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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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Edificios desmontables para luchar contra el cambio climático

En España se generan al año 45 millones de toneladas de escombros. La implementación de la economía circular, basada en el reciclaje de los materiales, en el sector de la construcción quiere acabar con eso

"Es como construir con piezas de LEGO. Hacer una casa, desmontarla, y utilizar los mismos materiales para hacer, después, un hospital. Tenemos que pasar de un sistema obsoleto e insostenible al concepto de reusar, reutilizar y reciclar"

Este septiembre se ha presentado el primer edificio basado en la economía circular en España: "El 88% de los materiales que hemos utilizado son reutilizables. No tienen que acabar en un vertedero"

Edificios desmontables para luchar contra la destrucción ambiental /

El sector de la construcción es uno de los que más residuos genera y también uno de los que más recursos consume. Construimos edificios utilizando recursos que no son infinitos. Muchas de esas construcciones terminan, después, convertidas en escombros. Y los escombros, en muchas ocasiones, acaban en vertidos ilegales, que contaminan la zona. Por cada ciudadano de la Unión Europea, se genera una tonelada de escombros al año, es decir, 45 millones de toneladas al año solo en España. Pero hay una manera de construir sin generar escombros: la construcción circular, la aplicación de la economía circular al mundo de la construcción.

"Es como cuando los niños juegan con LEGO, a base de piezas de distintos colores y tamaños. Los niños se hacen una casa y después de jugar unos días o semanas, decide cambiar la casa y convertirla en un edificio de pisos, en un hospital, en un garaje... Esto es la construcción circular", explica Jordi Bolea, de Green Building Council, un consejo de edificación sostenible en España que tiene una unidad dedicada a estudiar la economía circular y cómo aplicarla al mundo de la construcción. "Tenemos que pasar de un sistema obsoleto e insostenible, que consiste en usar y tirar un material, al concepto de reusar, reutilizar, reciclar... Y así no hacer un uso ilimitado de los recursos y alargar su ciclo de vida".

La idea es construir de forma que los materiales puedan ser reutilizados, bien porque sean reciclables o bien porque puedan ser "montados y desmontados", sin generar escombros y sí provocando un impacto positivo en el medioambiente. "Si se tendiera al reuso no dañaríamos el medioambiente, no existirían esos escombros descontrolados esparcidos en campos, en arroyos... Tendríamos un medioambiente más duradero y mejor de cómo nos lo hemos encontrado", asegura Jordi Bolea. "No nos podemos evadir porque de esto depende nuestro futuro. Los recursos no son finitos, así que hay que tomar cartas en el asunto".

Esta semana se ha presentado en la exposición REBUILD, que se ha celebrado en Ifema, el primer edificio en España basado en la construcción circular. Se llama Edificio Gonsi Sócrates, es un edificio de oficinas y está en Viladecans, en Barcelona. "La singularidad que tiene el edificio es que podemos garantizar que el 88 % de los materiales que se han utilizado no van a acabar en un vertedero. Pueden ser recuperados", explica Arturo Fernández, el CEO de Construcía, la constructora del edificio. "Todo el edificio ha sido pensado para ser construido como un mecano, nos permite desamblarlo en el futuro para recuperar todos los productos".

El principio del principio

Ya se ha construido un edificio y hay otros similares en otros países de Europa, pero aún es un movimiento apenas perceptible, sobre todo en España. Desde el Ministerio de Transición Ecológica se ha creado una Estrategia de Economía Circular, "con objetivos poco ambiciosos", en opinión de Jordi Bolea, del Green Building Council. Hay avances, empieza a tratarse a distintos niveles, pero la implementación no termina de llegar.

El Edificio Socrátes en construcción / Gonsí

Es, además, aún más complicado en el sector de la construcción. Sí hay una tendencia a reutilizar las cosas y reciclar la basura del día a día de las casas, la principal fuente de residuos, pero no ocurre lo mismo en la construcción. "El mundo de la construcción tiene varias particularidades. Cuando se construye un edificio, es un producto singular y concreto, no un producto industrializado, como la ropa, por ejemplo. Cada producto es único, adaptado al entorno, a las necesidades y con unos materiales determinados. Nosotros queremos industrializarlo", explica Cristina Sendra, de Eco Intelligent Growth, una consultoría que asesora a empresas para que empiecen a trabajar con economía circular.

