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Viernes, 19 de Julio de 2019

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Ödos, un refugio para los bebés de las pateras

En 2018 se registró la llegada de más de 900 niños con sus madres a las costas españolas, una cifra sin precedentes

Un proyecto piloto de la redodos.org en Montilla, Córdoba, sin ayudas públicas, está consiguiendo acoger, escolarizar y orientar a muchas de estas madres que llegan derivadas por la Policía

ONG y especialistas reclaman desde hace años un sistema de acogida adecuado para este colectivo vulnerable, que en muchos casos está formado por víctimas de trata

Por este centro han pasado ya más de 100 niños y mujeres en 14 meses, en dos casos han reconocido estar captadas por redes de trata

El defensor de Pueblo muestra su preocupación en su último informe porque continúa sin encontrarse un procedimiento eficaz que evite la desaparición de estos menores junto a las adultas que los acompañan y que pueden acabar explotados

Muchas de las fotos que suelen quedar en la retina, al menos de manera temporal o efervescente, cuando una patera llega a nuestras costas suele tener a bebés o niños de corta edad como protagonistas. Esos pequeños suelen aparecer en brazos de sus madres o en los de voluntarias y voluntarios de la Cruz Roja que los arropan al pisar al fin suelo europeo después de tan peligroso viaje. Pero qué pasa con ellos una vez que salen del puerto, una vez se diluye esa imagen icónica, ¿Dónde están esos niños?

Muchas organizaciones y fundaciones, el Defensor del Pueblo, la lista es enorme, entre los que vienen reclamando desde hace años un sistema de acogida adecuado para este colectivo de niños y para sus madres, pero el resultado es que hasta ahora, según datos de la Fiscalía, y el propio Defensor del Pueblo, la gran mayoría de estas mujeres y sus niños desaparecen al poco tiempo de llegar, después de unos días o como mucho un par semanas, sin tiempo aun para estar registrados con un NIE (número de identificación de extranjeros), se les pierde el rastro y ni siquiera se puede comprobar si ya son víctimas o si van a caer en las redes de trata, el negocio más lucrativo del mundo junto al tráfico de drogas y al tráfico de armas. A las víctimas de trata las solemos aparejar al perfil de las mujeres, pero también hay muchos niños. Un proyecto piloto trata de evitar que esto suceda.

En medio de un campo inmenso de Olivos, en lo alto de una colina de Montilla, Córdoba, se atisba un edificio moderno pero con apariencia lejana de viejo cortijo. Al atravesar un espectacular jardín, y tras un corto pasillo, en el patio llama la atención la figura de Aisata, una joven que balancea un carrito de bebé. Dentro hay dos bebés muy apretaditos, son enormes y duermen a pierna suelta. Son sus dos gemelos, nacidos a las pocas horas de que su mamá pisara el puerto de Motril, rescatada de una patera por Salvamento Marítimo.

“Emprendes el riesgo porque llegar aquí es bueno para ti. Dios me dijo 'debes tomar el riesgo para conseguir lo que quieres'. ¿Tú quieres estar bien no? Todo el mundo quiere estar bien, pero si además tienes que proteger la salud de tus hijos emprendes el riesgo que sea, aunque trabajes en una oficina en tu país. Si lo necesitas lo haces y más cuando en nuestros países tenemos el problema que no nos dan visa para venir y la gente se cansa, por eso la gente toma riesgos para llegar aquí", explica esta veinteañera en el centro que la Red Ödos ha creado en esta localidad cordobesa. Un proyecto, ubicado en las instalaciones de la Fundación Emet-Arco Iris, en el que participan distintos colectivos y entidades privadas de España, Marruecos y Francia, entre otras Cáritas, la Universidad de Comillas o la Fundación de la Abogacía Española.

Aissata Condé es de Guinea Conakry y cumplió 24 años ya en Granada, su puerta a Europa a través de Motril, a donde llegó el 11 de abril. Era su segundo intento de cruzar el Mediterráneo en patera. Del puerto al hospital y a las pocas horas de estar en España nacieron de manera prematura sus gemelos de solo 6 meses: Hassan y Alouseyne. Nacidos tras un viaje en el vientre de su madre sobre el cementerio flotante del Mediterráneo. "Era mi segunda patera, en la primera me desmallé y me desperté en un barco de la marina marroquí. Nada más pisar España tenía un dolor en el bajo vientre y lloraba y lloraba y desde que llegué al puerto de Motril y me lavé le pedí por favor a Cruz Roja que me llevaran al hospital. Nada más verme el médico me pidió que me desvistiera y me hizo una ecografía, me explicó que era un embarazo de riesgo y que tenía que pasar por la cesárea. Yo le advertí que tenía solo 6 meses de embarazo pero me dijo que tenía que hacerlo para salvarlos", rememora aliviada, porque en realidad este era el principal motivo de su viaje, volver a ser madre.

