Jueves, 27 de Enero de 2022

Otras localidades

La España vacía que se llena de retratos

Eli Garmendia y Carlos Pericás son una pareja de fotógrafos que llevan años viviendo y trabajando en una autocaravana. Con ella recorren pueblos de España retratando a sus habitantes. El objetivo es crear un archivo fotográfico y etnográfico de las personas que viven en la España rural

Cámper es una de las 12 palabras del año 2021, según la Fundéu, la Fundación del Español urgente, que cada año selecciona una de ellas (confinamiento fue la de 2020). Con la pandemia, esta forma segura y económica de viajar se ha convertido en una de las modalidades más demandadas de hacer turismo. Y no solo de turismo, también de vida.

Eli Garmendia y Carlos Pericás son una pareja de fotógrafos que llevan más de 3 años viviendo a bordo de una autocaravana. No es exactamente lo mismo que una cámper, pero para el caso es igual. A bordo de ella han descubierto todo un universo de seres humanos que, por una razón u otra, han decidido este estilo de vida más sencillo. En la sencillez está la felicidad.

Eli y Carlos viven y también trabajan a bordo de La Bitxa, que es como se llama su vehículo motor Mercedes, con el que han recorrido buena parte de Europa y de España. Son fotógrafos, son nómadas y de ahí que su estudio de fotografía se llame Nomad. Los dos han pasado por La Hora Extra para presentarnos un mimado proyecto: Retrato Nómada, un archivo fotográfico de las gentes de pueblos y municipios de España de menos de 500 habitantes.

Aprovechando que exponen sus retratos y la historia de estos pueblos y su gente en la Diputación de Huesca, hemos conversado de la vida, de salir la rueda de hámster y pararse a mirar, observar, pensar y recordar.

Carlos fotografía a protagonistas del mundo de la música. Eli utiliza la fotografía como herramienta de cuestionamiento y experimentación autobiográfica. Un día decidís dejar Barcelona, ¿por qué?

Es la gran cuestión. Llevábamos viviendo 15 años en Barcelona, viniendo de lugares más pequeños, y llegó un día donde te das cuenta que tienes una casita que está bien, que tienes un trabajo que funciona, pero notas que te falta algo más y te sobran otras muchas cosas. Te sobra la ciudad con ruido, te sobran las prisas, el estrés, el alquiler caro… te sobran muchas cosas.

Echábamos de menos tener una vida un poco más sencilla y estar más en contacto con la naturaleza, por muy romántica que parezca la idea. Dejar de sentir que dispones de los fines de semana para irte a la montaña o a la playa y darle la vuelta a eso. Yo con mi trabajo puedo estar donde sea, nos movemos, nos adaptamos, necesitaremos menos dinero… Eso ha traído muchas dudas a nivel personal, a nivel familiar, pero era la suma de muchos factores y tener que buscar un poco de equilibrio vital. Cuando se te van acercando los 40, dices hasta aquí. Barcelona es una ciudad fantástica, para crecer personal y profesionalmente, pero ya está, este capítulo ya está hecho y ahora a otra aventura.

Ahora nos preguntan que dónde vamos a estar. No lo sé, el trabajo nos lleva, el camino nos lleva. Cuando decidimos hacer este cambio de vida, a través de las redes sociales encontramos otro mundo paralelo que era gente viviendo en vehículos con ruedas.

Sois fotógrafos, tenéis vuestro estudio, que se llama Nomad, y un proyecto de retrato. ¿Cómo surge esta idea y cuál es la intención?

Cuando decidimos hacer este cambio no era para cogernos un año sabático, ni teníamos ahorros ni éramos ricos. Era una cuestión de cambio de vida real y en el camino hay que seguir trabajando. Nomad es el lugar desde el que gestionamos todos nuestros proyectos creativos: fotográficos, de vídeo, web, algo de diseño… y retrato nómada lo arrancamos a partir de una financiación, de un matchfunding, a través de la diputación foral de Gipúzkoa. Pero la raíz del proyecto está en nuestro caminar, en nuestro viajar a través de carreteras. En ese transitar, en ese cruzar de un lado a otro íbamos viendo realidades diferentes a las que estábamos acostumbrados. El primer año en recorrimos gran parte de Europa hasta Lituania, y luego bajando hacia Holanda y de nuevo a la península. Un día tuvimos un accidente y en los cinco meses que tardamos en reparar la autocaravana, pensamos que todo lo que habíamos vivido, experimentado, la gente a la que habíamos conocido, había sido muy interesante, pero nuestro viaje tenía que tener algo más.