"Hay que tener en cuenta que la construcción es un sector que no admite cambios rápidos, que le cuesta mucho innovar", apunta Bolea. "Es muy importante incorporar lo antes posible la economía circular, porque el sector es un gran consumidor de recursos". Y para eso, dicen, es imprescindible que se impliquen todas las partes, desde la administración, con cambios legislativos que faciliten la transición, hasta los usuarios y constructores.

Y... ¿Es económicamente rentable? Construir un edificio basado en la economía circular parece, en principio, más costoso. Pero sí genera beneficios, sobre todo a largo plazo. "Los costes de explotación, a lo largo de toda la vida útil del edificio, son más bajos que los de un edificio convencional. Consumen menos energía y al ser mecanizado, las reformas son también más económicas", explica Arturo Fernández, CEO de Construcía. Son, además, un banco de materiales que pueden revalorizarse con el paso de los años. "Se elimina el coste de demolición de una obra y se recuperan los materiales, que son una fuente de ingresos", apunta Cristina Sendra.

Aún así, el principal valor no es el económico, sino el medioambiental. "Tiene una serie de valores sociales, porque el impacto en la huella de carbono es un 40 % menor que un edificio convencional, su impacto medioambiental en vez de ser negativo, es positivo", dice Fernández. "El problema es que tenemos que hacer más edificios para que los grandes propietarios vean el valor que tienen".

Una tonelada por habitante y año

Y, sobre todo, esta forma de construcción no genera escombros. España está obligada por directivas europeas y por la propia normativa española a que, para 2020, el 70 % de los escombros que se generan, se reciclen. Ahora, no llegamos al 25 %. "Es inconcebible porque los materiales que se utilizan en la construcción y que forman esos escombros - el hormigón, el ladrillo y el aglomerado asfáltico - se pueden reciclar de forma infinita. Es muy sencillo, por eso es inconcebible que en el año que estamos la tasa de reciclaje sea tan baja. Son cifras inasumibles", asegura Pablo Pérez, el director técnico del Grupo de Interés Áridos Reciclados de Residuos de Construcción y Demolición, que agrupa a las empresas de Andalucía, Madrid y Galicia que se dedican al reciclaje de residuos.

El motivo de esa mala gestión de los escombros está, principalmente, en el incumplimiento de la legislación por parte de las corporaciones locales. También por la falta de concienciación y ética de ciudadanos y empresas. Desde 2008, cuando se aprobó el Real Decreto, los Ayuntamientos están obligados a desarrollar una ordenanza para exigir una fianza a los responsables de una obra, una normativa que les obligue a pagar una cantidad determinada que les será devuelta si demuestra que han gestionado los residuos como deben, llevándolos a una planta de reciclaje. Pero no todos los ayuntamientos han desarrollado esa normativa y eso termina facilitando esa mala gestión por parte de las empresas.

"Los políticos entienden que es una medida impopular - porque, a pesar de ser una fianza, se entiende como un impuesto -  y no la aplican. Y aunque en España hay muchas empresas buenas, hay otras que si se pueden ahorrar dinero, lo van a hacer mal. Anteponen el beneficio, el lucro, a costa del daño al medioambiente, en muchas ocasiones, irreparable".

Se arriesgan a una multa y tiran los escombros en medio del campo, en cañadas o en arroyos que acaban convirtiéndose en vertidos. "En los escombros puede haber, además, materiales peligrosos. Puede haber pintura, roturas de fibrocemento, envases de silicona, restos de productos químicos...", explica Pablo Pérez.

A eso hay que sumar la falta de concienciación de ciudadanos y empresas. Se ve, por ejemplo, cuando se hace una demolición sin diferenciar los materiales que pueden ser reutilizados y los que no. "Cuando se hace una demolición lo normal sería sacar los muebles, los electrodomésticos, los marcos de las puertas... Pero la costumbre es que entre una máquina y lo tire todo. Eso hace que la puerta se parta en miles de trozos... Y es imposible separarlo después".

La implementación de la economía circular en el sector de la construcción quiere evitar esto. Es, aún, un movimiento incipiente, pero es el camino, dicen, que deben seguir. "No es solo una cuestión de política, hace falta también una toma de conciencia de los ciudadanos, de todos, porque los recursos los utilizamos todos".

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