Sábado, 27 de Febrero de 2021

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Jawlensky, el pintor del rostro y el color que acabó en la abstracción

La Exposición de la Fundación Mapfre, 'Jawlensky. El paisaje del rostro', recorre la trayectoria del pintor ruso

La Exposición de la Fundación Mapfre, 'Jawlensky. El paisaje del rostro',

La Exposición de la Fundación Mapfre, 'Jawlensky. El paisaje del rostro', / Fundación Mapfre

Nada para después de una pandemia que una exposición que exalte el color y el rostro. Acostumbrados a la mascarilla, contemplar las obras de Alexéi von Jawlensky, pintor ruso expresionista, provoca todo un cúmulo de sensaciones. La Fundación Mapfre consigue poner en pie una exposición, Jawlensky. El paisaje del rostro, que recorre toda la trayectoria del artista.

La selección de obras, que supera el centenar, ofrece un amplio recorrido cronológico por la trayectoria del pintor a través de seis secciones, al tiempo que establece puntualmente un diálogo con piezas de distintos artistas que compartieron inquietudes e intereses con Jawlensky o tuvieron determinada influencia sobre él. La exposición está comisariada por Itzhak Goldberg y organizada por Fundación Mapfre, Madrid; Musée Cantini, Marsella; y La Piscine, Musée d'Art et d'Industrie André Diligent, Roubaix.

Jawlensky es conocido por el uso del color, incidencia del impresionismo y del fauvismo de Matisse. Rojos, amarillos, verdes invaden los rostros de los innumerables retratos que pintó en su estancia en Alemania y también de los paisajes, que deja atrás la luz, pra centrarse en la pura expresión. "Poner color al alma" era la idea de este pintor que acabó formando parte de El jinete azul, grupo de pintores expresionistas creado a principios del siglo XX.

"Es uno de los grandes pioneros en la liberación del color, lo que se llama la autonomía de la pintura, de no reflejar lo que hay en la naturaleza. Un color que llega a acercarse a la abstracción, sin llegar a abrazarla". Carlos Martín, conservador jefe de Artes Plásticas de la Fundación Mapfre.

Creó una extensa obra basada en series y regresos casi obsesivos, en conexión con el lenguaje musical, un ámbito que inspiró a numerosos artistas de su época, entre ellos su amigo Kandisnky. Nunca llegó, eso sí, a una abstración plena como sus coetáneos. En sus primeros años, su obra se centra en la representación de naturalezas muertas, paisajes y retratos, en un estilo deudor del postimpresionismo que irá cogiendo la fuerza del color poco a poco.

Su estilo se basa en indagar en las facciones humanas, las líneas de expresión. De ahí las series de Cabezas de preguerra, Cabezas místicas o Cabezas geométricas. Con especial mención a las Mujeres Españolas, que pintó sin haber pisado nunca nuestro país. Una indagación sobre las facciones humanas hasta sus líneas maestras esenciales lo que de manera más clara singulariza la producción pictórica de Jawlensky.

"Es el arquetipo de la mujer con la toca, el velo o la mantilla. Nunca estuvo en España, pero llegó a realizar paisajes de España, hay uno que se llama Sierra Morena. Probablemente por la moda que supuso lo español, de manera folclórica, en los cabaerets de toda Europa", explica el experto. La mujer española con mantilla, le servía para ahondar en su idea de rostro enmarcado, algo que ha interesado a este pintor, desde su propia infancia, del icono de la virgen cubierto por unos cortinajes que veía en la iglesia. "Él cuenta ese momento como una especie de conversión a la religión del arte".

El pintor comienza un proceso de despersonalización y reducción a lo esencial, y, si bien en sus retratos todavía se distingue la edad o el sexo del retratado, los títulos de sus obras ya no remiten casi nunca a personas identificables; lo importante es el aspecto plástico del cuadro y no la fidelidad a la representación del modelo.

A pesar de la profunda evolución que experimenta su pintura a lo largo de las sucesivas etapas de su carrera, en toda la producción de Jawlensky subyace una búsqueda espiritual, casi religiosa, que lo convierte, desde los primeros años del siglo XX, en uno de los más destacados impulsores de un lenguaje libre y expresivo en el que forma y color sirven para manifestar la vida interior. "Hay una búsqueda de carácter religioso que es ecléctica, parte del cristianismo ortodoxo en el que nació, pero que se entremezcla con el hinduismo".

"Estuvo aquejado de una artritis que le impedía mover sus miembros. Eso lo consideró un acicate de creatividad. Lo que hizo fue atarse los pinceles a los dedos y pinar así. Eso condujo a una de sus series de Meditaciones, una de las más profundas de su carrera, basada en esa limitación". Son una serie de rayas en paralelo que van definiendo un rostro, que nos remite a la faz, al rostro de dios,. "Algo que parece profundo pero que está basado en algo prosaico, como es su propia enfermedad".

De alguna manera, Jawlensky dedicó buena parte de su obra a realizar imágenes modernas de los iconos, de los que partió en los inicios de su carrera y a los que volvió en sus últimas obras, las Meditaciones, donde consigue unir dos ámbitos que siempre se han considerado excluyentes en la historia del arte: la figuración inherente al icono y la ejecución formal de este, la abstracción.

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