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Lunes, 16 de Septiembre de 2019

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Ernesto Caballero: "Me gustaría que los partidos dejaran de usar la cultura como una herramienta de propaganda"

Ernesto Caballero presenta su última temporada al frente del Centro Dramático Nacional y alerta del peligro de la censura y el puritanismo en la Cultura

Ernesto Caballero /

Ernesto Caballero se despide a lo grande de la dirección del Centro Dramático Nacional (CDN), a la que llegó en 2012 tras ser elegido en un concurso público. Caballero, que será sustituido en enero de 2020 por Alfredo Sanzol, abrirá la nueva temporada del CDN dirigiendo Madre Coraje, de Bertolt Brecht, con Blanca Portillo al frente del reparto, pero por los teatros María Guerrero y Valle-Inclán pasará la santísima trinidad del teatro europeo: Peter Brook, Robert Wilson y Declan Donnellan. Junto a ellos, dramaturgos como Juan Mayorga, José Sanchis Sinisterra, Lucía Carballal, Nina Raine o Paco Gámez; directores como Andrés Lima, Pablo Messiez, Julio Manrique, Salva Bolta, Javier Giner, Magüi MIra o Emma Dante

Caballero presentaba este martes la programación de la temporada 2019-20 del CDN en el escenario del Teatro María Guerrero. Tras él, la imagen de una puerta abierta en una pared, una puerta abierta quizá a golpes, a mazazos, con restos de escombros en el suelo. Y en el hueco abierto en el muro, un fragmento del cielo. Antes de desgranar los 40 espectáculos que cerrarán su etapa al frente del CDN, Caballero defendía la libertad de expresión y alertaba de un peligro real que sufre actualmente la cultura: "Un fantasma recorre el arte, el fantasma del puritanismo revestido de corrección política. El teatro no se libra de este embate. Cuidado. Esta reedición contemporánea del decoro está incubando el huevo de una serpiente llamada censura". 

"Defendamos el teatro como un espacio supremo de libertad, por más que nos duela", añadía el director. Unos minutos antes de que pronunciara esas palabras, manteníamos una conversación en su despacho del teatro.   

¿Qué ejes articulan esta temporada?

Se trata de consolidar creadores que han ido forjándose y han ido exhibiendo su trabajo a lo largo de estos años, una apuesta por la dramaturgia contemporánea. Y todo esto, compaginándolo con el teatro de repertorio, los grandes clásicos del siglo XX, nacionales y extranjeros- desde un Valle Inclán que va a dirigir José Carlos Plaza, con María Adánez a Madre coraje, el clásico de Bertolt Brecht, que voy a dirigir yo, con Blanca Portillo- y a ello añadimos nuestra programación internacional que es, como se dice, de campanillas: con Isabelle Huppert, Bob Wilson, el ya habitual Declan Donellan, Emma Dante y el gran maestro de maestros de maestros, el gran Peter Brook, reciente Premio Princesa de Asturias. Las tres patas serían: nueva dramaturgia, clásicos del siglo XX y creación internacional de primer orden.

Suele proponer una idea, un relato, una conversación con el público a partir de los textos y los temas que conforman la programación. ¿Cuál es este año?

En esta temporada hemos llegado casi a nuestros días, a la actualidad, y por eso hay muchos autores que llamamos emergentes, aunque muchos de ellos ya están consolidados. Los planteamientos que abordan en sus obras distan mucho de lo que podría plantear Galdós. Cuestiones que están definiendo nuestras preocupaciones, desde la identidad y lo sexual hasta el propio Brexit. Esa conversación ha llegado hoy en día. Si echamos la vista atrás podemos reconocer una corriente que tiene una continuidad y eso es lo que he pretendido, generar un relato de la historia a partir de la ficción dramática. 

Se va el próximo 1 de enero y llega Alfredo Sanzol para ocupar su lugar... ¿Con qué estado de ánimo, con qué sensación aborda esta última temporada al frente del CDN?

Voy a utilizar una frase hecha, muy contento por el deber cumplido. Yo he sido el primer director (del CDN) nombrado por concurso público y presenté un programa en un momento con unos recortes tremendos, estamos hablando del 2012 y me dijeron: vas a tener prácticamente la mitad de presupuesto de tus antecesores. Y me preguntaron: ¿con eso vas a poder llevar a cabo este programa? Hombre, vamos a ver, viniendo de dónde vengo, del teatro uff más que del teatro off, acostumbrado a hacer teatro con una tiza, digamos que la sostenibilidad o la optimización de recursos ya la traía de casa. Y decidí asumir la dirección del centro apostando por la dramaturgia contemporánea, y enseguida me dijeron: pero cómo vas a apostar por autores de hoy que no conoce nadie... Y yo dije que la rentabilidad de un teatro público no tiene por qué medirse necesariamente por las cifras de afluencia, que son importantes, pero hay apuestas de más largo recorrido. Yo intuía que le público estaba ávido de relatos de aquí y ahora. Y hay un nivel de escritura entre los jóvenes muy bueno, y además el público es muy bueno también. Cerramos con noveles de ocupación de casi el 90% que casi no podía imaginarme cuando asumí el cargo.

Si echa la vista atrás, de qué se siente más orgulloso...

