Viernes, 16 de Abril de 2021

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La película 'Frozen' ayuda a resolver el misterio de la muerte de unos montañistas hace 62 años

Las extrañas circunstancias en las que se encontraron los cuerpos sin vida de los jóvenes provocó toda clase de especulaciones sobre lo que realmente había ocurrido allí

Un momento de la película 'Frozen', de Disney

Un momento de la película 'Frozen', de Disney / FROZEN

Todo ocurrió en febrero de 1959, cuando diez miembros del Instituto Politécnico de los Urales en Ekaterimburgo (Rusia) nueve estudiantes y un instructor emprendieron una expedición de esquí y montañismo de la que nunca volvieron. Sus cuerpos sin vida fueron encontrados en distintos puntos de Kholat Saykhl ("Montaña Muerta" en el idioma de la pueblo indígena Mansi de la región). Lo que llamó poderosamente la atención del equipo de rescate y de las investigaciones posteriores fue la extrema gravedad de las heridas que presentaban: algunos tenían los cráneos destrozados, a otros les faltaban ojos e incluso a uno le faltaba lengua. Otros, en cambio, solo habían fallecido por hipotermia.

Todo podía deberse a una avalancha pero no cuadraba nada: ni las horas a las que se produjo, ni la pendiente del terreno ni, desde luego, que una avalancha hubiera causado lesiones tan graves y sangrientas. "Cada cuerpo era una pieza de un siniestro rompecabezas, pero ninguna de las piezas parecía encajar. Una investigación criminal en ese momento culpó de sus muertes a una "fuerza natural desconocida", y la burocracia soviética mantuvo el caso en silencio. La falta de detalles sobre este impactante evento, una aparente masacre que ocurrió en un estado profundamente secreto, dio lugar a decenas de teorías conspirativas de larga duración, desde pruebas militares clandestinas hasta ataques al Yeti", explica el periodista científico Robin George Andrews en un extenso artículo en National Geographic que parte de un estudio publicado en Nature que, 62 años después, da nuevas pistas de qué puso pasar realmente allí.

Dos científicos, Johan Gaume, aficionado a la nieve, y el experto en deslizamientos de tierra Alexander Puzrin, decidieron unirse y abordar el misterio hace unos años y sus conclusiones son las que publica ahora Nature. Lo más curioso es que la película Frozen y unos estudios que General Motors hizo sobre accidentes automovilísticos en los años 70 han sido claves para determinar cómo murieron los montañeros. Por un lado, a Gaume le llamó la atención lo bien que se representaba el movimiento de la nieve en la película de Disney y preguntó a sus animadores cómo lo habían hecho. Llegó a viajar a Hollywood para reunirse con el especialista que trabajó en esos efectos y cuando lo entendió, modificó el código de animación de nieve de la película para sus modelos de simulación de avalanchas y ver así qué impacto tenían en el cuerpo humano. 

Fue entonces cuando, para tener valores realistas de las fuerzas y presiones que el cuerpo humano podría experimentar en una avalancha, tuvieron en cuenta un estudio de General Motors de los años 70 que se hizo con el objetivo de calibrar los cinturores de seguridad: "Cogieron un centenar de cadáveres y les rompieron las costillas golpeándolos con diferentes pesos a diferentes velocidades para ver qué pasaría durante un accidente de coche", explica Puzrin.

A través de sus modelos informáticos, los investigadores han demostrado que un bloque de nieve fuerte de 16 pies de largo (casi 5 metros) podría romper fácilmente las costillas y el cráneo de personas que duermen en una cama rígida. "Estas lesiones habrían sido graves, pero no fatales, al menos no de inmediato", apunta Puzrin. Con el ángulo preciso y a una velocidad elevada, la nieve impactó en los cuerpos con ese desenlace fatal. Los responsables de la falta de ojos y lengua de algunas víctimas pueden ser animales carroñeros que encontraron a los fallecidos pero de eso todavía no se tienen certezas.

Gaume, uno de los investigadores, teme que esta explicación sea demasiado sencilla para que se acepte: "La gente no quiere que sea una avalancha. Es demasiado normal". Ese escepticismo, junto con la naturaleza inquietante del incidente del paso Dyatlov, seguirá manteniendo vivas las teorías de la conspiración en el futuro.

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