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Martes, 02 de Junio de 2020

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La vidas precarias entran en los museos

Abre en Extremadura el primer Museo de la Precariedad que recoge testimonios de las personas jóvenes de la región más vulnerables

Catálogo de los objetos expuestos en el Museo de la Precariedad

Catálogo de los objetos expuestos en el Museo de la Precariedad / CEDIDA

El arte sirve para entender las particularidades de la vida. Algo que han querido llevar al último extremo los creadores de la iniciativa Museo de la Precariedad. Un proyecto que quieren que sirva para indagar en los problemas que sufren las personas jóvenes.

Ha sido el Consejo de Juventud de la Junta de Extremadura quien ha puesto en marcha este museo interactivo alarmado por las cifras. En la región el riesgo de pobreza y exclusión social afecta al 58, 4 por ciento de toda la población. Pero además, el 46 por ciento de los jóvenes extremeños están en paro. De los que trabajan, solo un 3 por ciento tiene contratos indefinidos y solo 17 de cada 100 personas jóvenes consiguen emanciparse. "Son datos alarmantes, porque detrás de ellos hay gente sufriendo y pasándolo muy mal. Queríamos visibilizar ese sufrimiento de alguna manera y encontramos la idea de hacer un museo, una forma más visual y llamativa", explica Ismael Pérez, miembro de este consejo de la Juventud.

"Es un proyecto artístico que denuncia la realidad que tenemos en Extremadura. Tenemos 15 obras, cada una de ellas representan una historia. Detrás de cada objeto hay una historia de precariedad juvenil, de personas jóvenes que sufren en la región. Estamos tan mimetizados con los datos, que a veces no nos damos cuenta de que detrás de un porcentaje hay personas", nos explica. 

De ahí este museo, que va a recoger los testimonios de todos ellos o, al menos, de una muestra que represente a todos ellos, de los jóvenes de los 16 a los 33 años. Junto a los testimonios se exponen los objetos que cada uno de los participantes ha decidido donar al museo. Hay una mesa de profesor universitario, una bicicleta de un repartidor, también unos guantes para recoger fruta, una escoba, un puñado de papeles amontonados... "Tenemos la historia de una enfermera, de un investigador, de una agricultura, de un diseñador gráfico... son historias variadas y diversas porque la precariedad no parece distinguir entre sectores".

De todos, ahora mismo nos llama la atención esa bata de una enfermera que se expone sobre un pedestal. En un momento donde la labor de enfermeros y enfermeras es más importante que nunca, es importante saber que la precariedad les persigue también. Una dependienta de ropa cuenta su propia historia. Como fue de entrevista en entrevista de trabajo sufriendo preguntas totalmente inadecuadas. Por ejemplo, le preguntaban si ella era sindicalista, porque si iba a venir con exigencias, el puesto no estaba disponible. También la historia de un chico que pidió que su jefe le pagara el salario mínimo interprofesional y no 600 euros al mes por jornada completa. Su jefe le dijo que menos iba a ganar en el sofá. "Son historias que parece que nos quedan muy lejos, pero nos puede tocar a todos o a alguien que tengamos cerca".

"Pretendemos sacar las representaciones de miles de realidades juveniles de sus circuitos tradicionales y ponerlas en el dominio de la vida cotidiana y del espacio público. Así podremos, no solo representar la realidad, si no involucrarnos en su transformación", dice el manifiesto fundacional de este museo, el único que existe, de momento, en toda España.

Para ellos, este arte de la precariedad, que no arte precario, busca utilizar objetos de la vida cotidiana para crear conciencia, movilizar e inspirar al espectador. "Es una manera de incitar el cambio social". De momento, cualquier joven puede mandar su testimonio, su objeto con el que trabaja y que ejemplifica su grado de malestar laboral, económico o social. 

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