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Domingo, 31 de Mayo de 2020

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Lola Flores: la cantante favorita de Franco también fue un mito 'queer'

Se cumplen 25 años de la muerte de una de las cantantes más populares de las últimas décadas en la música y la cultura españolas

Lola Flores, durante un concierto en 1982

Lola Flores, durante un concierto en 1982 / Getty Images

"No canta, no baila, pero no se la pierdan". Fue la crítica de The New York Times en 1979 antes de su actuación en el Madison Square Garden, sobre Lola Flores, una de las artistas más populares de la historia reciente de España. Quizá estaba ahí la clave de lo que consiguió como artista: convertirse en icono inmortal. Aún hoy lo es. No solo porque sus hijas hayan continuado en la música o su nieta se haya convertido en una actriz de éxito; sino porque el público español sigue recordando a ese terremoto nacido en Jerez de la Frontera en 1923. ¿Qué tiene Lola Flores para haber conquistado a público totalmente diferentes?

"Se convirtió en un ejemplo para muchos, al provenir de una familia humilde y luchar por sus sueños hasta llegar a la cima del espectáculo, cumpliendo su más grande sueño: bailar y cantar”, decía su hija Lolita en uno de los conciertos homenaje que le ha dedicado. Siempre se destacó que la clave de esa conexión con el público estaba en su origen humilde. Hija de un tabernero y una costurera, comenzó a trabajar siendo una niña en los tablaos madrileños primero. Después, en escenarios de todo el mundo. Fue así convirtiéndose en artista e icono. Luego sus discos, su paso por el cine, que también ayudó. Y su presencia en la prensa del corazón o su incursión en la televisión, acabarían de formar el personaje, capaz de cantar y bailar o de sacar su bola de cristal para leer el futuro a los invitados, todos amigos. Eso nos dejó uno de los momentazos televisivos de la Faraona con Carmen Sevilla hablando de sus ligues. 

No escondía su vida. Dijo que había abortado, que dejó de ser virgen e incluso que cobró al principio cuando se acostaba con clientes que iban a verla al tablao. En una entrevista en una serie documental de Antena 3 emitida en 1994 donde la propia Flores destripaba su vida sin tapujos. El coraje de vivir, Lola Flores contó cómo siempre la acompañaba su madre en esas primeras actuaciones, pero una vez en Valladolid tuvo que volver porque su hermana estaba enferma. "Estaba completamente decidida a que mis padres y mis hermanos no pasaran hambre", reconoce. En ese momento estaba bien considerada, pero la precariedad entre los cantantes del flamenco. "Me citó en el Hotel Nacional y allí acudí a pagar con mi cuerpo la deuda contraída", reconoce Lola Flores en esa entrevista recogida por Fernando López Rodríguez en el libro Historia Queer del flamenco.

Su sinceridad, desparpajo, gracia sumado a una forma de hablar que caló en todo el público. Tenía un lenguaje propio, que aún hoy resuena incluso en las generaciones que no vibraron con su música y su cante. "Si me queréis irse", "Con una peseta que me dieran", frase con la que inventó el "crowfunding", algo tan de moda ahora, tras su deuda con Hacienda. Lola Flores no era solo artista, era el personaje, que conquistó a todo tipo de público. Hasta Franco. "Franco me dio paz a mí y a mi familia", reconoció una vez.

Después matizaría el discurso: "Dicen que soy la Lola de Franco, pero eso son seudónimos que me saca la gente. Soy del pueblo y nunca he querido ser marquesa", diría años después ya en democracia. Lo cierto es que Lola Flores, igual que otros artistas, acudía cada 18 de Julio -día del alzamiento militar franquista- al palacio de La Granja para cantar y bailar delante del dictador. 

El Franquismo quiso hacer del Flamenco un emblema de su idea de España y lo convirtió en un atractivo para turistas de todo el mundo, en un momento en el que al régimen le interesaba fomentar el turismo. Fue el apogeo de los tablaos madrileños. Franco necesitaba a esos artistas y ellos, probablemente, no tuvieran muchas opciones de decir que no.

