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Viernes, 06 de Diciembre de 2019

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La orfandad del votante verde en España: sin partido potente ni proyecto claro

Expertos y dirigentes políticos analizan para 'Hoy por Hoy' los motivos por los que los partidos verdes no tienen en España la fuerza institucional que sí poseen en otros países de Europa

El poco arraigo del voto verde o la poca autonomía de los partidos verdes es algo que no sólo ocurre en España, también se da en Portugal, en Italia y Grecia, es decir, que es un fenómeno típico del sur de Europa. ¿Por qué? Pues los factores son heterogéneos. Según el politólogo Pablo Simón, hay una circunstancia histórica clara: “De un lado, los partidos verdes tienen a surgir en Europa a partir de los años 60-70, al calor de las protestas de mayo del 69, sin embargo, en España la protesta es mucho más tardía, todavía no era democrático, por lo tanto la demanda de este tipo de partidos fue mucho más residual”.

Además, se suman otras diferencias de tipo económico y cultural que nos explica la también politóloga y profesora de sociología de la Universidad de Zaragoza, Cristina Monge: “En el sur de Europa han primado políticas desarrollistas y normalmente han considerado el medio ambiente como un impedimento para su economía, sin embargo, en el norte no ha sido así, más bien al contrario. Por otro lado, también hay quien considera que estas diferencias tienen que ver con cuestiones culturales y de valores”.

Los inicios

Todo ello se suma al hecho de que, a lo largo de su historia, los partidos que se han podido considerar más o menos verdes han tenido en España un recorrido autónomo muy corto. El primer partido verde que se creó en España se creó en 1984 y se llama -porque todavía existe- Los Verdes. Su portavoz actual, Joan Francesc Peris recuerda que “la federación de Los Verdes se fundó a raíz de un manifiesto de Tenerife del año 1983, donde se hicieron unas jornadas de cine y ecología en las que participó Petra Kelly, así que contó con ese impulso de la fundadora de Los Verdes alemanes".

Desde entonces, Los Verdes tratan de hacerse hueco en una España recién salida de la transición. Los primeros concejales los consiguieron en el 87. Costaba mucho par armarse como partido nacional. Comenzaron a surgir multitud de siglas que utilizaban ese nombre, Los Verdes, como apellido y la formación original comenzó a disgregarse en coaliciones e integrarse en otros partidos. “Las formaciones políticas nítidamente verdes han quedado dentro de formaciones más amplias del ámbito de la izquierda”, añade Cristina Monge.

En la actualidad

En los últimos años ha habido algún intento de reunificación del movimiento verde, como es el caso de Equo. “Es difícil cuantificar el voto verde en España. Si nos basamos en los votos de Equo en 2011, fueron 350.000 y a mí me parece que cuantitativamente la cosa puede ir por ahí”, apunta Juancho López Uralde ya no está en Equo, porque la formación decidió presentarse con Más País en las últimas elecciones. El partido que lidera Íñigo Errejón puso la transformación ecológica en el centro de su apuesta política, en un intento de parecerse lo máximo posible a un intento de partido verde.

La politóloga Cristina Monge cree que estamos en un momento de transición, en el que no se puede saber si el voto verde crecerá en España, pero asegura que “el conjunto de los temas ambientales ya forma parte del acervo, de los programas y de la preocupación de los partidos”.

De momento ese voto verde se lo están llevando los partidos de izquierdas, a diferencia de los partidos verdes europeos, que pueden incluso frenar a la ultraderecha en algunos casos. El PP y Ciudadanos recogen en sus programas algunas medidas que sí se pueden considerar así, pero defienden un modelo económico que podrá chocar con ellas. Vox directamente es negacionista, para ellos el cambio climático no existe.

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