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Viernes, 15 de Noviembre de 2019

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¿Y si el boom de la ilustración en España fuera una burbuja?

Los ilustradores Ana Juan, Fernando Vicente y Ricardo Cavolo denuncian la precariedad del sector y cómo se ha convertido en un producto de consumo rápido

Ilustración de Fernando VIcente /

Licenciada en Bellas artes, Ana Juan comenzó a trabajar como ilustradora en los años 80. Su trabajo ha sido publicado en revistas como Time o The New Yorker y en 2010 recibió el Premio Nacional de Ilustración que concede el ministerio de Cultura. Fernando Vicente, que coincidió con Ana Juan en la revista Madriz, es pintor e ilustrador, colaborador habitual del diario El País, es autor de libros, portadas de discos y ganador de tres premios Award of Excellence de la Society for News Design. Ricardo Cavolo, el más joven de los tres, comenzó a trabajar fuera de España y lo mismo publica libros que colabora con el Circo del Sol o con marcas publicitarias.

Los tres, referentes de la ilustración en España, presentaban este miércoles en Madrid una plataforma digital llamada Artgoritmo, dedicada a la divulgación y la venta de obra gráfica de pintores e ilustradores emergentes y consolidados. Después, charlaban con la SER acerca del estado actual de la ilustración en España.  

Ana Juan considera que “vivimos de ella, que ya es mucho. Se supone que hay un boom de la ilustración, que todo es muy fantástico, pero en este país, la ilustración no da para grandes alegrías”. Para Ricardo Cavolo, la situación tampoco es la mejor: “Yo soy el más joven de los tres y estoy de acuerdo, llevo diez años como profesional y han sido años durísimos. Es muy complicado porque se ha abierto la mente, pero hay muchos mecanismos económicos que no nos permiten estar tranquilos”. Sin embargo, Fernando Vicente cree “sí estamos viviendo un momento dulce de la ilustración”, aunque matiza: “pero esto caerá y volverá otra vez a subir; llevo treinta años trabajando en esto y es muy difícil vivir de la ilustración, a pesar de este momento que se está viviendo”.

A la hora definir con precisión a qué problemas se enfrentan, Ana Juan explica que se trata de un asunto fundamentalmente económico y de protección intelectual: “Tú trabajas en el extranjero y ganas tres, cuatro o cinco veces más lo que puedes ganar aquí y tus derechos están salvaguardados y aquí no. Aquí te pueden fusilar una ilustración, te pagan o no te pagan, hay que perseguir al cliente, y las remuneraciones son bastante ridículas”.

Fernando Vicente, que trabaja de forma habitual en prensa, cuenta que “con la crisis ha habido bajada de tarifas en prensa que ya eran bajas, y no tienen visos de subir”. Ricardo Cavolo explica que su carrera como ilustrador comenzó antes fuera de España, y explica que “siempre he visto el trato que hay en España con el cliente es un poco de pirata, en el extranjero te dicen qué presupuesto tienes y si te interesa o no y aquí, desde el principio, es cuánto cobrarías por esto… Una especie de lucha de espadas, a ver cuánto más nos quedamos nosotros, y eso es una tensión”.

Ana Juan señala que tiene la sensación de que, en los años 80, cuando ella empezó, ganaba más dinero que ahora, pero admite que hay algo en el mercado español que no existe fuera: “tienes más libertad, en el extranjero estás en manos del editor y siempre con el ‘pero’, y aquí te dan más libertad. Hay que elegir: libertad o dinero”.

Fernando Vicente cuenta que trabaja “con tarifas estándar y habrá gente que piense ‘verás este, como lleva tantos años, cobrará el doble que los demás’, y eso no es así, pero sí es verdad que tengo más opciones de trabajo. Pero muchas veces pienso que si yo, para sobrevivir y pagar el alquiler, necesito hacer cinco libros al año, una persona que está empezando de qué vive en esto de la ilustración porque se gana muy poco dinero”.

¿Lo llamamos boom cuando quizá solo sea una burbuja? “Es posible, yo no lo sé, pero ya hemos vivido alguna en este país”, contesta Fernando Vicente, que recuerda que “en los años 80 vivimos un boom del cómic en España, que luego fue una burbuja, y parecía que íbamos a ser Francia y no lo éramos. Un amigo mío recuerda que en esos años había 40 cabeceras de cómic en los quioscos y eso ha desaparecido totalmente. Cayó de la noche a la mañana, pero yo espero que la ilustración aguante un poco más”. Cavolo admite que no tiene perspectiva suficiente para concluir si estamos o no viviendo una burbuja, pero explica que este momento se parece a una especie “de ola, es como un empujón de agua enorme y hay una espuma que se acabará yendo, pero creo que tienen que pasar al menos diez años para que nos demos cuenta de si esto se ha mantenido o era otra burbuja”.

¿Existe la ética del ilustrador y en qué lugar la colocáis? Fernando Vicente responde que rechaza trabajos para partidos políticos, “la política actual a mí me produce mucho rechazo”. Cavolo explica que en su momento hizo “una 'cápsula' para Zara y cuando salió, mucha gente se me echó encima por el tema de los derechos humanos. Hay un componente ético, pero yo convivo con ello. ¿Cuántas personas pueden decir que no han llevado prendas fabricadas en condiciones infrahumanas? Tengo que vivir y pagar las facturas y la de mi hijo", pero el ilustrador explica que intenta compensarlo colaborando con ONG.

¿Habéis pensado en la posibilidad de que la ilustración se pueda convertir en un producto de consumo rápido? “Ya lo es”, responden los tres al unísono. “Hay gente que tendrá un hashtag en Instagram que será #ilustración y se verán en un minuto sesenta imágenes de las cuales no procesan ni una, ya es fast food”, dice Cavolo.

Los tres tienen redes sociales y las usan como porfolio, para mostrar sus trabajos, pero Cavolo añade que “ahora hay un consumo más rápido de todo y tenemos una prisa que antes no había, cuando se podía indagar tanto en el autor como en el libro (..) Ahora, con las redes sociales, hay una fascinación por ser ilustrador estrella, como si hubiera un extra de circo". “Hay demasiadas cosas iguales”, dice Ana Juan respecto a los jóvenes: “en todo este tiempo he descubierto a muy poca gente que tenga algo que contar y tenga un lenguaje propio, que es algo que consigues con los años y es difícil”.

¿Os gustaría exponer en un museo de arte contemporáneo? “Por supuesto”, contesta Fernando Vicente, “pero en este momento ni me lo planteo porque el mundo del arte moderno está alejado de la ilustración, por lo menos en España, aquí hay mucha frontera”.

¿De qué sirve el prestigio en este país, de qué os sirve a vosotros? Cavolo contesta que todo lo que hace “es porque me llega y me lo ofrecen” y Vicente, que el prestigio, además de poder elegir, le permite “hacer el trabajo como yo quiero”. "Yo vivo del prestigio, únicamente”, contesta entre risas Ana Juan. Explica que “el prestigio, en sí, no sirve nada más que para que te conozcan y tienes un Premio Nacional que realmente no sirve para gran cosa, no me ha dado ninguna oportunidad, digamos, por parte del Gobierno, ni tan siquiera me han organizado una exposición, nada”. Ana Juan añade que en este momento “no tengo trabajo, trabajo de encargo no tengo”. 

 

 

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