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Martes, 25 de Febrero de 2020

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Un fondo de inversión, a punto de hacerse con el control del dominio '.org'

El dominio '.org' es uno de los pocos espacios de Internet que no está en manos de empresas con ánimo de lucro. Ahora está a punto de pasar a manos de un fondo de inversión privado dispuesto a pagar 1.000 millones de euros

Para hacer rentable la compra, el fondo puede vender datos, subir los precios o reducir los costes de mantenimiento: "El interés público del dominio desaparece a costa del enriquecimiento de un par de millonarios"

Cientos de organizaciones se han movilizado para evitar la operación: se han unido en una cooperativa para controlar el dominio manteniendo su interés público

La batalla para que el control del dominio '.org' no acabe en manos de un fondo de inversión privado

La batalla para que el control del dominio '.org' no acabe en manos de un fondo de inversión privado / Getty Images

Hay pocos espacios en internet que no sean propiedad de empresas privadas. Los dominios, los ‘apellidos’ que escribimos al final de una url como ‘.net’ o ‘.com’, son, en su mayoría, propiedad de empresas con ánimo de lucro que cobran una tasa por su uso. El que utilizan las organizaciones sociales o no gubernamentales, el dominio ‘.org’, aún no. Está gestionado por una asociación sin ánimo de lucro. Pero en noviembre esa asociación anunció su intención de vender el control del dominio a un fondo de inversión de capital privado.

El fondo, Ethos Capital, que tiene menos de un año de vida, está dispuesto a pagar más de 1.100 millones de euros por el control de ‘.org’. Hay diez millones de organizaciones que usan el dominio ‘.org’ para su página web o sus comunicaciones vía email. Entre ellas, la propia ONU, ACNUR, Médicos Sin Fronteras o Wikipedia. Usar ese dominio cuesta al año unos siete euros. Solo con el control de esos dominios el fondo de inversión va a ganar 100 millones de euros al año, pero para hacer rentable la compra y obtener, además, beneficios, puede llevar a cabo otras muchas acciones con consecuencias directas en esas organizaciones y asociaciones que utilizan el dominio, como la venta de datos.

La operación está a punto de confirmarse y ha provocado que cientos de organizaciones, ciudadanos y también algunos congresistas estadounidenses, como Elizabeth Warren, se unan y muestren su preocupación para intentar frenarla. Aseguran que, de producirse la venta, el interés público del dominio desaparecería a costa de la especulación y el enriquecimiento de un par de millonarios.

“El problema es que esto va a pasar sin regulación, sin ningún adulto controlando lo que está pasando. Es un comportamiento irresponsable que viene de personas que intentan extraer demasiado dinero del sistema”, explica Bill Woodcock, el director ejecutivo de Packet Clearing House y una de las personalidades del mundo de internet que ha alzado la voz en contra de la operación.

Subir precios, vender datos o reducir inversión

Uno de los principales temores de las organizaciones que defienden los derechos en internet es que el fondo de inversión se dedique a vender los datos que manejan esos dominios. Con la venta, esa vía especulativa que ya utilizan otras muchas empresas, queda abierta de par en par.

“No hablamos solo de la información de la organización sin ánimo de lucro que utiliza el dominio, también de toda la comunicación interna y los metadatos, es decir, qué individuos intentan comunicarse con esa organización; qué individuos se meten en la página web; qué personas mandan emails o qué transacciones se producen”, explica Woodcock en una entrevista telefónica con la Cadena SER. “Puede ser desde una mujer buscando cómo puede abortar porque en su país está prohibido o una persona buscando coordinarse con otra que tenga su misma ideología política. Y todos esos individuos no estarían expuestos solo a una compañía, si no a todas las empresas que estuvieran dispuestas a pagar por esos datos”.

Otro de los movimientos que se esperan es la reducción de costes. La compañía que controla ahora los dominios está invirtiendo 30 millones de dólares al año para proteger las infraestructuras y evitar, por ejemplo, ciberataques. “Los dominios utilizan una infraestructura de unas 200 instalaciones alrededor del mundo. Esas instalaciones tienen que ser construidas, actualizadas y revisadas. Y eso cuesta mucho dinero. El fondo planea gastarse 300.000 de dólares. Es un recorte de más del 90%”.

Woodcock, el director ejecutivo de una organización que se dedica, precisamente, a investigar y apoyar las infraestructuras de internet, asegura que con ese recorte se pone en riesgo la seguridad de los dominios. “No hay un solo momento en el que una de las infraestructuras de ‘.org’ no esté sufriendo un ciberataque y hasta ahora no hemos sufrido ninguna parada. Ahora nos arriesgamos a estar tres días al año sin que las organizaciones que utilizan el dominio puedan comunicarse. Puede sonar irrelevante que una pequeña ONG esté tres días al año sin poder comunicarse, pero si lo trasladamos a organizaciones como Naciones Unidas, la UNESCO o la Cruz Roja se transforma en un problema gravísimo. IATA, la organización que controla el tráfico aéreo a nivel internacional depende del ‘.org’ para comunicarse. No queremos que los vuelos internacionales se paralicen tres veces al año para que unos cuantos millonarios puedan ganar cientos de dólares más. No es un coste social razonable”.

