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Margarita García Robayo o la valentía de escribir contra uno mismo

La escritora colombiana publica en España su libro 'Primera persona', que recoge narraciones que se se alimentan de su propia vida

Margarita García Robayo /

"Siempre escribimos en contra de alguien", dice uno de los personajes de Primera Persona, de Margarita García Robayo. Es un escritor que habla de "la valentía de los que, como él, han optado por escribir sus miserias". Y lo explica así: "Solo fui valiente la primera vez que conté mi historia, después de eso empecé a soltársela a cualquiera que tuviera enfrente, como un borracho patético. Escribir sobre mí mismo se ha convertido en un vicio repugnante".

Margarita García Robayo es colombiana, vive en Argentina, no ha cumplido los 40 y ha publicado ya varias novelas -Hasta que pase un huracán, Lo que no aprendí́ y Tiempo muerto-, libros de cuentos -Cosas peores, galardonado con el Premio Casa de las Américas- y el libro de relatos autobiográficos Primera persona, que acaba de publicar en España la editorial Tránsito. Está estos días en Madrid para hablar de este último libro, en el que, como su personaje, García Robayo parece hacer ese ejercicio de valentía que conlleva escribir en contra de sí misma. Todos los relatos, a medio camino entre la crónica y el cuento, se alimentan de su propia vida.

Usamos como guía para esta conversación palabras que vierte la narradora en las páginas de Primera Persona, que no es sino la autora.

A mí lo complejo me atrae. La sencillez me parece estupidísima.

Todos los textos de Primera Persona "son textos autobiográficos que parten de mi experiencia, pero luego eso se transforma en algo narrativo. Una parte soy yo y otra es una construcción. Están basados en mi vida, pero yo no me muestro así de frágil en mi día a día. La escritura es un vehículo para canalizar estas cosas y convertirla en algo más".

"(La del título del libro) es una primera persona del singular, pero cuando pienso en los textos que escribí creo que me remito a esa sensación de estar hablando de un plural, de un nosotros. Es un yo que puede ser un nosotros. Si la historia se limita a la experiencia personal se quedará en anécdota, tiene que tener otra pretensión, tratar de decir algo del tiempo y la época que te rodea, la historia debe transitar por cosas que nos vinculen a los otros, que lo que se cuente no se limite al narrador. No hay persona gramatical más política que el yo, pero para mí es importante que la historia no se agote en uno mismo, porque si no, no sirve para nada".

Yo no quiero escritoras más visibles, quiero escritoras y escritores más osados, más salvajes, más periféricos, porque son esos los que me han dado siempre la perspectiva que más me interesa.

Los riesgos de escribir desde lo autobiográfico, lo real, lo personal: "Una amiga me decía qué difícil era la auto exposición. Cuando uno escribe en primera persona cosas que parten de la experiencia personal se produce un desdoblamiento entre el narrador y el autor, porque el narrador quiere mostrarse y el autor quiere esconderse, nadie quiere exhibir ante el mundo sus heridas y sus fisuras. Y en esa pugna entre autor y narrador se produce esa primera persona que duda, que es contradictoria, que muestra las fallas y se lame las heridas".

Otro de los peligros que conlleva la escritura del yo es, dice García Robayo, "caer en la autocomplacencia, eso de soy un desastre pero me quiero. Es muy difícil. Para que este tipo de textos tengan algún valor uno no puede ser piadoso con uno mismo, la piedad no ayuda a contarte".

Editorial Tránsito

No es que mi madre estuviera loca, no exactamente, pero padecía un desequilibrio que nadie encaraba como tal. Ella menos. Y sufría. Mucho.

En Primera Persona hay textos "sobre mi padre, mi madre, mis hijos, mis parejas, gente cercana, que pueden sentirse vulneradas. Pueden sentirse escrachadas, como se dice en Argentina, expuestas sin permiso".

¿Cómo negocias con la exposición de los demás, de tu entorno cercano? "Llegué a un punto radical y talibán, no negocio con eso. Es lo que hago, es una de tantas versiones, cada uno es libre de hacer la suya y tienen la libertad de revertir lo que se cuenta. Hace tiempo, mi madre me dijo que había tomado la decisión de no leer lo que escribo, y me parece muy sano. Es mi lectura sobre lo que me pasa, sobre el mundo, y si negocio con eso hay algo que está fallando".

"Cuando tu familia no tiene nada que ver con el oficio que una eligió, es difícil hacerles entender que es un oficio. No tengo mucha relación directa con mi familia de origen porque vivo muy lejos, pero hace poco estuve en mi país y mi mamá asistió a una charla que di, y cuando terminé y fuimos a almorzar me dijo: ¿sabes que es la primera vez que entiendo lo que haces, tus motivaciones y por qué escribes?".

Crecí en un lugar tropical del que me escapé apenas pude, y reencontrarme con rastros de esa tierra, aunque sea en otra, me hace preguntarme dónde quedó la que fui allí, la que empecé a ser y se truncó por la fuga, o si en verdad nunca fui esa que recuerdo y esa extrañeza me acompañó siempre.

