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Viernes, 18 de Octubre de 2019

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"La crónica, también en Latinoamérica, es un fenómeno de nicho"

Con motivo de la publicación de su último libro, Opus Gelber, hablamos con la cronista argentina sobre la crónica, su tradición y algunos de sus trabajos

1882. Diario La Opinión Nacional, de Caracas. Su director, Fausto Teodoro Aldrey, escribe una carta al corresponsal en Estados Unidos: un tal José Martí. Le pide que escriba más cortas sus crónicas, que los lectores quieren noticias y la menor literatura posible: "los lectores de este país quieren noticias y anécdotas políticas y la menor literatura posible. En esta virtud voy relegando la Sección Constante porque murmuran de ella, diciendo que habla mucho de libros y poetas. Por otra parte los párrafos son muy largos. Esta Sección que deseo continuarla, debe ser de párrafos cortos".

Años más tarde, en 1888, los editores del diario porteño La Nación - el más moderno de la época en Latinoamérica-, deciden titular la crónica que José Martí envió sobre las convecciones demócrata y republicana que proclamaron a Benjamin Harrison y Grover Cleveland con el sugerente y ambiguo título de Narraciones fantásticas.El director de La Nación consideró que esa crónica de sucesos reales debía ser presentada como un texto de ficción. El director justifica y defiende su título por "lo animado y pintoresco del desarrollo y escénico", y ante cualquier duda, apuesta por presentar el texto como ficción. Así lo explica en una nota publicada junto a la crónica:

"Martí ha querido darnos una prueba del poder creador de su privilegiada imaginación, enviándonos una fantasía, que por lo ingenioso del tema y lo animado y pintoresco del desarrollo escénico, se impone al interés del lector. Solamente a José Martí, el escritor original y siempre nuevo, podría ocurrírsele pintar a un pueblo, en los días adelantados que alcanzamos, entregado a las ridículas funciones electorales".

"La crónica, también en Latinoamérica, es un fenómeno de nicho"

 

Estamos a las puertas del siglo XX y Latinoamérica comienza a tejer ese discurso literario, y autónomo, el Modenismo, que consolidará un género que hoy es referencia en este zona del mundo: la crónica narrativa. Martí fue uno de los impulsores de un género que se desarrolla de forma paralela al devenir de la literatura latinoamericana y que se caracteriza por narrar la realidad con los elementos de la ficción. Aunque a finales del XIX, como demuestran las apuestas de los editores, el uso de elementos narrativos para contar lo real justificaba el calificativo de texto de ficción.

Hablar de periodismo y literatura latinoamericana, es hablar de crónica. Porque antes del auge de la Non Fiction y del New Journalism, estuvieron los cronistas modernistas y, más tarde, cronistas como Rodolfo Walsh o Roberto Artl. Sus crónicas, que suponen un antecedente de la crónica latinoamericana contemporánea en la región, funcionan como una suerte de espacio discursivo en el que un sujeto mira a su alrededor y se mira a sí mismo. Porque la diferencia entre el reportaje anglosajón y la crónica latinoamericana es, fundamentalmente, que en el primero se exige la narración en tercerca persona, y en el segundo; la presencia de la primera persona es condición para legitimar la historia que se ofrece. Es decir, que el lector acepta que se trata de un texto de un autor u autora que estuvo en un lugar, vió, investigó, anotó, interpretó y luego narró.

Hoy la región cuenta con revistas especializadas en cróniocas; premios, como el de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano; editorales especializadas; colecciones; cursos... y cronistas. Pensar en la crónica contemporánea es hablar de Martín Caparrós, Tomás Eloy Martínez, Gabriela Wiener, Cristian Alarcón o Leila Guerriero. Leila (1967, Junín, Argentina) es una de las cronistas más leídas en la actualidad. Sus textos son aliento certero a través de la mirada incorfomista de quien sabe que para retrar a una persona son necesarias horas, lecturas, voces, seducción, desencuentro y respeto. Algo que debería ser el modus operandi de esta profesión.

Leila Guerriero es capaz de escribir más de trescientas páginas sobre un personaje, y que cada coma o silencio sea fundemantal. Acaba de publicar Opus Gelber (Anagrama, 2019): un retrato coral a través de un lúcido trabajo de orfebrería en torno al argentino Bruno Gelber, uno de los cien mejores pianistas del todo el siglo XX. Con su último libro como excusa, hablamos con Leila sobre periodismo, la crónica y algunos de los perfiles con los que más ha disfrutado (y sufrido).


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