Sábado, 18 de Septiembre de 2021

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El peligro de silenciar al mundo académico en la Hungría de Orbán

Su reforma de las universidades hará más fácil el control político de estas instituciones

Con el nuevo sistema Orbán tendría más fácil el control político de los centros académicos

Con el nuevo sistema Orbán tendría más fácil el control político de los centros académicos / Wikipedia Commons

Antes que ser expulsado del Grupo Popular Europeo, el húngaro Victor Orban ha preferido que su partido Fidesz se marchara de esa familia política en el Parlamento Europeo. Esta semana verá cómo se reprueba en la Eurocámara la presión a los medios críticos en su país y en Polonia.

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Pero es posible que al primer ministro húngaro no le importe añadir otra causa más a la lista de diferencias con el resto de la Unión. Su reforma de las universidades públicas puede convertirse en el próximo frente.

Lo que empezó siendo un experimento para reformar el anquilosado sistema académico húngaro, se ha convertido en una oferta a una docena de universidades que, como explica la analista Edit Inotai del Centro Euroatlántico para la Integración y la Democracia en Balkan’s Insight, puede ser irresistible para ellas: pasan a ser órganos autónomos semiprivados, que seguirán recibiendo fondos del Estado, y que además podrán gestionar directamente desde dinero de la Unión a fondos que consigan de forma privada. A cambio, estarán controladas por un consejo.

Hasta ahí todo normal. El problema es quién entra en ese consejo. De momento en una de las universidades que ha aceptado el cambio, es una ministra de Orban la que ha entrado. Así que teme Inotai que pueda ser un control político por la puerta de atrás, como explica en una entrevista con la Cadena SER.

Ya en 2019 un centro académico privado, la Universidad Centroeuropea, fundada por el inversor George Soros, se marchó a Austria por las presiones del gobierno de Orbán, que llegó a cambiar la ley para cerrar este centro académico. Se había convertido en una institución prestigiosa y foco de críticas al autoritarismo del primer ministro. 

Usted acaba de publicar un artículo en Balkan’s Insight titulado: Fidesz hace a las universidades una oferta que no podrán rechazar. ¿En qué consiste esa oferta que les ha hecho, al menos, a doce universidades públicas de Hungría?

El gobierno ha establecido una nueva estructura para algunas universidades, no todas pero sí la mayoría. El gobierno defiende que así hay más flexibilidad, que las propias universidades pueden gestionar sus finanzas, utilizar el dinero que reciben de la Unión Europea o el gobierno. Que no haya tantas restricciones como en el sistema actual, donde eso es problemático. Las universidades serán semiprivatizadas, recibiendo la propiedad de edificios y campus, y van a recibir 600 millones de florines, unos 2 millones de euros para empezar. Seguirán recibiendo dinero del estado también. Según el gobierno este nuevo sistema será más competitivo y hará que la calidad de la enseñanza crezca. En Hungría hay un problema con la calidad de las universidades y ninguna está entre las 500 mejores del mundo. El gobierno dice que es momento de cambiar eso, que la enseñanza debe ser más competitiva y que para eso hay que cambiar las reglas del juego.

El proceso que está ejecutando el gobierno hungaro va acompañado de un incremento en la financiación a esas universidades, que es lo que hace su oferta tentadora. Pero ¿cuál es la cara ‘b’ de esa medida?

Claro, lo que el gobierno dice suena bastante bien. Todavía es pronto para anticipar cuál va a ser esa otra cara, pero podemos anticiparnos viendo la historia de este gobierno. Los críticos consideran que servirá para la influencia política sobre la enseñanza. El gobierno estableció fundaciones en cada universidad, y esas fundaciones están dirigidas por una junta, dentro de la que están políticos del gobierno, como la ministra de justicia y varios ministros más. Están en esas juntas de gobierno y eso les permite controlar esas universidades. Ellos naturalmente insisten en que no lo van a hacer. No lo sabemos, porque por ahora sólo la Escuela de Economía tienen este modelo desde hace un año y medio y es temprano para saber en qué dirección irán. Pero ya en ese centro me cuentan que han empezado a despedir a algunos docentes. Los profesores eran hasta ahora funcionarios, eso significa que tenían unos derechos específicos y era más difícil despedirlos. Ahora son empleados comunes sin esa seguridad. El gobierno dice que eso propiciará la competitividad, pero los críticos creen que se puede llegar a una situación en que se eche a la calle a los críticos, no dependiendo de su manera de enseñar, sino viendo sus escritos o entrevistas. Pero insisto en que es temprano, no sabemos hasta dónde llegarían. Hay otro centro, la Escuela de Teatro y Artes Fílmicas, que es un centro bastante prestigioso en Budapest, hemos visto una guerra ideológica. Este centro fue hacia el nuevo modelo en septiembre y hubo mucha protestas por parte de profesores y estudiantes. El presidente del consejo quería imponer una ideología mucho más nacionalista y conservadora en la enseñanza, pero es un caso particularmente extremo.

¿Cuál es el respaldo entre profesores y estudiantes de esos centros a esta reforma?

Es difícil saber, porque la mayoría de rectores han sido ya nombrados por este gobierno, así que sí que lo apoyan. En realidad no ha habido mucho ruido en esos casos. Para otras universidades esto se les presentó por sorpresa, dándoles unas semanas para decidir. Estamos a un año de las elecciones parlamentarias y algunos creen que el gobierno quiere fortalecer su posición en el mundo académico, sin ofrecer realmente una elección real a estas universidades. Por eso yo en mi artículo digo que no tenían mucha posibilidad d e escoger, y los críticos no han tenido voz. Es interesante porque pensábamos que el modelo de la Escuela de Economía iba a servir como prueba, pero parece que el gobierno no tiene tiempo y quiere empujar a la mayoría de universidades hacia este modelo

En un sentido más amplio, si Fidesz consigue controlar la ‘Academia’, ¿dónde va a encontrar la sociedad húngara sus espacios de resistencia a la agenda de Orbán?

Es interesante ver cómo Orban ha llegado a esta posición. Cuando perdió las elecciones en 2002 se convenció de que en gran medida la derrota se debió al poco respaldo entre intelectuales y académicos. Y cuando volvió al poder en 2010 empezó a trabajar sistemáticamente para establecer un fondo intelectual y fortalecer su control del sector académico. Pero no diría que tenemos censura o una influencia total sobre ese campo. Lo que está pasando es que tenemos más centralización, donde la dependencia respecto al gobierno crece. Pero hay voces críticas en departamentos universitarios y centros de investigación. Se ve también que algunos investigadores y académicos tienen más cautela, más cuidado en la crítica y eso va a conducir a una cierta autocensura. Como tenemos un poco más de un año hasta las elecciones, yo diría que este intento por fortalecer la influencia sobre esos sectores va a crecer, aunque mantengo la confianza en que los independientes mantengan la crítica al gobierno. Si ellos también pierden esa posibilidad, no veo otra salida para ellos que irse al extranjero a trabajar en centros de prestigio, que es una tendencia desgraciada que vemos ya entre jóvenes investigadores. Eso es una fuga de cerebros muy dura para la vida intelectual húngara. Pero creo que todavía hay posibilidades de crítica al gobierno, aunque haya más cautela porque al final tienes familia y tienes que pagar unos gastos.

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