Mientras todo eso pasaba, en otros tablaos, había una serie de artistas que empezaban a ejercer un travestismo dentro del flamenco, como relata Fernando López Rodríguez. Hombres vestidos de mujeres que imitaban en los escenarios a sus cantantes favoritas: Rocío Jurado y, por supuesto, a Lola Flores. Ocurría a finales del franquismo y ocurre también en la actualidad, en el ámbito de la música pop, con artistas como Nacha la Macha o Kika Lorace, que en el videoclip recrea una de las anécdotas más famosas de Lola Flores, cuando paró una actuación en la sala Florida Park de Madrid porque había perdido uno de los pendientes que llevaba porque "le había costado mucho dinero".

Llegó también al público más cinéfilo. Hizo cine popular, Ay pena penita pena, Morena clara, María de la O, Venta de Vargas, Truhanes o la serie de televisión Juncal. Películas populares, pero también trabajó con uno de los directores de referencia del cine español de las últimas décadas. Carlos Saura. Sevillanas fue una película que el director aragonés rodó en 1992 con Lola Flores. Una combinación de película documental y musical en la que además de la artistas aparecían amigos como Matilde Coral, Camarón de la Isla, Tomatito...

¿Qué tipo de mujeres representan Lola Flores para que estos artistas en los márgenes las imitasen? Responde en su libro López Rodríguez que, en el caso de Lola Flores, fue su carácter flamígero, su energía, su mezcla de cante, baile y palabras recitadas, su emoción casi de mujer poseída. Una mujer vencedora, algo que conecta con muchos travestis. De alguna manera, tanto Lola Flores como Rocío Jurado, fueron mujeres que rompieron una de las tradiciones del patriarcado en la escena.

Eso que decía John Berger de "los hombres actúan, las mujeres aparecen". Rompieron el juego de miradas y de ahí la importancia para un colectivo queer.

También su forma de vestir influyó. "El estilo de Lola Flores es único, creó tendencias con sus excesos y sobre todo puso de moda el folclore español y la cultura gitana", asegura el diseñador Leandro Cano, quien se inspiró en esta y otras folclóricas para crear su última colección, A tu vera presentada en la última edición de la semana de moda de París. Consciente de que su estilo, en ocasiones recargado, levantaba suspiros y pasiones, montó su propia boutique en el centro de Madrid. Entendió, como pocas, cómo convertirse en un icono inmortal.

Lola Flores, al igual que otros artistas de la época, como Antonio Gades, Marisol o Sara Montiel acudían a esos espectáculos underground en las salas. Está la anécdota de cuando la Faraona, tras ver a imitación que Paco de España, un travesti, hizo de ella misma, quiso denunciar al local por dar una mala imagen de ella. No era tanto por el tema queer, sino porque no le gustó el espectáculo. Ya en democracia, pero sin la libertad sexual que disfrutamos ahora, presentó en su programa de televisión Lola, Lolita, Lola a una serie de mujeres transexuales de la siguiente manera: “Estas mujeres que voy a presentar han sufrido muchísimo y yo soy una admiradora y las trato con mucho respeto. Porque tienen todo el respeto de todo el que sabe estar en esta vida, que cuesta todo mucho cuando se nace con una cosa en la cabeza. Quiero que tengan ustedes un respeto imponente por estas personas”. 

Ese mismo año murió. El 16 de mayo de 1995 después de un cáncer de mama. Su música no se ha olvidado. Lola de España está presente en camisetas, tazas, láminas, bolsos e incluso Google cayó rendido a sus pies y dedico un doodle. "Hoy celebramos el aniversario de la inimitable, la irrepetible: Lola Flores GoogleDoodle" Tampoco un personaje que sigue conectando con las nuevas generaciones. Los millennials han convertido su imagen en gif y memes que se comparten en las redes sociales y siguen repitiendo algunas de sus frases: “¿Quién no se ha dao’ un pipazo con una amiga", o  "Tú lo que quieres que me coma el tigre" permanece viva en la memoria, no solo como artista, sino también como autora de un estilo cuajado de rebeldía y jaleo, que hoy sería viral.

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