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Con dos trabajos y por debajo del salario mínimo: el drama de 'los otros' del deporte español

Los púgiles españoles combaten cinco veces al año como mucho y ganan alrededor de 1.500 euros por pelea

"Si no tienes una motivación extra lo dejas, porque no vives bien", asegura la tricampeona mundial Joana Pastrana

Llevan muchos años dedicándose en cuerpo y alma a esto. Se levantan pensando en su próximo rival y se acuestan con la mente puesta en el ring. Antes, a la hora de la comida han estado repasando el entrenamiento que van a hacer por la tarde, el segundo del día, y durante la merienda se cuidan para no estar demasiado pesados y dar el máximo. Son los boxeadores profesionales, una especie casi forzada a la extinción en España y, para muchos, los maestros de un arte que está muriendo en nuestro país.

Desde los primeros días de junio el pueblo de Colmenar Viejo, de casi 50.000 habitantes, situado en el noroeste de Madrid, está plagado de carteles promocionales de la velada anual que organiza cada verano desde hace seis años el Club de Boxeo Ramos Savín.

Alrededor de 800 personas hicieron presencia en esta velada de nueve combates, nos cuenta Jesús Ramos, hermano del profesional José 'Tornado' Ramos Savín que ha conseguido su quinta victoria como profesional en esta velada que le ofrece “una oportunidad” para combatir y “sumar una victoria más en el récord”.

Fuera de nuestras fronteras, hace no mucho, el 26 de agosto de 2017, gran parte del mundo se paralizaba ante la pantalla para ver los mejores golpes del espectacular Mayweather - McGregor. En dicha pelea, el estadounidense se llevó alrededor de 350 millones de euros, por los 100 para el experto en lucha libre. Una contienda única, una excepción planetaria, que no está tan lejos de la realidad del boxeo actual fuera de España.

Diez fueron los millones de euros que se llevó este mes de enero el filipino Pacquiao en su combate contra Broner. 35 fueron para Canelo en su victoria contra Jacobs, que se endosó no menos de 10, en mayo. Incluso el cubano Yordenis Ugás, con un récord de 23 victorias, pero cuatro derrotas, estuvo cerca del medio millón en su pelea contra Shawn Porter.

A años luz

El boxeo en nuestro país está a años luz de distancia de esos números. El imbatido José Ramos Savín (5-0-1) recibe a la Cadena SER en su gimnasio a unos días de su combate en la velada. Acaba de llegar de hacer unas series de carrera por la calle a pesar de que son las 17:30 y hace unos 30 grados. Tiene la boca seca, ya que ha reducido considerablemente la cantidad de líquidos con el objetivo de ganar la primera de sus dos peleas esta semana: la de la báscula.

Pastrana, en Moralzarzal, durante su segunda defensa del título mundial / EFE

“Un boxeador profesional puede hacer normalmente cinco peleas al año como mucho. En este país, a cuatro asaltos cobras 400 euros, a seis u ocho asaltos cobras unos 1.200 o 1.500 de media”, lamenta el púgil, apodado 'Tornado' por su boxeo agresivo.

No hay que ser matemático para ver la encrucijada en la que se encuentran personas como José, profesionales, que viven día a día para esto: “Normalmente me despierto a las 6:30 de la mañana y a las 6:45 ya estamos en el gimnasio para hacer el entrenamiento funcional. Luego voy a casa, desayuno, me preparo y vengo a trabajar a dar las clases hasta la hora de comer. Por la tarde vuelvo a entrenar y normalmente acabamos sobre las 20:00".

“Yo sobrevivo gracias a los sponsors, que me mantienen mes a mes para poder dedicarme a esto. Me pasa cualquier cosa ahora mismo y no puedo vivir con lo que he ahorrado del boxeo, tendría que buscarme otro trabajo”, dice en conversación con este medio Joana Pastrana (15-1-0), que defenderá el título mundial para ser campeona por cuarta vez el próximo mes de agosto en Marbella.

Pastrana emocionó con su boxeo inteligente y agresivo al casi abarrotado pabellón de Moralzarzal (Madrid), donde en marzo consiguió su tercer título mundial por los puntos ante la mexicana Arrazola. Pero avisa: “En este deporte si no tienes una motivación extra lo dejas, porque no vivo bien, no puedo hacer un combate e irme de vacaciones, tengo que pensar en el siguiente “.

Joana apunta “la afición” como el principal problema: “Cuando la afición responde es cuando tienes el margen para decirte ‘puedo volver a pelear dentro de de tres meses porque puedo cubrir los gastos'”.

Los bloqueos al boxeo

No obstante, Kerman Lejarraga metió a 8.000 personas en el Bilbao Arena en su defensa del campeonato de Europa el pasado mes de marzo. Quedó la desdicha de la primera derrota del vasco tras 27 victorias, pero también permaneció la sensación de que en España sigue gustando el boxeo. En un país en el que está prohibido emitir en televisión convencional combates desde las 5:01 hasta las 22:00, Kerman se quedó a solo dos mil personas de la media de asistencia a los estadios en la Segunda División de fútbol durante esta última temporada.