De la Universidad a la patera

Dibujo realizado por Ibrahim, uno de los niños acogidos en este centro de Córdoba / Nicolás Castellano

Su caso desmiente muchos tópicos "Estudié en la Universidad, estaba en el tercer curso de Relaciones Internacionales y me faltaba un año para terminar, pero me vi en la obligación de salir, me quedé embarazada y tuve que venir aquí para que mis niños nacieran bien y con buena salud. Por estos niños estoy aquí hoy, porque no los quería perder", insiste, mientras detalla que en su país muchas mujeres y niños mueren durante el parto. Después de 7 años intentando volver a quedarse embarazada "no quería morir por una cesárea mal hecha". No es pobre, no huyó de la violencia. Su marido, ingeniero, sigue en Guinea Conakry, intentando que un amigo de París le consiga un visado y pueda a entrar a Europa para reunirse con Aissata y conocer al fin a sus nuevos hijos.

"Hay gente rica que estuvo con nosotros y pobres también, pero vosotros no podéis entenderlo porque tenéis en la cabeza que en las pateras solo vienen los pobres. Mi caso, por ejemplo, mi marido trabaja y mi padre tenía una buena familia que tenían algo, no te lo puedo justificar, pero te lo explico: si no nos dan visado tienes que buscarte la manera, porque quería salvar a mis hijos, si no hubiera tenido problemas seguiría allí", se queja mientras explica que tiene intención de instalarse en Granada donde nacieron sus pequeños. Se quiere quedar en España y traerse a su marido y a su otro hijo de 8 años al que extraña mucho.

Aissata está a punto de finalizar su estancia en el centro y ahora comienza la segunda fase, que es cuando estas mujeres pasan a pisos de alquiler o son ayudadas a trasladarse a otros puntos. Aunque el Proyecto Ödos es joven, hay varios casos de mujeres que ya viven plenamente integradas con sus hijos, el mejor ejemplo es el de Marian, que se ha quedado a trabajar en la propia fundación para orientar a las recién llegadas.

Marian, separada de su hija al llegar, trabaja ahora en el proyecto. "Cuando llegué fue muy, muy, muy difícil para mí. Me vine con dos hijos, pero mi hermana entró en una patera con mi niña y yo con mi hijo. Cuando entré me separaron de mi hija después de una semana, porque no creían que fuera mi hija al haber viajado con otra patera. Reclamé recuperar a mi hija, pero tardé muchos meses, fue muy difícil para mí estar separadas. Tengo la suerte de que esta asociación me ayudó mucho, 10 meses después la recuperé gracias a ellos y no solo me ayudaron, sino que además me han dado trabajo", cuenta sonriente Marian en el porche del jardín principal de las instalaciones de Ödos en Montilla, donde ha pasado de ser acogida a trabajar para ayudar a las recién llegadas.

Cuando escucha a gente que se cuestiona, desde nuestro punto de vista privilegiado, que mujeres que como ella arriesguen sus vidas y las de sus hijos en una patera responde de manera rotunda. "Sí, es muy peligroso, pero si tú piensas y miras atrás, en lo malo que queda atrás, no piensas en el peligro. Porque te dices a tí misma que los problemas que dejas atrás son tales que prefieres morir antes que seguir soportando esos problemas. Sabes que puedes quedarte en el agua para siempre, pero no puedes soportar quedarte allí. Tomas el riesgo, piensas en tu futuro y en el de tus hijos, y te dices si yo tengo que cruzar, mis hijos también, luchas por tus hijos", argumenta.

Marian vive ya una casa con sus hijos en Córdoba. No pensaba quedarse en España pero la ayuda de la asociación le hizo cambiar de idea. Ahora es el espejo en el que se miran muchas de las llegan al centro, porque ella ha pasado por lo mismo. "Es importante para mí. Sé en qué situación se encuentran. Lo sé porque conozco las situaciones que piensan, lo que han pasado, porque yo misma lo he pasado, por eso las quiero ayudar a encontrar un futuro como lo he encontrado yo. Todavía no me he convertido en todo lo que quiero, pero hoy agradezco que puedo hacer algo por mí y por ayudarlas. Puedo trabajar y ayudar a mis hijos".

