos más amplias que ahora en todos los campos. Había más estabilidad laboral, que me favoreció el camino, pero es verdad que ello va en detrimento de otras oportunidades como los idiomas, los viajes, las comodidades del día a día, que poseen los jóvenes de hoy", opina.

Marta y Estíbaliz se encuentran en la misma posición que Juan. Viven de alquiler. Andrés es el único que sí que lo hace en su propia casa, pero es "heredada por mis padres", y que ha rehabilitado para vivir en ella. "También es de mi hermano", añade. Este es un planteamiento que viene creciendo en los últimos años ya que, según datos del INE, los hogares formados por personas con una edad de entre 16 y 29 años que residían en una vivienda cedida gratuitamente eran el 21,5%. En 2008 eran del 8,7%.

Casualmente, Andrés es el único que vive en su ciudad natal -y quien se emancipó más tarde-. Este es otro aspecto a tener en cuenta ya que cuando a nuestros entrevistados les preguntamos que si sus amigos del pueblo/ciudad han tenido más facilidades a la hora de acceder a la vivienda o más predisposición para tener hijos, la respuesta es que "generalmente sí". "Han tenido una estabilidad sentimental y laboral que les ha permitido tener un concepto de pareja fidelizado en el ámbito de un matrimonio, una casa. Han construido ese proyecto más sólido respecto a los que vivimos fuera o estamos solteros", contesta Juan. 

Estabilidad laboral 

Marta vive en Granada, también lejos de sus padres y es la única de los cuatro entrevistados que no tiene trabajo estable. Tiene 29 años y es educadora infantil. "Empleamos muchos años en formación académica, la incorporación al mundo laboral es lenta y conseguir estabilidad económica es muy difícil debido, principalmente, a la precariedad de los contratos", nos dice.

A los bajos sueldos y la precariedad laboral se suma una tasa de paro juvenil que es del 33,5% de 2018. El máximo de esta tasa llegó en 2013 con un 55% de paro entre los jóvenes, coincidiendo en la salida al mercado laboral de los que ahora rondan los treinta.

Su madre es María, con 28 tuvo su primera hija, un año después de comprarse un hogar y cree que ahora "es muy difícil encontrar un trabajo estable y que, económicamente, el sueldo te cubra las necesidades básicas". Aún así, cree que "las prioridades, la educación y el contexto" en el que se han desarrollado han sido más favorecedoras: "A pesar de lo dificultoso de la incorporación al mundo laboral, creo que los jóvenes tienen a su disposición la posibilidad de formarse y desarrollarse en aquello que les gusta y decidir por ellos mismos, sin tanta presión social, el momento de su vida en el que se sienten preparados para tomar decisiones tan importantes como formar una familia".

En resumen: ¿Crees que vives mejor que tus padres a tu edad?

Andrés: "Soy la primera generación de mi familia que ha ido a la Universidad y en ese sentido me siento un privilegiado. Con mi edad ya he viajado más que mis padres, lo cual podría hacer llevar la balanza hacia el sí. Sin embargo, las expectativas de mis padres con una edad similar a la mía ahora eran de mayor certidumbre".

Estíbaliz: "No es comparable. El barómetro mejor o peor no nos sirve porque los tiempos y la mentalidad han cambiado. Tenemos más oportunidades de ocio, de viajar, de ser más libres de vivir la vida que queramos. Y ahora ya con eso eliges tu camino". 

Juan: "En general, sí. En el terreno económico y nivel de vida, creo que, comparando a su edad, estoy razonablemente por encima de la situación que ellos tenían hace 40 años. Aunque es verdad que no tengo un proyecto familiar que sustentar".

Marta: "Un sí rotundo".

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