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Domingo, 18 de Agosto de 2019

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Los cómicos invaden radios y televisiones: quién, cómo y por qué

Nos es muy familiar la figura del cómico: el bufón, el pícaro, don Quijote, Gila y hasta Chiquito de la Calzada

Ignatius Farray (i), David Broncano (c) y Quequé (d). /

El cierre de los dos principales escaparates de comedia de stand up: El club de la comedia y Central de cómicos, la evidente superpoblación de cómicos y la amenaza de la mediocridad llevaron a pensar que se acababa el chollo de la comedia de stand up en España.

Nada más lejos de la realidad. La semilla había germinado durante siglos en nuestro sistema de entretenimiento. A ello contribuyó que el humor no nos es ajeno; es una forma de representación muy enraizada en nuestra cultura: los cómicos de la legua, el sainete, el teatro cómico barroco, el esperpento, Mihura… Y también nos es muy familiar la figura del cómico: el bufón, el bululú, el pícaro, don Quijote, don Mendo, Gila, Tip y Coll, Faemino y Cansado y hasta Chiquito de la Calzada.

Hablar de pie

Bajo la influencia de los cómicos norteamericanos (Lenny Bruce, Richard Pryor, George Carlin, Robin Williams, Jerry Seinfeld), los primeros años del siglo XXI vivieron un auge del stand up que sin embargo escondía miserias tales como las terribles condiciones de los lugares de actuación, los bajos cachés –salvo excepciones–, el desigual talento de los cómicos y la falta de originalidad de la gran mayoría, que nacían como meros imitadores.

Este panorama hizo decir a Ignatius Farray que todos los monologuistas que podían dejaban el stand up porque es una mierda. Lo cierto es que desde el éxito de los programas de monólogos en la televisión se ha producido una transformación muy interesante en la comedia en España, que ha sabido reciclarse, adaptarse a las nuevas circunstancias y ha conseguido ocupar espacios nuevos, en los que quien tiene talento y originalidad triunfa sin matices.

Así que los verdaderos artistas se significaron y sobrevivieron. Y como el humorismo es la forma cómica, ridícula o risible de presentar o enjuiciar la realidad, una misma situación cómica puede ser (y es) expresada y representada de forma diferente por distintos cómicos: absurdo como hace Miguel Noguera, irónico como hacen Joaquín Reyes y David Guapo, incendiario y político como el de Fernando Moraño, surrealista como Luis Álvaro, loco como el de Susi Caramelo, crítico como hacen Esther Gimeno y Borja Sumozas, culturalista como Goyo Jiménez y Dani Alés, feminista como el de Patricia Sornosa, Alicia Murillo o Pamela Palenciano, agresivo y cada vez más social como J. J. Vaquero, negro como Raquel Sastre y Denny Horror o en fin, étnico como el de la guineana Asaari Bibang. Y quien no se distingue no existe en comedia.

La comedia española actual es rica no solo en estilos y temas; también lo es en la relación del cómico con el público. Así, tenemos casos tan distintos como el de Leo Harlem, líder del humor blanco, nada comprometido, y que basa su humor en evidenciar las sensaciones que comparte con el público.

Nada que ver con Farray, paradigma del patetismo y de lo grotesco, el bufón más genial de la actualidad, quien construye su humor situándose, aparentemente, en una situación de inferioridad con respecto al público para abrirle los ojos, sacudirle o chillarle su grito sordo.

Finalmente, también tenemos el caso de Miguel Lago, que basa su humor en la creación de un personaje que se sitúa en un plano descaradamente por encima del público. Todo porque, mientras la tragedia tiene una sola cara, la comedia tiene mil, mil voces, mil formas de tratar el humor y llegar a la risa, cumpliendo, si quiere, otras funciones por el camino.

La realidad como fuente de humor

En este sentido, la principal novedad de la comedia hoy en España es su capacidad crítica, mordaz y satírica del humor, que va a ser explotada para el análisis político que se hace a diario en todas las grandes cadenas de radio y televisión.

Es lo que ha permitido, efectivamente, salir del stand up a muchos monologuistas que han conquistado espacios nuevos de la mano de productores de medios de comunicación y que han convertido el panorama actual de la comedia en España en envidiable: los cómicos tiene mayor presencia mediática que nunca y lo hacen en lugares tan privilegiados como la televisión y la radio en horarios de gran audiencia.

En televisión triunfan programas de humor como El intermedio y espectáculos nocturnos como Late motiv (desde enero de 2016) y La resistencia (desde febrero de 2018), con dirección, presentación, guion y colaboración de cómicos de stand up como Andreu Buenafuente, David Broncano, Berto Romero, Raúl Cimas, Kako Forns, Iggy Rubín, Ricardo Castella, Dani Rovira, Ernesto Sevilla, Denny Horror, Fernando Moraño y Borja Sumozas.

Los late night tenían tanto éxito –es dificilísimo acudir a la grabación de un programa– que los ejecutivos de Movistar + se atrevieron (con buenos resultados) a probar en España la emisión de dos lates seguidos (ambos producidos por El Terrat), con secciones idénticas y a veces mismos colaboradores, con un tono más crítico en Late Motiv y uno más canalla en el caso de La Resistencia.

