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Domingo, 25 de Agosto de 2019

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Recordar, del latín re-cordis: volver a pasar por el corazón

La compañía Los Números imaginarios estrena en Canal Rey Lear (desaparecer), un montaje en el que un grupo de personas con alzheimer y sus cuidadores tienen un papel tan protagonista como imprevisible: serán público, pero público participante

Si otra vez soy un niño,

y en este laberinto de manzanas

ando solo y me pierdo.

(Juana Castro)

Primero es el sonido de unas manos arrugando el precio del petróleo o la transición en Sudán.

La sala tiene techos altos, una hilera de ventanas al fondo y una decena de sillas dispuestas en un círculo irregular. Una silla, la del rey, está vacía. El resto están ocupadas por un octogenario con camisa de cuadros y una pierna anárquica que agita con velocidad eléctrica cuando suena la música; una pareja de pelo blanco —ella descansa su mano derecha en la pierna de su hombre níveo cada vez que él amaga por levantarse o cuando lanza un exabrupto al aire que ella recoge con su mano antes de tocar alguna de sus extremidades como un gesto de contención delicada, una suerte de lenguaje que solo ella parece reconocer—; un hombre de sesenta con mirada adolescente; más parejas de cabellos plateados; y una mujer de sonrisa enorme que mira al resto como quien espera un carnaval o como quien guarda algún rito infantil entre los dedos.

Los significados, esta mañana de sábado, hace tiempo que han desaparecido.

Hay varios altavoces en la sala y, de tanto en tanto, expulsan una balada antigua, una samba lenta o una canción de Gloria Lasso. Pero primero, decía, es el sonido de unas manos arrugando periódicos antiguos. La mañana comienza así: los once actores reparten decenas de periódicos a los cuerpos níveos sentados en las sillas. Un hombre, micrófono en mano, repite las instrucciones: cortar una noticia, arrugarla suavemente y tirar el trozo de papel al suelo. Entonces, bajo las sillas, el suelo deviene en un océano de papel. “Pensábamos que manipular los periódicos y que sean ellos quienes recorten lo que les haya llamado la atención para luego tirarlo es algo así como un acto político”, explica Carlos Tuñón, el hombre de las instrucciones y el micrófono, y director de Lear (Desaparecer), la última obra de su compañía, Los Números Imaginarios, y de la compañía Bella Batalla, que saldrá del cascarón el 23 de mayo en los Teatros del Canal.

Arrugar papeles, tirarlos, una samba antigua y la puja.

Y así será cada mañana de sábado desde octubre hasta mayo.

Pero con la puja empieza casi todo: el texto, la historia, los ensayos, la escenografía, la función. El texto es de Gon Ramos; la historia, el Rey Lear de Shakespeare; los ensayos, un diálogo entre un texto, once actores y un grupo de personas con alzheimer y sus cuidadores que acuden cada sábado a una sala de ensayo en la tercera planta de los Teatros del Canal; la escenografía, una sucesión de sillas en círculo sobre un mar de diarios; y la función, algo premeditadamente imprevisible. Porque así es la praxis con la que trabaja Carlos Tuñón: diálogo, escucha y que nada esté cerrado. Ni siquiera qué actor hará el papel protagonista.

Empecemos con la forma: en cada función, un actor o actriz hará del rey Lear, también de sus hijas y otros personajes secundarios. Salvo un personaje que danza durante la obra —y que es también columna vertebral— el resto de personajes serán interpretados por todos los actores que cada día tendrán un papel diferente. "Es la idea de los roles, es decir; que nosotros, durante la vida, adaptamos roles diferentes dependiendo de las circunstancias: a veces somos cuidadores y a veces nos cuidan. Es un procedimiento que para nosotros es muy importante y que surgió de los talleres con las personas con alzheimer y sus familiares. Observando el avance de los talleres y cómo se comportaban ellos, y después de reflexionar, decidimos que todos los actores de la compañía iban a poder ser Lear en alguna función."

En cuanto a las personas con alzheimer —los cuerpos níveos— su papel será tan protagonista como imprevisible: serán público, pero público participante. Tuñón plantea este montaje como un diálogo con el público, y en ese diálogo han trabajado cada sábado las personas con alzheimer y sus familiares. En la obra, los personajes preguntan al público y los hacen partícipes del texto. Tanto que, cuando el rey Lear decide pujar su reino entre sus hijas lo hace primero con el público, convirtiéndolo en las hijas de Lear. Y esa puja es la que han ensayado durante meses con los cuerpos níveos, que serán público en cada función, y que han ensayado en qué momento pueden convertirse en las hijas de Lear.

Alberto Sánchez, terapeuta y director del Centro de Día Florencia, a donde acuden cada día los cuerpos níveos, explica que los meses de ensayo han supuesto una mejora en la memoria a corto plazo y que ha mejorado su estado de ánimo y capacidad de atención.

“No es un texto ni un montaje sobre la demencia”

Ahora sí, vayamos con el fondo: Lear (Desaparecer) es un texto que recoge la demencia del personaje protagonista del texto de Shakespeare, Lear rey de Bretaña, que decide repartir su reino entre sus tres hijas cuando sabe que la vejez está a punto de arrebatar casi todo. Pero el texto de Gon Ramos, insiste Tuñón, no trata de la demencia. “Al trabajar en un proceso en el que hemos hecho un taller con personas afectadas por el alzheimer y sus familiares y coger el marco del Rey Lear, que es un rey demente, teníamos un peligro: que se convirtiera en un montaje sobre el alzheimer. Pero no lo es. Para nosotros es un montaje sobre gente que acompaña a gente, sobre cómo relacionarte con el otro cuando cambia y deja de ser en parte lo que era. Esto es una forma de tormenta, o así lo entendemos aquí. La tormenta es un desafío a lo que viene y no puedes detener pero que nos cambia, a nosotros y al que se relaciona con nosotros”.

El texto comienza con la puja. Al igual que cada ensayo.

-¿Quién va a demostrar su amor por mí para heredar esta tierra?- grita Lear subido a una silla en una sala de ensayo de la tercera planta de los teatros del Canal.

-¿Quién quiere comenzar con un te quiero?- pregunta Tuñón, micrófono en mano- ¿El señor de cuadritos azules y blancos?

-Lear, te quiero- responde el señor.

-Lear, para mí eres más importante que la luna, el sol y el universo entero- le interrumpe una mujer.

Pero la puja sigue.

-¿Ignacio?- pregunta Tuñón cuando el hombre de sesenta con mirada adolescente levanta el brazo pidiendo el micrófono.

-Yo la amo… la amo con todo mi ser- contesta.

LUZ SORIA

Tras la puja y la adjudicación de la tierra, suena Gloria Lasso y los cuerpos níveos comienzan a bailar. Muchos recuerdan y cantan el estribillo: cachito a cachito, cachito mío. Pedazo de cielo que dios me dio. Los familiares bailan con otros familiares, los cuerpos se mezclan y la mujer con sonrisa de carnaval alcanza el micrófono y dice: “es muy bonito coincidir con todas las personas que hemos venido cada sábado y seguimos viéndonos. Aunque no nos conozcamos, nos vamos viendo y nos vamos conociendo y recordando."

(Recordar, del latín recordis: volver a pasar por el corazón).

Y a la vista de todos y sobre el mar de papeles, Lear elige a su sucesor esta mañana. “Y el reino es para…”, gritan varios actores en coro. Suena una samba antigua: en el centro de un círculo de sillas el hombre níveo de pierna eléctrica es coronado.

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