Las pocas excepciones habidas, como la derrota de Samuel Carmona en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, televisada en TVE a las 16:15, dan un aliento a la esperanza: 975.000 espectadores estuvieron pegados a la televisión aquel soleado 9 de agosto de 2016.

Muy cerca nuestra, en el Reino Unido, donde no existen las mismas limitaciones legales, la realidad es opuesta: en 2017 tuvieron que ampliar la capacidad de Wembley a 90.000 personas para el combate entre Anthony Joshua y Wladimir Klitschko. 

No es el único bloqueo legal al boxeo, sino que tampoco pueden entrar menores a las veladas en algunas provincias como Madrid, si bien suelen ser eventos con mayoría de peleas amateur, en las que no faltan los cascos y protecciones, y en las que es difícil llegar incluso a ver sangre. “Nos están limitando”, apunta Pastrana. Jesús Ramos, por su parte, asegura que “vendrían unas 400 personas más […] Todos los años tenemos líos en la puerta, porque vienen menores de fuera de Madrid y no entienden que no les podamos dejar pasar [...] Pierdo en torno a seis kilos organizando la velada, me hace adelgazar la incertidumbre de si vamos a poder cubrir lo que hemos invertido". Ya lo decía el que para muchos es el púgil español más importante de todos los tiempos, Javier Castillejo: “En este país ser boxeador es como ser delincuente”.

El cliché de la violencia

Ayuntamiento de Colmenar Viejo

"A quien por desconocimiento opine que el boxeo es violento les diría que lo probasen, que le diesen una oportunidad y que luego lo juzgasen", añade Jesús Ramos, que da clases desde a chavales de cinco años de edad hasta a personas jubiladas de sesenta. “El boxeo son valores, desde compañerismo hasta disciplina, los niños de 7 o 10 años suelen ser egoístas. Aquí si uno no ha podido comprar las vendas y se las deja el de al lado".

Tanto Joana Pastrana como José Ramos coinciden en que todas estas dificultades no son nada comparado con los inicios, ese momento en el que tienes que darte a conocer, empleando todo y recibiendo prácticamente nada. “Yo daba por hecho que era un hobby que tenía que lidiar con el trabajo, tenía que salir del trabajo e ir a pelear. Si no tienes un mánager o un entrenador que te guían no tienes nada que hacer, es muy difícil conseguir las oportunidades”, asegura Pastrana.

Por su parte, ‘Tornado’ apunta: “Me levantaba a las 4:00 para trabajar, salía, muchas veces sin comer me iba a entrenar, y es muy duro porque al final ni comes o comes en el coche. La gente lo deja o sigue con su trabajo si se puede compaginar en gimnasios echando unas horas o de portero de discoteca…”.

La tricampeona del mundo y doble de Europa fue una vez una boxeadora que estaba empezando. El año de su debut profesional, cuando tan solo llevaba unas pocas peleas, se le presentó la oportunidad de pelear en la tradicional velada de Colmenar Viejo, donde por supuesto ganó. Solo unos meses después alzó al cielo su primer cinturón como la primera boxeadora española en ser campeona de Europa del peso mínimo.

Una oportunidad parecida se les ha ofrecido este viernes a boxeadores que dan sus primeros pasos en este mundo de competición, como es el caso de Víctor de Gracia, amateur que ha conseguido su cuarta victoria en Colmenar. Víctor, como tantos otros, compagina como puede su pasión con su trabajo, y su estado de WhatsApp, que reza "never give up" ("nunca te rindas"), deja claras sus intenciones: “Entro a trabajar a las 5 de la mañana y salgo sobre las 13:00. Me voy al gimnasio a hacer pesas, como, y me voy de nuevo al gimnasio a entrenar (…) El tener que estar en el peso, el tener que correr, llevar las dietas, entrenar, es mucho sacrificio y más si estás trabajando a la vez”.

Tras su brillante victoria en Colmenar, Víctor está un poco más cerca de ser pro, que no de vivir de esto, ya que con alta probabilidad deba seguir compaginando sus dos obligaciones sea cual fuere su suerte en el noble arte.

“Tengo un cartel guardado de una velada que coincidí con Joana. Está colgado en la habitación, salir en el mismo cartel es una pasada…”. Subir al ring con su canción favorita de fondo ante casi mil personas, noquear a un rival, celebrar con sus queridos una victoria o compartir cartel con los mejores son momentos que no le puede quitar nadie.

Es la dinámica general, más allá de todos los contratiempos y dificultades estos profesionales se levantan cada día y entrenan y trabajan para mantener su pasión. "Alcanzar los sueños que me he propuesto es lo que me hace seguir", apunta Pastrana. Ramos, por su parte, sentencia: "No piensas en las lesiones que puedes tener ni en el dinero que te van a pagar, esto es mi vida, no podría vivir sin el boxeo, veo un ring y quiero subir a pelear, soy un guerrero". Y como guerreros, nunca ceden en su pelea cualesquiera sean sus circunstancias. Son ellos los que de esta manera impiden que el maltratado noble arte muera en nuestro país. 

cadenaser.com

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