En ese algo más quisimos hablar de todos esos pueblos que fuimos recorriendo. No tanto de los pueblos, como de quiénes vivían en los pueblos. Pueblos pequeños, pueblos de los que nunca habíamos oído hablar y a los que seguramente no volveremos. Y nos preguntábamos quién vive aquí. Y de esa pregunta surgió la idea de contar, a través de la fotografía y el vídeo, quién vive ahí. A través de retratarla.

La idea es crear un gran archivo fotográfico de gente que vive en pueblos pequeños. No tanto para hablar de la despoblación, sino más hablar de las personas que deciden vivir donde viven. Nosotros no somos expertos en despoblación, pero nos parece muy importante decir y mostrar que sí vive gente en muchos lugares diferentes. Gente a la que no se tiene en cuenta y que parece que no existen. En 12 pueblos, solo 12 pueblos, hemos hecho más de 1500 retratos. 1500 vidas, personas con las que hemos hablado.

Compartir la identidad de un pueblo es mantener la memoria viva para siempre.

No solo estamos haciendo fotos de la gente, no es solo una actividad lúdica que ocurre en el pueblo, estamos intentando crear memoria de manera consciente para el futuro. Para que dentro de 20, 30 o 40 años lo que estamos haciendo coja valor. Que la gente vea cómo vivía la gente, como era la gente, que ropas llevábamos, que pendientes, que pelos… con un punto muy etnográfico.

La fotografía como un punto de encuentro para conectar no solo personas, sino también comunidades

Observamos que en esos pueblos pequeños hay un sentimiento de comunidad muy grande y es bonito lo que ocurre cuando llegamos a los pueblos. En un lado de la autocaravana montamos el estudio, la gente va pasando y preguntando, y en el otro lado vamos exponiendo las fotos que ya hemos hecho en otros pueblos o las que vamos haciendo en el mismo pueblo. La gente se acerca y se reconoce. Eso de reconocer al otro crea un sentimiento de comunidad, de compartir, de diálogo que es súper bonito y difícil de explicar. Nos emociona.

Y la comunidad es muy importante. En la página web que estamos creando, puedes ver pueblos y diferentes apartados. Entre ellos los que habitan, una galería de todos los habitantes. Y ahí nos dimos cuenta de que no es solo la gente que vive, es la gente que forma parte de la comunidad. Profesores de la escuela, el médico, la de correos, el frutero que va de pueblo en pueblo, la primera conductora de autobús… es un proyecto muy abierto.

Habéis recorrido Navarra, Huesca, Guipúzcoa, Córdoba… ¿qué historias os cuentan?, ¿qué os ha impactado más?

Es muy bonito el interés que despierta en los niños, en los jubilados. A muchos les da vergüenza salir en las fotos, pero luego te traen una bolsa de tomates, vino, sidra, huevos… ocurren mil historias. He trabajado con clientes muy buenos, en proyectos muy interesantes, pero el agradecimiento que te da la gente por entregarles una simple foto de ellos mismos, en lo que se convierte eso, no hay color.

Somos fotógrafos y nuestro proyecto se basa en la fotografía, pero ocurren muchas otras cosas alrededor. Así que para completar nuestra visita y el archivo que creamos, en cada pueblo hacemos un pequeño vídeo muy sencillito de lo que es nuestra estancia allí. Para recoger esa atmósfera de esos pueblos.

Y recogemos historias de varias personas, por escrito, para completar esa memoria. En uno de los últimos pueblos donde estuvimos, había una familia saharaui y el padre quiso contarnos la historia de su vida y de su pueblo. Su vida, como la de tantos, está recogida ahí. Historias muy potentes y muy interesantes para compartir. Personas que también no han salido nunca de sus pueblos, como la de la primera conductora de autobuses de Gipúzkoa.

El arte de la fotografía de papel en la era del selfie digital

Ese gesto de entregarle a todas las personas un retrato de papel al momento, rompe con la dinámica que lleva en general la sociedad. A cada persona le damos su copia, pero todos los retratos que hacemos se los damos al ayuntamiento y se quedan en el archivo histórico del pueblo, para que lo guarden. Eso es muy bonito. Nosotros venimos del mundo digital, disparamos en digital, todo el proceso es digital, pero al final acaba en analógico, en una copia de papel que le damos a la persona. Y eso es muy agradecido. Fotos de papel que muchas veces acaban en Instagram o LinkedIn.

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