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Martes, 02 de Junio de 2020

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Mariscal pone color al confinamiento

El diseñador valenciano dibuja y comparte en Instagram desde su terraza las vistas que compartimos todos en este momento de confinamiento

Ilustraciones de Javier Mariscal en su perfil de Instagram

Ilustraciones de Javier Mariscal en su perfil de Instagram / CEDIDA

Pintor, diseñador, dibujante de cómics… trabaja en todo tipo de soportes y disciplinas artísticas: diseño gráfico, paisajismo, pintura, escultura, Ilustración, animación, diseño de producto, diseño de interiores, multimedia; sin dejar de traicionar nunca su identidad de dibujante. El valenciano Javier Mariscal sigue pintando cada día, con su ordenador, todo aquello que avista desde su ático cerca del Mediterráneo en Barcelona. De sus manos han salido imágenes icónicas para la historia de España, como la mascota de los Juegos Olímpicos o de la Expo de Sevilla.

Ha hecho cine de animación y estuvo nominado al Oscar por Chico y Rita, la película dirigida por Fernando Trueba. Precisamente, el Estado de Alarma por el dichoso coronavirus, le ha pillado en preparando la segunda película con Trueba. Mariscal está trabajando en los dibujos preliminares de They Shot the Piano Player.

¿Cómo lleva el confinamiento?

Lo llevo muy bien. Tengo mucha suerte, una casa pequeña, un ático con una gran terraza y muchas plantas. Hay mucha luz, se escuchan muy bien los aplausos, las sirenas de los barcos. Vivo al lado del puerto de Barcelona. Vienen muchos pájaros y todo es relajado. Hay más silencio estos días y se ven muy bien las luces del Tibidabo por las noches. Tengo mi ordenador del estudio y mi trabajo se concentra en eso. Qué pena que no trajera las acuarelas y los óleos, porque también me apetece trabajar en papel.

¿En qué está trabajando?

Estamos ahora en un proceso con conferencias de esas que se te ven las caras, un proyecto con Fernando Trueba que es una película de animación. Eso es lo que echas de menos, el poder tener reuniones, encuentros cara a cara, tocarse, ver los gestos. Es muy frío esto de las conferencias modernas, siempre hay silencios. Yo siempre reivindico la soledad, el no hacer nada, el aburrirse, el no tener horario. No suelo ver la televisión ni escuchar la radio.

¿Cómo va la película? ¿Cuándo la veremos?

Son trabajos que son como crear un edificio. Muy lento y es sobre un documental, una historia de Fernando Trueba en 2010 o 2012, que estuvo en Río de Janeiro tratando de encontrar la historia de un pianista que había desaparecido. Es muy realista, pero al mismo tiempo pasan cosas de ensueño. Es una mezcla muy bonita, pero es mucho trabajo. Espero que en dos años o tres ya tengamos la película. ES un proceso largo, estamos en la primera creación de verdad, preparando la producción. Esperemos que todas las financiaciones, que están congeladas, se descongelen. Si no llega el dinero, pues seguiremos haciéndolo, más lento, pero tirando.

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¿Ha cambiado mucho su rutina o su forma de mirar como dibujante?

Soy persona de alto riesgo, tengo 70 años y tengo todo lo relacionado con los corazones y los azúcares, así que procuro salir lo menos posible de casa. Hay veces que ves a los hijos por el teléfono y acabas llorando porque tienes ganas de verlo. Pero insisto, soy un enchufado desde que nací, me divierto mucho con lo que hago, me gusta. Procuro pensar que esto tiene que pasar y ver la parte positiva. Creo que es la primera vez que todo el mundo, de norte a sur, nos hemos dado cuenta de que vivimos en una misma casa, y que estamos todos conectados mucho antes de Internet. Conectados con la naturaleza y en esa misma casa vivimos todos. Si no estamos coordinados y no hay gran solidaridad y no entendemos que lo que pase en Hong Kong afecta a lo que pase en Sudáfrica no haremos nada. Tenemos una sola casa y hay que cuidarla

Vemos que últimamente, en sus redes sociales, publica todo el rato balcones, terrazas, vistas desde la ventana… ¿Es ahora mismo la mirada que tenemos todos los españoles?

Tengo la terraza y un balcón que da al interior. Es el típico patio de Barcelona de 1800 y que está muy cuidado. Abajo vive una familia de francesas y yo tiendo y miro y procuro que haya muchas plantas. Las plantas son muy listas, muy agradables, y ahora con la primavera están espléndidas. También tengo una pequeña huertecita con acelgas y tenía que haber plantado los tomates, pero no me ha dado tiempo.

A través de las redes sociales, de Twitter y de Instagram, se está consumiendo mucho dibujo, muchas ilustraciones, ahí está el éxito de las portadas de New Yorker, ¿comparte esa percepción?

No, desde hace mucho tiempo no me meto en redes. Instagram lo lleva mi hija y me va pidiendo que le envíe ilustraciones. Me pide que dibuje y lo publica. Estamos continuamente en contacto. Voy enviando cosas que pinto. Quizá soy un poco insolidario, pero no quiero ver la tele. Nunca hemos tenido televisión. Mi padre no tenía y luego yo me hice hippie, y los hippie no veíamos la tele. Nunca me ha gustado, creo que los medios amplifican el mal rollo. Sí que me importa lo que pase y estoy muy pendiente, pero a veces me satura el altavoz que tienen algunos. Creo que deberíamos presionar a los políticos para que pacten más y que la sociedad civil tenga más protagonismo. Claro que no es lo mismo un gobierno como el que tenemos que el de Rajoy, pero mi energía no la quiero gastar en ver en redes qué ha dicho uno o qué ha dicho otro. Tengo una profesión que tengo que estar bastante concentrado en colores, puntos, rayas y este tipo de cosas. No puedo con tanta cosa, me abruma, me cambia el ánimo porque la vida es maravillosa, el 99,9 por ciento de las personas son buenas y lo que queremos es vivir en paz, lo más plenamente posible.

También se viralizó el regalo que le hizo al Gran Wyoming, una ilustración de la Gran Vía de Madrid, vacía, que es un poco el reflejo de las grandes ciudades en este confinamiento, ¿cómo surgió esto?

No veo mucho la tele, como te decía, pero sí a veces a Wyoming, a Chechu. Fernando Trueba me dice muchas veces “ponte al Chechu”. Me parece genial lo que está haciendo Gyoming, un contrapunto. Y yo le debía una pintura de la Gran Vía, un cuadro en óleos. Le dije que no tenía los óleos y que no podía ir al estudio, pero se lo hice por ordenador. Se buscó una impresora y no sé si los colores le han quedado bien o no. Cuando vuelva al estudio le haré otro con tintas alemanas que tenemos que no cambia el color en no sé cuántos años… ¡Cómo son los alemanes!

 

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