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Rubalcaba, el químico que disolvió a ETA

Rubalcaba se convirtió en el "hacha que decapitó a la organización terrorista porque supo enlazar estrategia y táctica

Cadena SER

Alfredo Pérez Rubalcaba llegó al ministerio del Interior en marzo del 2006 y los que trabajaron con él aseguran que a la semana "se lo sabía todo". "Era muy valiente, tenía inteligencia y mucha cintura" así lo recuerdan de forma unánime mandos y operativos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, una respuesta que no es habitual y menos coincidente este colectivo cuando se le pregunta por los ministros de este ramo.

Rubalcaba es el ministro del fin de ETA. Se convirtió en el "hacha que decapitó a la organización terrorista porque supo enlazar estrategia y táctica, algo que no supieron hacer otros responsables de Interior como Corcuera, Mayor Oreja, Rajoy o Acebes" como subraya un alto cargo de la Guardia Civil que trabajó durante años con él al frente de la lucha antiterrorista. Y ser capaz de ser estratégico y táctico suponía tener como interlocutores a inspectores y a comandantes además de a comisarios y a generales. A los secretos oficiales que conocía desde las altas instancias del Estado le sumaba todos los detalles que proporcionaban los operativos y eso de daba una fuerza imparable. A él y a los de "abajo" porque a través de Rubalcaba llegaban hasta presidentes de otros países necesarios en algunos casos a la hora de realizar operaciones.

Conocía bien a ETA. Fue el interlocutor del PSOE con el Gobierno de Aznar durante la tregua declarada por la banda terrorista en 1998. Dos años después encabezó la delegación socialista que acordó con el PP el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Tras el alto el fuego permanente declarado por ETA el 22 de marzo del 2006, el 7 de abril del año 2006 fue nombrado ministro del Interior en pleno proceso de pacificación y allí continuó, ocupando incluso la vicepresidencia del gobierno hasta el verano del 2011.

Cuando llegó a Castellana 5 donde está la sede de Interior, Jose Luis Rodríguez Zapatero estaba en pleno proceso de negociación con ETA. Alfredo Pérez Rubalcaba nunca descartó la posibilidad de que aquello saliese mal. Y salió mal. ETA atentó en el aeropuerto de Barajas en diciembre del año 2006 y el proceso quebró. Seis meses después ETA dio formalmente por roto el alto el fuego y en diciembre asesinó a tiros a dos guardias civiles en Capbreton en Francia. Viajó desde Alemania a Francia para repatriarlos y a partir de aquí empezó la mano dura de Rubalcaba. Había información, había confidentes dentro de la organización terrorista y todo esto se tradujo en una ola de detenciones de miembros y colaboradores de ETA y de miembros de la cúpula de Batasuna. En dos años cayeron todos los "jefes" militares: Mikel Garikoitz Aspiazu Txeroki, Aitzol Iriondo y Jurdan Martitegi.

Ningún ministro de Interior ha vendido tan bien las operaciones policiales y así se ganó a la Policía y a la Guardia Civil. Montaba ruedas de prensa multitudinarias y sabía cómo tratar a los medios: su carisma enganchaba y nos convencía a todos. Esto tampoco es habitual entre los periodistas: que un ministro nos convenza de todo o al menos de casi todo.

Con ETA cercada comenzaron de nuevo las negociaciones con la banda. Jesús Eguiguren fue la persona que las lideró in situ como en las operaciones policiales negociando con todos de "arriba a abajo" en este nuevo proceso el ministro del Interior no perdió detalle. Conocía cada movimiento e informaba al presidente Zapatero de todo y en todo momento. Era la figura en la sombra de un nuevo proceso de negociación que tras algún altibajo, como en todas las conversaciones de este tipo, llegó a buen puerto el 20 de octubre del año 2011 cuando ETA anunció el cese definitivo de sus acciones armadas. Ese comunicado tenía también el sello de Alfredo Pérez Rubalcaba y de la Fundación Henry Dunant la que llevo las negociaciones. "Terradillos, dedícate a los malos corruptos porque esto se ha acabado", me dijo. Y tenía razón: ETA había muerto y él lo tenía claro.

Rubalcaba trabajó también lo que se conoce como el frente de las cárceles, el frente makos. El director de una cárcel del País Vasco que ya está jubilado le recuerda como "visionario". El atentado de la T4 arrastró una vez más a los presos de ETA al desánimo. La posibilidad de ser utilizados como moneda de cambio se volvió a desvanecer y en el año 2009 Rubalcaba montó su equipo para comenzar a trabajar en lo que se conoce como la fórmula de reinserción de Nanclares de Oca que se desarrolló en esta cárcel alavesa. En definitiva se trataba de que los presos diesen la espalda a la organización acatando la legalidad penitenciaria pendiente y condenando la violencia. Solo 23 de los casi 700 presos de ETA se acogieron a la Vía Nanclares pero fue una grieta en el bunker como se ha visto durante estos últimos años. Esto también es 'made in Rubalcaba'.

En materia de inmigración le tocó lidiar la crisis de los cayucos. En el verano del año 2006 España se enfrentó a un fenómeno nuevo que no tenía nada que ver con la crisis de las pateras que conocíamos hasta entonces. El 18 de agosto del 2006, 512 extranjeros arribaron en distintos tipos de embarcación desde Mauritania a Canarias. De hecho, durante aquel fin de semana un total de 1268 indocumentados llegaron a algún punto de las islas. Rubalcaba decidió invertir en los países de origen y la crisis se ha paralizado práticamente hasta ahora.

Dicen los que trabajaron con él que tenía verdadera obsesión por la austeridad en el gasto público, una virtud difícil de encontrar hoy en día en la clase política. "Cuando había que coger un Falcon había que demostrarle por escrito que realmente era más barato que coger un vuelo comercial" dicen sus colaboradores, "era un martirio". Uno de ellos cuenta siempre la misma anécdota. Dice que Rubalcaba siempre decía: "Soy una rata en mi vida personal y más con el dinero de los demás".

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