Margarita García Robayo nació en Colombia, pero vive desde hace años en Buenos Aires, Argentina. Un día decidió huir del trópico. "Soy del caribe colombiano, de Cartagena, una ciudad marcada por la desigualdad, menos de un 20% de la población es clase media, media alta, y el resto es pobre. Yo pertenezco a ese 20%. Es una ciudad muy católica, con mucho sesgo moral, esas cosas que te hacen sentirte encerrado, es una ciudad amurallada, más gráfico imposible, y en un momento me di cuenta de que yo no quería vivir así, que necesitaba salir. Está frente al mar y tienes la sensación de que está abierta al mundo, pero es lo contrario, recibes cosas del mundo, pero no consigues salir y traspasar ese horizonte. Fue una decisión muy consciente la de querer irme".

Somos el resultado de cómo nos han mirado los demás a lo largo de la vida. La historia de nuestra identidad está escrita por los otros.

Si hay un tema presente en todas las historias que acoge Primera Persona es el de la identidad. García Robayo parece buscarse en todas ellas, y lo hace desde una especie de intemperie, como si tuviera que sobreponerse siempre a la idea de no ser de ningún sitio después de haber renunciado a sentirse del lugar donde nació. "Todo lo que he escrito tiene que ver con la identidad, ese es mi gran tema. Hace tiempo leí algo que me resonó mucho en la cabeza, toda persona sabe de dónde viene, sé mi origen, pero no sé a dónde pertenezco. Muchas veces, de un modo consciente uno decide no pertenecer al lugar de donde viene. En esa suma de preguntas, de contradicciones y de ambigüedades debe construirse eso que llamamos identidad. Una de las razones por las que yo creo que escribo es porque me interesa hacerme ese tipo de preguntas, que no nos hacemos normalmente porque no tenemos quien las conteste y porque uno mismo tampoco es capaz de darse respuestas. La escritura es bucear por eso".

El otro día se me ocurrió que mi debilidad no es ser mujer, sino ignorar qué clase de mujer soy. ¿Habrá quien lo sepa? ¿Uno se parece más a sus actos o a sus pensamientos? ¿Cuántas mujeres caben en un cuerpo? ¿Cuántas en una vida? ¿Estoy dispuesta a abrazarlas a todas?

En sus relatos, García Robayo trata asuntos como la maternidad, las relaciones de pareja o el feminismo. Y bajo la aparente sencillez de sus relatos aflora siempre el conflicto y la tensión: "Es complejo, es prácticamente imposible encontrar matices para hablar de lo que está pasando con toda esta ola feminista de la que, por supuesto, me siento parte. Si hay que elegir un lado en el mundo, va a ser ese. Pero es muy difícil agregar matices a las respuestas porque son complejas y resbalosas y parece que no llegas nunca a completar el feminómetro, a ser suficiente. Y lo último que hace falta es que las mujeres nos combatamos entre nosotras".

El lugar para la queja siempre estará, insiste E., pero el lugar para el reconocimiento debe procurarse porque lo contrario es desconocer lo que otros han conseguido antes.

En una de sus historias, titulada 'Residencia', la autora narra un encuentro de escritores en una ciudad pequeña de Brasil y entre los participantes está una mujer negra a la que llama E., doctora en black feminism, que está cansada de esas jóvenes que creen que acaban de descubrir el feminismo: "Yo fui invitada a un lugar en Brasil, y estaba esta mujer, feminista, negra, de Estados Unidos, de una universidad muy prestigiosa, y todo el tiempo las chicas jóvenes la abordaban para hacerle preguntas para las que requerían respuestas unívocas y ella se ponía muy nerviosa y me decía que no soportaba a las chicas", cuenta la autora. "Me decía: no quiero que se me acerquen, están muy confundidas, piensan que esto nació ayer, por el #MeToo, y son incapaces de ver los logros, que yo soy doctora en Princeton y mi abuela cosechaba algodón. Algún recorrido hemos hecho y llevamos años luchando las mujeres que vinimos antes".

Dice Margarita García Robayo que ella también fue adolescente y quizá también pensó en su día que era la primera que descubría algo, pero cree que ahora "hace falta calmarnos un poco y ver lo que hay en el fondo y rescatar lo que ya está, si no, parece una batalla redundante".

Con los años fui perdiendo el vínculo con toda mi familia. Por elección, hoy no tengo mayor relación con ninguno de ellos, mucho menos con mi madre, y eso me hace recordar sus gestos con lo que yo llamo distancia saludable y otros -¿ellos?- podrían llamar crueldad.

Antes de Primera Persona, García Robayo publicó la novela Tiempo muerto (Alfaguara), sobre el desmoronamiento de una pareja cuyo matrimonio salta por los aires, una obra que pasó bastante inadvertida en España. Ahora tiene en mente una novela sobre la relación entre una madre y una hija, ambas en edad adulta: "Tengo la idea, sobre los vínculos familiares, que está instalado como que no prescriben. Son esos temas intocables como la madre o la patria, te dicen que con eso no te metas. Y yo creo que es un vínculo como cualquier otro que, si no acudes a él con frecuencia, prescribe en algún momento que eres mi madre".

La futura nueva novela de García Robayo, explica, "trata de esa incomprensión que se genera en los vínculos que uno cree que no pueden destruirse, de cuando se acaba ese recurso de tu madre es tu madre".

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