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Viernes, 22 de Noviembre de 2019

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Voto nulo, en blanco y abstención: mitos, diferencias y significados

Ninguna de las tres significan lo mismo. Repasamos qué son y qué efectos tienen

La abstención siempre se ha movido en España entre el 20% y algo más del 30%. /

Dos días tardaron los miembros de las mesas electorales de las primeras elecciones democráticas tras el franquismo en contar los votos. Un escrutinio de dos días que se explica, entre otras cosas, por la falta de experiencia de votantes, mesas y hasta apoderados. Muchas cosas han cambiado desde entonces y otras dudas permanencen casi inalteradas, las mismas creencias erróneas y las mismas confusiones que pasaron de padres a hijos. En cada cita electoral cabe una alcaración necesaria: ¿qué es el voto en blanco?; ¿qué es el voto nulo?; ¿tienen algo que ver con la abstención?; ¿en qué se diferencian entre sí y cuáles son sus efectos? Si existen diferentes conceptos es porque ninguno de ellos supone lo mismo y, de nuevo, es preciso aclarar algunos falsos mitos.

Que el voto en blanco perjudica a los partidos pequeños es una verdad que necesita matices

El sistema electoral español fija un umbral para las elecciones generales del 3% de los votos válidos emitidos. Es decir, antes de poder acceder al reparto de escaños a través de una fórmula matemática, la que conocemos como ley D'Hont, las formaciones pasan una primera criba: deben alcanzar el 3% de los sufragios en esa provincia -cabe recordar que en nuestro país son las provincias las que reparten los escaños, es decir, son las circunscripciones electorales-.

Cada provincia -hablamos del sistema que afecta al Congreso- tiene asignado un número de diputados en función, por un lado, de su población, y por otro del mínimo que fija la Constitución para todas ellas. De ahí que cada provincia reparta sus escaños; pero no podrán acceder al reparto los partidos que no superen ese umbral mínimo en la provincia. El umbral se fija sobre el total de votos válidos, es decir, todos aquellos que han sido emitidos correctamente -después aclararemos cuáles no lo son-.

Cómo se vota en blanco y cómo se computa este voto

Votar en blanco supone participar del sistema democrático sin expresar preferencias por ninguna de las opciones políticas que el sistema oferta. Basta con introducir en la urna un sobre vacío, el sobre para las elecciones -no otro- sin ninguna papeleta en su interior. Puede ocurrir que quien vota en blanco lo haga porque no le satisface ninguna de las fuerzas candidatas; pero interpretar su sentido tampoco es sencillo, pues indica insatisfacción en algún aspecto pero no la causa exacta.

En todo caso, hay consenso entre la mayoría de expertos al considerar que puede querer señalar la intención del votante de hacer ver que comparte la idea del sistema democrático porque participa de él; incluso cuando este no ha logrado proporcionarle una alternativa que apoyar.

El efecto para los partidos pequeños ¿existe realmente?, ¿se van esos votos a los grandes?

Con todo esto sobre la mesa, se desmiente el primer mito. El voto en blanco no recibe ninguna asignación, no va a parar a ninguna formación política, se cuenta como voto válido que no se computa en favor de nadie. Sin embargo, al ser voto válido, eleva el umbral del 3% necesario para entrar al reparto de escaños, de ahí que acostumbre a señalarse como perjudicial para los pequeños partidos.

En una provincia imaginaria en la que haya 100 votos para el partido A; 80 para el B; 50 para el C y 25 votos en blanco, el total de votos válidos sería 255, la suma de los de los partidos más los votos en blanco. Así que la barrera -el 3% de esos 255- se situaría en 7,65 votos; pero si creciera el número de votos en blanco, crecería el total de votos sobre el que se calcula ese 3%, es decir, el umbral mínimo. Un partido pequeño necesitaría más votos para superar esa barrera.

Peor ese efecto perverso que se atribuye al voto en blanco, el de castigar a través del umbral a los partidos pequeños, necesita matices. El umbral se aplica a todos los votos válidos, incluidos aquellos que van a parar a fuerzas muy pequeñas que se quedan sin representación. Por tanto, también votar a partidos muy pequeños, que no vayan a entrar en la cámara, eleva el umbral y perjudica a los partidos un poco más grandes, lo que puede, en algunos casos, cuestionar la lógica de desechar el voto en blanco.

Lo que dicen los datos: nunca el voto en blanco ha impedido a un partido entrar en el Congreso

Ningún partido desde las elecciones de 1977 que se ha quedado fuera del reparto de escaños habría entrado en él incluso aunque no existiera el umbral del 3%. Normalmente, para poder cazar un escaño, hay que tener más del 3%. Y ocurre también que el voto en blanco representa un porcentaje mínimo en España -nunca ha llegado ni al 2% del total-.

El voto nulo, 'La vida de Brian' y hasta la loncha de chorizo

Papeleta de Val do Dubra que en 2011 fue admitida como voto válido en primera instancia pero recurrida después a la Junta Electoral. / EFE

El voto nulo es aquel que no se computa como válido. Son, digamos, erróneos. Pueden ser nulos por no estar en la papeleta o sobre oficiales; en un sobre con más de una papeleta de diferentes partidos; una papeleta pintada, tachada o de algún modo alterada; cuando se vota para el Senado a más candidatos de los permitidos; o cuando quedan dudas acerca de a quién quiere votar ese ciudadano al, por ejemplo, marcar las casillas de los candidatos al senado.

El voto nulo puede ser producto de un error, torpeza o confusión del votante, pero también puede responder a un acto de protesta. En los últimos años se han incrementado las formas de emplear el voto nulo como acto de protesta. El BNG llegó a recurrir en 2011 ante la Junta Electoral una papeleta que se contó como voto válido en la localidad coruñesa de Val do Dubra. El voto, además de la papeleta del PP, incluía una loncha de chorizo. Tambíen hemos visto papeletas del Frente Popular de Judea, uno de los partidos de la película cómica 'La vida de Brian', y hasta preservativos. Todos ellos son, aunque a veces hayan requerido revisión, votos nulos.

La abstención y su interpretación

La abstención consiste, sencillamente, en no ir a votar, quedarse en casa, o allí donde el votante estime oportuno, sin acudir a las urnas. La abstención siempre se ha movido en España entre el 20% y algo más del 30%. El nivel más bajo se dio en las generales de 1.982.  En la pirmera victoria socialista la abstención fue del 20,03%. La más alta se dio en 2016, en la repetición electoral que amplió la victoria de Rajoy. Entonces no fueron a votar el 33,52% de los llamados a hacerlo.

Aunque puede vincularse a determinadas coyunturas, es muy difícil otorgar una interpretación incuestionable a la abstención. Existen diferentes motivos que se entremezclan entre sí, sin que podamos saber por qué opta por la abstención cada uno de los votantes. En cualquier caso, podemos distinguir:

- Abstención forzosa; en los casos en que el votante no puede votar por razones ajenas a su deseo. Un ejemplo es el voto rogado de aquellos que, viviendo en el extranjero, no han podido completar el proceso de voto a tiempo por lo complicado del sistema.

- Abstención activa o pasiva; en el primer caso se considera que el elector no va a votar como forma de protesta contra el mismo sistema o contra sus representantes; en el segundo por mera falta de interés en la política.

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