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Domingo, 25 de Agosto de 2019

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Marta Sanz usa el humor contra la gentrificación

'Retablos' reúne dos relatos de la escritora madrileña ilustrados por Fernando Vicente sobre las tensiones vecinales en el madrileño barrio de Malasaña, donde el turismo y la gentrificación son una realidad

Ilustración de Fernando Vicente para 'Retablos', el libro de Marta Sanz /

Barrios castizos como Lavapiés o Malasaña, en Madrid, se han ido llenando, literalmente, de barberías modernas, un negocio que, hasta hace nada, estaba en vías de extinción. También hay ópticas de gafas de pasta gigantes y de colores, tiendas de comida vegana, compartiendo pared con bares donde se sirven gallinejas y otros platos de casquería típicos de Madrid y alrededores. Los barrios del centro de las grandes ciudades están cambiando y eso no afecta solo a la estética. También a los habitantes que ven cómo turistas y nuevos habitantes o viandantes pueblan sus calles estrechas no peatonalizadas.

La escritora Marta Sanz desgrana las nuevas estampas de estos barrios. Lo hace en Retablos, un libro publicado por Páginas de Espuma, que contiene dos relatos que beben de la novela negra, pero también de la sátira berlanguiana para reflexionar sobre la gentrificación. "Dan cuenta de lo que son las transformaciones en las grandes ciudades como efecto de una globalización que, aparentemente, está llena de luz, de color, de cosas muy variadas, de posibilidades de consumo múltiples. Pero al final lo que nos dejan son ciudades descoloridas, donde siempre encontramos lo mismo y donde los vecinos de toda la vida, no es que solamente pierdan sus referentes; sino que ven multiplicada su precariedad porque los barrios se encarecen", nos cuenta.

Se ha centrado en su barrio, en Malasaña, el barrio madrileño al que da la espalda la Gran Vía y que colinda con el residencial Chamberí. Es donde tuvo lugar una de las batallas durante el 2 de mayo, donde Gallardón quiso acabar con el botellón y donde anidaban punkis y modernos desde los años de la Movida. Ahora todo es moderno, un proceso que responde a objetivos de la política urbanística del Partido Popular.

Sus consecuencias son una cohabitación de gentes muy distintas que provocan conflictos, como relata la escritora. "Son realidades complejas, porque las violencias micro y macro que se generan en los barrios son muy complejas y tienen muchas vertientes. Yo utilizo ese sentido del humor para ser crítica; pero al mismo tiempo me permite mirar con ternura todo lo que está pasando y a esos hipsters que llegan al barrio y que, al final, también son mis vecinos".

Conviven hipsters y vecinos de toda la vida y distintas edades. Hay tiendas modernas y brillantes, como tiendas de jabones ecológicos, ópticas, tiendas de ropa, con comercios castizos como ferreterías, o tiendas de lámparas de las de toda la vida. También hay restaurantes veganos y tiendas de cafés y los bares castizos que sirven el vermut de grifo sin artificios y con mucho alcohol.

Uno de los retratos se titula, precisamente, Jaboncillos Dos de Mayo, está protagonizado por un vecino de Malasaña, que come churros como decisión política y ha formado un comando con el emblema “¡Muelte a los hípsteles!”, y realizan actos de sabotaje contra todo aquello que no les gusta de su barrio. Es un homenaje a Ambrose Bierce y tiene como elemento de terror las cupcakes. "Es que para mí es elemento siniestro por excelencia, es una madalena extrañada, como diría Freud".

El otro homenajea a Extraños en un tren, donde las protagonistas son dos mujeres mayores que encuentran una sororidad tardía, pero importante para superar este contexto actual. "Juego con las referencias de géneros tradicionales para darles una vuelta de tuerca, como el espejo de ese callejón de Valle Inclán".

En los relatos, hay influencias de Hitchcock y de Patricia Highsmith, autora a la que el director británico adaptó en varias ocasiones. Lo vemos en las ilustraciones que acompañan a las historias, firmadas por Fernando Vicente. "La idea era contar las calles, como han sido y como son, con esa maravillosa farmacia llena de azulejos que vemos en la portada. Me he alejado del bodegón en el segundo relato para centrarme en el paisaje urbano, para ver cómo son las tiendas viejas de barrio y las tiendas nuevas llenas de colores pasteles".

Todo ello compañado del tono satírico, esperpéntico y crítica de Marta Sanz, una de las escritoras que mejor relata la oscuridad de las prácticas comunes. Lo hemos visto en Farándula y en Black, Black, Black, y ahora en estos cuentos reunidos que podrían ser, perfectamente material para un debut cinematográfico de las novelas de la escritora.

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