Buenafuente es el cerebro de El Terrat y el culpable en buena medida del giro de la comedia en España. A su alrededor solo quiere calidad, talento y originalidad, aunque sea a costa de su propio brillo. Todo generosidad, es el auténtico gurú.

El programa de TV que triunfa en radio

Pocas veces se ha producido en España un fenómeno en torno al entretenimiento como el de La vida moderna, con más de quinientas emisiones en la Cadena SER desde 2014. El programa dirigido por David Broncano, con la participación fija de Héctor de Miguel (Quequé) e Ignatius Farray, es uno de los más desenfadados y caóticos del panorama radiofónico español –es increíble que triunfe en la radio lo que en realidad es un programa de televisión, de ahí su éxito en Youtube– pero contiene también algunas de las más agudas reflexiones sobre política nacional. La vida moderna ganó el Premio Ondas al mejor programa de radio en 2018.

Sin duda, Ignatius Farray es el referente de la comedia española actual. Ya lo era para los demás cómicos, pero en unos años se ha ganado también al público, sin duda por su autenticidad, su bonhomía y su originalidad. Puede ser irónico pero es cierto: Ignatius es mainstream y único. Ignatius es atrevido, ácido, grotesco y muy inteligente. Su opinión a propósito de las elecciones al Parlamento europeo, municipales y autonómicas se hizo viral:

“Los votantes de izquierda son como Led Zeppelin. Se creen mejores que los demás, elitistas porque tienen un nivel moral superior a los demás y se reúnen una vez cada quince años en Wembley, mientras que los votantes de derechas son como la Orquesta Maracaibo, siempre dispuestos a movilizarse en cada pueblo, por muy pequeño que sea”.

La noche es territorio de comedia: Las noches de Ortega, también en la SER, merece ser citado (Juan Carlos Ortega ganó en 2016 un Ondas a su trayectoria profesional) pero no podemos olvidar que el humor se cuela también en los grandes programas de televisión y radios nacionales a cualquier hora.

Las mañanas de todas las emisoras de radio cuentan con colaboradores cómicos: José Ignacio Salmerón (Sinacio) y el Grupo Risa en la COPE, Leo Harlem, Carolina Noriega, Goyo Jiménez y Agustín Jiménez en Más de uno de Onda Cero, pero sin duda es la Cadena SER la que más fuerte ha apostado por el humor.

A los programas ya señalados tenemos que añadir las apariciones de cómicos en Hoy por hoy y el fin de semana en A vivir que son dos días (Premio Ondas en 1989 y en 2015) de Javier del Pino, con una sección expresamente dedicada a que los cómicos (entre otros, Llum Barrera, Antonio Castelo, Goyo Jiménez, Pedro Aznar y David Navarro) comenten la actualidad política, compitiendo en esa labor con los politólogos.

La misma Cadena SER, la más escuchada de España desde hace décadas, programa por las tardes, dentro de La ventana, de lunes a jueves, una sección llamada “Todo por la radio”. Dirigidos por Carles Francino, Toni Martínez, Javier Coronas, El mundo today, Especialistas secundarios y monologuistas como Pilar de Francisco entretienen, comentan, fabulan y critican la actualidad política desde el humor, a veces surrealista, a veces desquiciado.

Más allá de la política

Otros cómicos de stand up han ganado su espacio en programas menos comprometidos con la política como Ilustres ignorantes, dirigido por Javier Coronas desde 2008. Cuenta con dos colaboradores fijos (Javier Cansado y Pepe Colubi) y otros dos variables que salen con mucha frecuencia de monologuistas cómicos como Iñaki Urrutia, Vaquero, Paco Calavera o Ana Morgade. Su éxito lo prueban sus 287 episodios en once temporadas y un Premio Ondas en 2014 a Mejor Programa de Entretenimiento.

Algo parecido sucede en Cero en historia (desde marzo de 2017), un programa de entretenimiento más familiar en el que la gran mayoría de los participantes salen del mundo de la comedia: Joaquín Reyes, Vaquero, Sara Escudero y Silvia Abril, sustituida en la última temporada por Patricia Conde.

No son estos los únicos ejemplos de comedia protagonizada por monologuistas en los medios de comunicación. Entre otros, habría que añadir una forma diferente de humor: la improvisación, en la que destacan Buenafuente y Berto Romero con su programa Nadie sabe nada (también en la SER).

Es evidente que la comedia ha conquistado un terreno muy interesante para el humor: el comentario y la sátira política y social, que se añade al del puro entretenimiento.

En ello han jugado un papel decisivo las empresas de comunicación ya mencionadas, Cadena SER y Movistar+, y El Terrat, que lleva años apostando por la mezcla de entretenimiento y crítica por medio del humor.

Los que antes se definían como monologuistas son ahora cómicos, en el sentido más amplio de la palabra. Tal vez todavía son muchos pero poco a poco los mejores se van distinguiendo del pelotón. No renuncian al taburete pero prueban otros asientos que les permiten llegar a otro público, trabajar otros registros y hacer otras cosas.

Porque, como bien sabe Ignatius, nadie quiere envejecer actuando subido en cuatro cajas de cerveza.

Javier Rodriguez Pequeño, Profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad Autónoma de Madrid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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