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Domingo, 15 de Diciembre de 2019

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La clase más deseada es en un autobús-biblioteca

El autobús-biblioteca que sustituye a los maestros ausentes

El autobús-biblioteca que sustituye a los maestros en Afganistán / GERVASIO SÁNCHEZ

Los alumnos del colegio Mirwais Utaq desean que sus maestros no vengan a clase para pasar un buen rato en el autobús-biblioteca que una vez a la semana aparca en el patio del recreo.

Durante unos 45 minutos pueden elegir un libro, sentarse en unos asientos cómodos, liberar su imaginación y leer con aire acondicionado sin la obligación de memorizar como suelen ocurrir en las tres horas y media de aburridas clases que reciben cada día.

Un grupo de niños leen libros en el autobús-biblioteca / Gervasio Sánchez

Hace un año y medio, en febrero de 2018, un grupo de jóvenes afganos crearon la asociación Charmaghz y buscaron financiación en embajadas extranjeras y empresas afganas con el objetivo de luchar contra el analfabetismo que sufre cuatro de cada diez afganos.

"Con muchas dificultades hemos conseguido poner en marcha este proyecto de fomento de la lectura en las escuelas públicas y ya tenemos tres autobuses, uno azul, otro verde y un tercero amarillo, pululando diariamente por diferentes barrios de Kabul", explica Subhan Walizadah, relaciones públicas de la asociación.

"El alquiler, los salarios del conductor y de dos bibliotecarias hace que cada autobús cueste 15.000 euros al año. La única institución extranjera que se ha sentido atraída por este proyecto ha sido la embajada de Australia", añade Ahmad Siyam Barakadi, uno de los voluntarios de la organización.

El autobús verde no ha parado de recibir grupos de niños disciplinados y poco revoltosos durante toda la mañana. Sorprende el orden con que suben, eligen su libro y se centran en la lectura, algunos leyendo en voz alta.

"Aquí lo pasamos mejor que en clase porque los libros tienen muchos dibujos y aprendemos historias que nos interesan", explica Shaiqib, de once años mientras pasa varias páginas de un cuento muy animado. Shumullah, de ocho años asegura "estar muy feliz de haber leído tres libros en las últimas tres semanas".

En la mayoría de los hogares afganos no hay libros. Sólo uno de los treinta niños, Shinullah, de 10 años, afirma que "en mi casa hay unos diez libros que pertenecen a mis padres y mis hermanos".

El colegio Mirawais-Utaq tiene que organizar tres turnos escolares entre las 6,15 de la mañana y las 16,45 de la tarde para atender a los 2.500 estudiantes entre los 7 y 16 años de los que sólo 400 son niñas. "Tenemos 71 profesores para clases formadas entre 42 y 60 niños que muchas veces tienen que compartir sillas y pupitres", explica el director Abdul Rahim Asile.

Unos niños leen libros al lado de los ventanales del autobús-biblioteca / Gervasio Sánchez

Al analfabetismo crónico hay que sumarle un absentismo muy elevado entre los profesores. Los bajos salarios, entre 75 y 115 euros al mes, influyen en el bajo nivel del profesorado en uno de los países más pobres del mundo y sacudido con capítulos bélicos interminables desde hace cuarenta años.

La portavoz del ministerio de Educación, Noorya Nazhat, insiste en su despacho que la falta de seguridad y la pobreza son las causas principales del gran absentismo escolar en Afganistán. "Hay más de 400 escuelas cerradas en las zonas bajo control talibán o en donde el impacto de la guerra es mayor y afecta a unos 100.000 escolares de las provincias del sur del país donde los combates son diarios", explica Nazhat.

Pero eso no explica ni mucho menos el desastre escolar. Del censo de 13,1 millones de estudiantes de primaria y secundaria que hay en el país, sólo 9,4 millones de escolares asisten verdaderamente a clase y solo uno de cada tres es una niña. "De los 3,7 millones de niños sin escolarizar el 60% son niñas", afirma la portavoz ministerial.

La verdad más dolorosa es que tres millones de niñas están sin escolarizar, es decir el 46% del total, 18 años después de la derrota de los talibanes que prohibieron la escolarización de las niñas durante su quinquenio en el gobierno y después de que una misión internacional en la que han participado 50 países hayan tutelado el país asiático.

Los matrimonios forzosos de niñas menores de edad, prohibidos por la Constitución afgana y las leyes islámicas pero consentidas por tradiciones obsoletas, influyen muy negativamente a la hora de escolarizar a las niñas.

En zonas rurales pero también en barrios periféricos de los grandes núcleos urbanos, incluida la capital Kabul, los padres prefieren que sus hijas se encarguen de las tareas duras del hogar y se preparen para convertirse en amas de casa a muy tempranas edades.

Un niño pasea por delante del autobús-biblioteca verde / Gervasio Sánchez

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