Viernes, 14 de Agosto de 2020

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¿Sabe peor el agua del baño que el de la cocina? La verdad sobre el mito

Una encargada de obra y una científica abordan el asunto

El agua del grifo sabe peor, según el mito urbano.

El agua del grifo sabe peor, según el mito urbano. / Sean Gallup (GETTY IMAGES )

El día a día está lleno de costumbres asentadas que en ocasiones se basan en mitos infundados. Hay quienes prefieren beber el agua del grifo de la cocina y no hacerlo del baño. La razón es que le encuentran peor sabor. Como si fueran dos tipos de agua distintas. 

"Las tuberías antiguas eran de hierro, luego se sustituían por las cobre y ahora se pueden hacer tanto de cobre como de monocapa, un material moderno más flexible y cómodo para hacer la instalación", explica Almudena Rey, decoradora y encargada de reformas

"Puede que una misma instalación tenga las tuberías ascendentes en hierro y que si se reformó solo el baño se pusieran de cobre y si más tarde se cambian las de la cocina, se pongan de monocapa. La casuística es variable, en todo caso no justifica un cambio en el sabor del agua. Sí es cierto que en las tuberías de hierro, y por eso se sustituyen, se acumula óxido y porquería y eso puede incidir en el sabor, pero en todo caso sería imperceptible", explica. En ocasiones, las casas tienen dos ascendentes con materiales distintos, sobre todo en las viviendas antiguas con los contadores en la parte de abajo.

"El agua que sale por un grifo y por otro es la misma"

La farmacéutica y divulgadora científica, Gemma del Caño, defiende que el agua que sale por los grifos de los baños y las cocinas es la misma. "Pueden ser las tuberías o que el entorno es distinto pero el agua es la misma", insiste.

El mito de los distintos sabores viene de viejo y Gemma del Caño ha vuelto a compartir el hilo de Twitter que hizo sobre una cata de aguas en su propio domicilio. La pregunta inicial sobre la investigación casera fue: ¿El agua del grifo de la cocina sabe distinta a la del baño? A partir de ahí, el objetivo era hacer una cata triangular. Y dejaba claro algo fundamental: el que prepara no puede catar. E invitaba a todos lo que quisieran a hacerlo en sus domicilios. 

La cata definitiva

El primer paso para hacer una cata de aguas es la recogida de muestras. Gemma del Caño llena dos botellas de agua. Una con la que sale del grifo de la cocina y otra obtenida del baño, identificada en la tapa con la B. 

En la cata triangular se ponen tres muestras, una de ellas es distinta, dos son iguales y hay que intentar acertar cuál es la distinta. Para beber el agua hay que elegir los vasos exactamente iguales, con tres números aleatorios para que el cerebro no priorice una muestra sobre otra. Los catadores tendrán una plantilla, evidentemente sin los resultados. Una de los vasos tiene agua del baño -identificado con B en la plantilla de quien prepara la cata- y las otras son de la cocina. 

Los catadores prueban los tres vasos y señalan en la plantilla la que notan que tiene un sabor distinto. Es recomendable hacer la cata en un lugar donde no haya olores para evitar que pueda influir en el resultado. Tras realizar la cata, la conclusión fue que no se identificaba como diferente de sabor el agua del grifo del baño. Por lo tanto, no hay evidencias que sostengan este viejo mito. 

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