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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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Los electores lusos se olvidan de Europa y votan a favor de pasar el día en la playa

La izquierda gana unas elecciones marcadas por la mayor tasa de abstención de la historia de Portugal

La playa de Carcavelos, a las afueras de Lisboa, este domingo / ()

Este domingo en Portugal dominaron los cielos claros y las altas temperaturas. Algunos aprovecharon el buen tiempo para irse a la playa y darse el primer chapuzón del verano, mientras que otros optaron por huir de la ciudad y disfrutar del día en el campo. Aparentemente casi nadie pensó en pasar por el colegio electoral antes de rendirse a la naturaleza. El resultado: una tasa de abstención del 68,5%, un récord histórico para el país vecino.

Apenas 3.298.308 de los 10,7 millones de electores lusos votaron en las europeas. Al conocer la noticia el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, afirmó que la elevada abstención era un “grave síntoma” del estado de la democracia en Europa, y lamentó que tantos portugueses “inequívocamente europeístas” habían “optado por no optar”.

Si bien la participación de este año ha sido la peor de la historia democrática de Portugal, la abstención ha superado el 60% en todas las elecciones europeas celebradas en tierras lusas desde 1994. Los expertos señalan que aunque factores externos como el buen tiempo o la resaca de la final de la Copa de Portugal –que tuvo lugar la noche del sábado– puede haber influenciado la decisión de algunos ciudadanos, es más probable que la abstención masiva se deba al desinterés de los lusos en la política comunitaria, y al hecho de que éstos comicios se hayan celebrado a cuatro meses de las elecciones generales de octubre. Al ver las europeas como un ensayo burdo de las legislativas, muchos electores han decidido saltarse la cola en los colegios para adelantarse al clásico atasco en las carreteras costeras.

En vez de favorecer la participación, la ley electoral aprobada por el Gobierno luso el año pasado ha contribuido a la elevación de la tasa ya que forzó la inclusión automática del más de un millón de portugueses que viven en el extranjero en el censo electoral. Aunque el Ejecutivo promulgó esa legislación augurando el papel que podrían desempeñar el bloque de electores emigrados, al final éstos sólo han servido para acrecentar la tasa de abstención: apenas 12.136 portugueses expatriados –menos del 1% del total– participaron en éstas elecciones.

Los resultados de las europeas fueron extremamente positivos para la izquierda lusa. El Partido Socialista de António Costa –quien gobierna en minoría desde 2015– fue el más votado, haciéndose con 9 de los 21 escaños de Portugal en la Eurocámara. El marxista Bloque de Izquierda duplicó su representación al conseguir un eurodiputado adicional, y el Partido de las Personas, los Animales y la Naturaleza logró entrar en el Parlamento Europeo por primera vez. El único partido de la izquierda que se quedó sin grandes motivos para celebrar fue el de los comunistas lusos, quienes perdieron casi 200.000 votos.

Los grandes derrotados fueron los partidos de la derecha. El Partido Social Demócrata, principal formación de la oposición conservadora, sufrió un batacazo serio y perderá dos escaños en la Eurocámara, mientras que el Centro Democrático Social no consiguió los votos necesarios para enviar un segundo eurodiputado a Estrasburgo. Tampoco tuvo éxito Basta, la colación ultraderechista que aspiraba a seguir los pasos de Vox en tierras lusas, por lo que Portugal se mantiene como el baluarte de la socialdemocracia y sigue siendo el único país del sur de Europa en el que los partidos ultra no cuentan con ningún tipo de representación parlamentaria.

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