Auxiliar con una de las migrantes de Odos. / Nicolás Castellano

Sus hijos están escolarizados, como hace el ayuntamiento de Montilla con todos los niños que están en el centro, un municipio que se ha comprometido en el proyecto. Marian pide a las instituciones que ayuden a que este proyecto siga adelante y se atreve en castellano a dar las gracias por la acogida que ha tenido. Esta mujer, de 40 años yque nunca pudo ir al colegio, espera que sus hijos puedan recibir la educación escolar a la que ella no pudo acceder.

Niños y mujeres que desaparecen

"Se llevaron a 10 personas, eran 6 mujeres y 4 niños. 3 de las mujeres venían solas tenían indicios evidentes de ser víctimas de trata. No pudimos casi ni iniciar proceso con ellas, vinieron a llevárselas. Sucedió en diciembre y llegaron con un furgón a buscarlas y les perdimos el rastro", rememora Teresa Girón, la directora del centro Ödos en su oficina instalada en el mismo edificio.

El caso lo pusieron inmediatamente en manos de las fuerzas de seguridad. "No avisaron previamente, se presentaron aquí con la furgoneta y se las llevaron, por eso llamamos a la Guardia Civil para advertirles que habían venido a llevarse a personas en riesgo, mujeres y menores. La Guardia Civil interceptó una furgoneta ya en la carretera después y no encontraron a los 4 niños, se supone que aquí vino solo una furgoneta, pero cuando la Guardia Civil los paró ya no había rastro de los niños. Se da el caso que uno de los niños no correspondía su ADN con el de la presunta madre, pero de eso nos enteramos mucho después", detalla Girón, que subraya que por el momento, desde que arrancó el proyecto en abril de 2018 solo dos mujeres han reconocido ser víctimas de trata.

Uno de los grandes problemas del sistema de acogida que se ha creado en estos años es que siguen faltando mecanismos de registro y seguimiento de estos menores y sus madres. Muchas ONG, el Defensor del Pueblo y hasta la Policía coinciden en que entre este colectivo de mujeres que llegan con niños a nuestras costas hay muchos perfiles potenciales de venir ya siendo víctimas de trata o caer en esas redes una vez en España "debido precisamente a esa situación vulnerable", afirma Rosa Flores, referente de Trata de Cruz Roja Española, que junto a Helena Maleno de Caminando Fronteras o Womenslink, entre otras, llevan años demandando un mejor sistema de identificación y protección para estas mujeres y niños.

Récord de menores acompañados

"Los datos facilitados por Comisaría General de Extranjería y Fronteras, correspondientes a 2018, muestran un notable incremento respecto a años anteriores. Así, mientras que en 2017 fueron 126 los menores con estas características, en 2018 fueron 928 los menores acompañados de adultos, los que fueron interceptados tras intentar acceder en patera a territorio nacional", son los datos detallados en el informe anual del Defensor del Pueblo correspondiente a 2018 y recientemente publicado.

Ahora se realizan pruebas de ADN a todos ellos. En 2018, "en 78 ocasiones los menores no eran hijos de los adultos que los acompañaban, 53 casos aún se encontraban pendientes y en 10 ocasiones no se pudieron realizar las pruebas porque abandonaron el centro de acogida antes de su realización", se detalla en el citado informe.

El Defensor de Pueblo muestra su "preocupación porque continúa sin encontrarse un procedimiento eficaz que evite la desaparición de estos menores junto a las adultas que los acompañan a los pocos días de su llegada a los centros de acogida" humanitaria. Y dice que se ha de resaltar, como iniciativa interesante que podría aportar soluciones a esta situación, ese proyecto piloto que fue visitado el pasado mes de julio por el Defensor del Pueblo en la provincia de Córdoba.

Ese es el centro Ödos, que en griego significa acompañamiento, y que de momento se ha convertido en el primer refugio para al menos un grupo de estos niños y madres de las pateras. Un proyecto pionero, que según los creadores está dando un gran resultado, pero que de no recibir ayudas puede ser un espejismo temporal. Como de efervescente es en muchas ocasiones la "piedad" o la empatía con esos bebés y esas madres fotografiados al bajar de la patera.

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