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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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Campano, el artista que dinamitó la pintura española en los 80

El Museo Reina Sofía expone al última exposición que preparó el madrileño Miguel Ángel Campano, antes de fallecer

La pintura española también vivió una época de esplendor en los 80. Unos años en los que en España pasaban muchas cosas en el ámbito político, económico, social y cultural que permeaban en todos los ámbitos del arte. La Movida y otros movimientos underground se llevaban todos flashes, pero hubo más. Un arte nuevo para un tiempo nuevo, el de la transición. Una serie de artistas como Miquel Barceló, Ferrán García Sevilla, José María Sicilia y José Manuel Broto revolucionaba la pintura española. Junto a ellos estaba Miguel Ángel Campano, uno de los más inclasificables de aquel grupo.

Campano es un artista posmoderno. Es decir, que captó algo propio de la época en la que despuntó: la influencia de todos y de todo. Fue, por tanto, un pintor profundamente heterogéneo que ha buscado dialogar con determinados artistas importantes de la tradición: Poussin, Delacroix, Gris, Guerrero, Cézanne…y que ha estado influido por infinidad de movimientos y tendencias. Todo eso se expresa en D'arpès, la exposición que comisaria Manuel Borja-Villel en el Museo Reina Sofía. "Hay un encasilamiento en los pintores de la época y él rompe todo eso".

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No es casual el título de la muestra, que se refiere a esos artistas "a partir de" los que Campano compuso sus obras. Por eso viendo la retrospectiva, ordenada de manera cronológica y compuesta por más de un centenar de obras, asistimos de alguna manera a la evolución del arte en las últimas décadas.  Fue el último proyecto en el que el artista participó antes de fallecer, hace un año.

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Campano tuvo un periodo en el que coqueteó con la abstracción geometica, un trabajo que desarrollaron artistas como Gustavo Torner y el Grupo de Cuenca. También se acercó al expresionismo abstracto norteamericano, al de Kline y Motherwell. No descuidó la influencia de la literatura. Uno de sus trabajos clave fue la serie Vocales, que realizó en torno al soneto de Rimbaud, en el que el poeta asocia imágenes y colores a los sonidos de las vocales.

Esa obra le llevó a París y la ciudad a acercarse a pintores galos tan diferentes como Cézanne, Delacroix y a Poussin. En obras como Bacanal o Naufragio vemos su acercamiento a estos pintores. De París pasamos a su etapa en Mallorca en los años 80, donde comenzó a compaginar las naturalezas muertas con las naturalezas vivas. Y ya en los noventa dio un giro al uso del blanco y negro en una serie de obras entre las que destacan Elias o Plegaria.

El cambio de siglo nos acerca a un Campano que dialoga con la obra de José Guerrero, uno de sus grandes amigos. Guerrero había mostrado la muerte de Lorca en La Brecha de Víznar y Campano homenajeó ese cuadro con una serie de intervenciones. "No me interesa lo que llaman estilo", decía una y otra vez. Quizá eso es lo que le hacía moverse de un sitio a otro.

Hijo de militar, la muerte de su padre fue un duro golpe. También su salud. Dos embolias y un derrame cerebral que dio un giro a su vida. Campano dejó su casa de Mallorca, para trasladarse a Madrid, ya en silla de ruedas, algo que le separa de la pintura. Los últimos años de su carrera se decanta por sus Patrañas, unos mosaicos o esculturas que configuró con colillas, azucarillos y otros restos. Campano se resistía a dejar de crear a pesar de la silla de ruedas, a pesar de su pierna, de la enfermedad. Esta exposición le devolvió la ilusión, no la vio acabada; pero esta retrospectiva pone en contexto la obra de un pintor clave en el arte español.

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