Subir los precios sin límite

En junio de 2019, ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers), la organización sin ánimo de lucro que coordina la gestión de los dominios en internet, aprobó una medida muy polémica que permite subir sin restricciones el precio de las tasas que se pagan al usar un dominio. En el caso de ‘.org’ son unos siete euros al año, pero después de la compra de la gestión por parte de Ethos Capital se espera que eso cambie.

El fondo de inversión asegura que intentará mantener los precios “accesibles”, pero desde el sector dudan que eso vaya a ser así y dan por hecho que los precios de las tasas subirán hasta que terminen convirtiéndose en inasumibles para muchas organizaciones. “Este tipo de empresas tienen la tecnología necesaria para saber cuál es el precio máximo que está dispuesto a pagar alguien por un dominio antes de que entren en bancarrota, antes de que sea demasiado para ellos y tengan que buscarse una alternativa”, explica Woodcock. “Así que, ¿qué pasaría si, por ejemplo, Médicos Sin Fronteras no es la organización dispuesta a pagar el precio más alto por su dominio? Habrá otra empresa que sí esté dispuesta. ¿Qué hace Médicos Sin Fronteras?, ¿renombrar su organización y cambiar de página web?, ¿demandar a la empresa?”

“El dominio ‘.org’ era uno de los pocos espacios de internet que no había sido atrapado por intereses comerciales, una de las pocas que no tenía como protagonistas a empresas privadas. Creo que, así, el interés público sufre mucha más presión y me provoca mucha tristeza, pero creo que ya está bajo mucha presión en el ecosistema de internet”, lamenta Marietje Schaake, la directora de política pública del Cyber Policy Center de la Universidad de Standford. “Hay muchas preguntas que aparecen cuando entiendes que es un fondo de inversión en el que está involucrado en esto y no una organización sin ánimo de lucro. Simplemente tienen objetivos diferentes”.

Una operación opaca

La falta de transparencia en la compraventa ha sido una de las cuestiones que más sospechas ha levantado en el sector. Detrás de Ethos Capital, el fondo de inversión, hay antiguos miembros de ICANN, algunos de los que participaron, de hecho, en la retirada de los límites a los precios. Son personas que conocen los entramados de la organización y que han manejado, durante años, información confidencial. El fondo cuenta, además, con el dinero de tres millonarios estadounidenses con conexiones al partido republicano. Por eso, los que se oponen a la operación están convencidos de que Ethos Capital ha sido creado ad hoc para esta gestión.

“El fondo no conoce todos los detalles de la industria, así que depende de personas que han estado allí y que saben cómo funcionan las cosas. Son gente que se ha dedicado a cambiar las normas y que, después, han participado en la creación de esta compañía con el dinero de esos republicanos para aprovecharse del cambio de legislación. Es un movimiento corrupto horrible”, afirma Woodcock.

Cientos de organizaciones han mandado preguntas a las compañías involucradas en la compraventa para que aclaren los detalles, pero aún así, siguen faltando muchos datos. “La gente sospecha porque todo se está haciendo de forma absolutamente opaca. Rompe una tradición porque en este mundo, el de ‘.org’, siempre se ha trabajado con mucha transparencia y con la participación de partes muy diversas. Ahora ni siquiera se ha contado con la participación de las organizaciones que utilizan el dominio. Eso hace que la gente se pregunte qué más no sabemos, por qué se está haciendo todo tan rápido y sin dar más opciones”, plantea Schaake.

La solución: una cooperativa

Bill Woodcock y Marietje Schaake son parte de un grupo de personalidades del mundo de internet y de las organizaciones sociales que se han unido para plantear una alternativa a la venta del dominio ‘.org’ a un fondo de inversión. La solución que presentan es una cooperativa en la que todos los que se registren en el dominio sean, a la vez, los dueños del mismo.

“La idea de la cooperativa es para mostrar que hay una alternativa, que si ISOC, que es la compañía que controla ahora el dominio, ya no quiere seguir administrando ‘.org’ no solo existe la opción de venderlo a una firma privada. Se puede formar una cooperativa donde los miembros tengan voz en la toma de decisiones y exista una garantía de que se va a preservar el interés público”, explica Schaake.

La decisión de frenar la compra está en manos de ICANN. La organización tiene que dar el visto bueno a la compra y puede argumentar que Ethos Capital no es la compañía apropiada para gestionar ese dominio. Es lo que le piden cientos de organizaciones. Argumentan que en los principios de la organización está actuar a favor del interés público y para la estabilidad de internet y ven esta decisión como una prueba para valorar si realmente cumple o no con sus responsabilidades.

Los que se oponen a la venta aseguran, además, que de producirse la operación, lo peor está por venir. Temen que, pasados unos años, el fondo termine vendiendo el control a otra empresa privada por una cantidad mucho más elevada.

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