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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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Ni indemnización, ni antigüedad... ni contrato: el Congreso de los Diputados, exponente de la precariedad laboral

Las trabajadoras eventuales del Congreso van a ser despedidas y contratadas hasta cuatro veces en los últimos cuatro años, con cada final y comienzo de legislatura. No tienen indemnización, ni antigüedad y denuncian que llegan a ir a trabajar sin contrato. Lo han denunciado a la Mesa, pero no les hacen caso.

Trabajadoras eventuales del Congreso denuncian precariedad laboral. /

Cuatro trabajadoras eventuales del Congreso de los Diputados han denunciado a la Cadena SER sus condiciones laborales. El personal eventual del Congreso y el Senado está formado por asesores y asistentes de los diputados que son nombrados libremente, por confianza, por los grupos parlamentarios. La mayoría son mujeres. Cuando se constituyen las Cortes se les despide, y a aquellas cuyo parlamentario asistido ha sido reelegido, se les contrata de nuevo cuando se forman los grupos. En este periodo, que puede durar desde los cuatro días que tardaron en esta legislatura, a las tres semanas o el mes, es habitual que estos empleados vayan a trabajar al Congreso sin contrato.

“En noviembre será la cuarta vez que me voy a quedar sin trabajo, sabiendo que voy a seguir. Y en alguna ocasión, incluso estando en el paro, tendré que ir a trabajar, porque la actividad no cesa. Te piden que sigas yendo a trabajar, aunque estando en el paro evidentemente no deberías”, explica Natalia, que comenzó a trabajar en el Congreso hace cinco años. Es un nombre ficticio, no quieren hacer pública su identidad. Eva llegó a la cámara baja en 2009: “Durante un par de semanas o tres hay un montón de personal que está trabajando sin contrato. Curiosamente, además, en un sitio como es el Congreso, que es la casa donde se hacen las leyes y desde donde los diputados y diputadas dicen que la ley está para cumplirla... Bueno, pues el primer sitio donde se incumple y se tiene a trabajadores en situación irregular es en el Congreso”.

Al ser cesado y volver a su puesto de trabajo cada cierto tiempo, el personal eventual no acumula antigüedad, ni dispone de indemnización al ser despedido, ni, ni se le preavisa de su despido, ni en muchos casos, sabe si va a continuar trabajando. Hay empleados que dejan del Congreso en estas condiciones después de decenas de años trabajando allí. Esto, denuncian, les genera incertidumbre y les complica la planificación de sus vidas. Además de no cotizar y afectar a su declaración de la renta. “Si ya es precario cada cuatro años, imagínate dos veces en un año, como en esta ocasión”, dice Natalia.

Hace unos meses más de un centenar de empleados firmaron un escrito que presentaron a la Mesa del Congreso para mejorar su situación. Le pedían que aprobara una resolución para que, entre otras cosas, no se les anuncie su despido de un día para otro y se mantenga el contrato a quienes vayan a continuar en su puesto de trabajo en la nueva legislatura. No les hicieron caso. “Si fuera un problema que les afectara a ellos, a los que toman las decisiones, o a los diputados, o a otro tipo de personal de la cámara, no sucedería esto”, asegura Marta, quien empezó en el Congreso como asistente del grupo parlamentario en 2008.

Falta desarrollo normativo

La figura del eventual está contemplada en artículo 2 del 'Estatuto del personal de las Cortes'. Al principio eran una veintena de asesores que trabajaban para los miembros de las mesas de las cámaras, pero tras varios acuerdos de estos organismos en los últimos años ya son más de 400 solo en el Congreso, según explica el letrado de las Cortes Generales Manuel Fernández-Fontecha. En su opinión, el caso de los eventuales “está regulado mínimamente, en un artículo muy corto en el que reproduce lo mismo que en el de la Administración General del Estado”, que también ha generado conflictos en otros organismos públicos. Y propone: “O se desarrolla el artículo 2 de una forma más extensa, o se reforma en el sentido de prever estas desigualdades”.

Las trabajadoras que denuncian su situación dicen sentirse un poco solas en su pelea dentro de la cámara. Y también fuera. “Cargamos con la mochila un poco de la deslegitimación y decrédito que hay de la clase política”, señala Eva. “Hay un montón de casos, que la gente ni se imagina, que simplemente somos trabajadores. Ni siquiera somos militantes o afiliados del partido o no tenemos ninguna relación ni familiar ni personal con los diputados”, concluye.

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