Mira, cuando (hace 8 años) me hicieron la última entrevista, ya la última, y me preguntaron qué es lo que te mueve. Es una cosa que puede sonar rara, pero uno llega a una edad en la que quiere ser útil, para servir a mi patria. Y es verdad, para servir a la ciudadanía, para servir a la colectividad. Porque desde este lugar se pueden hacer muchas cosas. No solamente por la profesión, sino también por el público, por los más jóvenes. Esta labor divulgativa la hemos llevado a cabo con muchas accione, los cuadernos pedagógicos, charlas, vídeos, encuentros, el minuto joven... Y eso me hace sentir muy satisfecho porque hay futuro. Y es verdad que, desde este lugar, todos los proyectos los haces tuyos y eso es muy satisfactorio, y luego, que los ciudadanos valoren los teatros públicos y yo formar parte de esto, te hace sentir muy soldado, un soldado de la cultura. Me voy muy satisfecho.

¿Qué le ha quedado por hacer que no haya logrado en estos años?

Así, a calzón quitado, con el presupuesto del que he dispuesto, unido a cuestiones administrativas y laborales que rigen el Inaem -que, afortunadamente, ya está en vías de solución-, era imposible la cuadratura del círculo y las grandes producciones del CDN no han salido de Madrid todo lo que me hubiera gustado. Esa es la asignatura pendiente que tiene el CDN y lo saben las autoridades. Ahora mismo, los ingresos que se obtienen no revierten en el centro, van a las arcas del Estado y eso hace que salir de Madrid sea imposible. Se podría salir, pero habría que cerrar las sedes, aunque lo hemos suplido con una política de coproducciones. 

No sólo no ha habido giras, las compañías siguen tardando demasiado en cobrar por su trabajo...

Eso sucede en lo público porque los trabajadores temporales del CDN son los artistas. Somos dependientes de una estructura que nos supera y no existe la suficiente sensibilidad a este respecto. Un trabajador debe tener su nómina a finales o a primeros de mes y esto a veces no sucede. Esto se tiene que corregir de manera urgente. 

¿Cuál cree que será su legado en la historia del CDN?

Yo siempre he dicho que venía aquí con la idea y la convicción de ser una pieza en un eslabón. En España, por lo menos en los ámbitos de la cultura somos muy dados a descubrir mediterráneos, a hacer borrón y cuenta nueva. Yo he llegado y esto eran ya 40 años de CDN, por el que han pasado Adolfo Marsillach, Lluís Pasqual, José Carlos Plaza, Isabel Navarro, Amaya de Miguel, Juan Carlos Pérez de la Fuente, Gerardo Vera... Todos han contribuido a fortalecer este patrimonio. Evidentemente, la apuesta por la dramaturgia contemporánea española ha sido mi sello, la creación de un laboratorio de investigación para intentar alejarnos de los modos de producción convencionales que muchas veces son refractarios a la excelencia artística, y luego, lo que hemos abierto para la plena integración, para que cualquier ciudadano tenga acceso al teatro, tanto desde el patio de butacas como la incorporación de artistas con diversas capacidades. 

¿Cómo observa los movimientos en el panorama teatral de Madrid tras el anuncio de fusión del Teatro Español y las Naves de Matadero y con la incertidumbre sobre el futuro de los Teatros del Canal?

Este tipo de teatro vanguardista, de escena híbrida y espacios de investigación, debe tener un lugar. Es un género que hay que atender, que mueve a un determinado tipo de público al que hay que atender, un público que cada vez es mayor. Eso hay que mantenerlo. También es verdad que no se debería, con lo que cuesta, desmontar espacios que generan dinámicas culturales, públicos y afición. Porque el público no es un amontonamiento de espectadores, el público tiene más que ver con el concepto de ciudadanía que comparte una afición. Cuando se ha conseguido un público donde sea, eso hay que cuidarlo. Eso es mucho más interesante que hacer montajes muy bonitos. Esa es la acción política donde el político cultural se tiene que fajar. Exactamente lo mismo con los Teatros del Canal, cuando se consiguen líneas, públicos, cuando se establecen complicidades hay que cuidarlo. No sé dónde ni cómo ni con quién, pero lo único que sé es que eso hay que cuidarlo. Como te decía antes, somos muy dados al borrón y cuenta nueva y eso en cultura ya empieza a pasar una factura muy alta. Y cuando andan por medio las luchas partidistas... A mí me gustaría que llegara un día que los partidos dejaran de pensar que la cultura es un adorno, o si acaso, una herramienta de propaganda ideológica y tuvieran un poquito más de altura de miras. Si tuvieran más altura de miras, se entenderían mejor los unos con los otros, y respetarían mucho más la opinión y la gestión de los artistas. Como sucede en sanidad o en educación, en cultura, el político debe saber dar un paso atrás. Los expertos son los que deber organizar la cosa. 

¿Qué va a hacer a partir del 1 de enero?

Voy a seguir haciendo teatro, con la experiencia acumulada, porque no sé hacer otra cosa. He estado 8 años sirviendo al Estado, pero soy eso que se dice ahora, un emprendedor. Voy a seguir emprendiendo proyectos, arriesgándome. Voy a seguir apostando por un teatro de hoy y también tengo muchas ganas de clásicos. Me he hecho con los clásicos, tengo a gala ser un hooligan de Calderón y tengo muchas ganas de enfrentarme al repertorio clásico.

 ¿Colaborará entonces con Lluís Homar en la Compañía Nacional de Teatro Clásico?

Bueno (risas), si Homar me invita estaré encantado. Pero con Homar o con quien sea, lo que sí voy a hacer es encontrar ese espacio desde mi propia productora. Voy a hacer clásicos con miradas contemporáneas, y sí, tengo ganas de reencontrarme con ese material, sobre todo con nuestros autores áureos. 

Entonces, ¿montará una productora?

Sí, una productora, pero que sea algo más que una productora, algo más que una sucesión de producciones, que sea un proyecto que concite a artistas y que tenga un discurso, un relato. Y pretendo colaborar tanto con el sector privado como con el sector público.

 

 

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