Jueves, 27 de Enero de 2022

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Javier Pérez de Andújar: ''Los escritores intensitos son unos pesados"

El escritor publica 'El año del búfalo', novela ganadora del Premio Herralde y todo un divertimento ambientado en el año 1973, en plena crisis del petróleo

El escritor Javier Pérez de Andújar tras ganar el Premio Herralde de Novela

El escritor Javier Pérez de Andújar tras ganar el Premio Herralde de Novela / EFE/Enric Fontcuberta

Javier Pérez de Andújar ha firmado una de las novelas más divertidas y locas de la temporada. Con ella, El año del búfalo, ganó el premio Herralde. En el texto aparece un variopinto grupo de personajes que, desde las notas a pie de página,  comentan la propia novela. Está su traductora española, su madre finlandesa, un burocrático profesor del Ministerio de Humanidades, los padres de uno de los artistas encerrados en el garaje, el presidente del Club de Amigos de Gregorio Morán y la exdirectora de un peculiar cineclub de Santa Coloma de Gramenet.

En la novela, ambientada en 1973, el año del búfalo como también lo es 2021 en el horóscopo chino, afloran una serie de psicofonías que envía el escritor finlandés desde el más allá en las que van asomando una infinidad de "figuras históricas" integrada por "rebeldes con causa, idealistas asesinados, líderes revolucionarios, guerrilleros convertidos en jefes de Estado, golpistas a sueldo y dictadores de todo el mundo, desde Agostino Neto hasta Lumumba, desde Franco a Mussolini".

Es también una novela sobre "utopías políticas y crudas realidades" en las que conviven Klaus Barbie, Modiano, Gadafi, Bing Crosby, el Cola Cao, los Conguitos, Mauriat, Mauriac, Maurois, el detective Cannon, la CNT, el coronel Sanders del pollo frito de Kentucky, José Luis López Vázquez y Joseph Beuys, entre otros.

Da la impresión de que se ha divertido escribiendo esta novela, al menos los lectores nos divertimos y parece que el escritor también, ¿ha sido así?

Hay un esfuerzo físico, de darle a la tecla, y un esfuerzo intelectual, pero es un esfuerzo divertido. Lo escribí durante el confinamiento y como estaba todo tan mal alrededor, no iba a dejar que el rincón donde yo estaba estuviera mal. Me tomé barra libre e hice lo que me dio la gana. Nunca me he sentido tan libre que escribiendo confinado.

Y encima de pasarlo bien gana el premio Herralde no con su firma, sino con la de uno de sus personajes, Ingo Folke. ¿Qué significa un premio en el mundo de hoy?

Para mí significa algo muy emocionante. De repente, algo que piensas que es tan subjetivo y que puede ser tan delirante como este libro, que he escrito en serio por supuesto, pues da cierta vergüenza que te avalen con un premio tan prestigioso y que confíen en ti.

¿Hasta qué punto es importante el humor como escritor?

Es el carácter. Ni siquiera me lo planteo como una herramienta, soy así y me salen las cosas así. Si fuera más serio, seguro que me saldrían cosas más serias.

De esa forma rompes con el perfil del escritor intenso, con traumas...

Es que son muy pesados, los intensitos. Misterios siempre hay en uno, pero los misterios interesantes son los de los demás, los tuyos ya te los sabes. Me gusta desacralizar, quitarle importancia a las cosas. Sacralizar consiste en convertir lo que te gusta o lo que es tuyo en elemento de poder y siempre que haces eso es cuando empieza una bola de nieve de injusticias. Creo que se juega más limpio quitándole importancia a las cosas, aunque la tengan.

¿Por qué ambientarlo en el 73, que no es ni el 75 cuando tiene lugar la muerte de Franco, ni el 68 con todo el movimiento contestatario?

Porque soy una víctima del bufalismo, ja, ja, ja. Bueno, es cierto que me venía bien que fuera el Año del Búfalo para contar la historia, pero creo además que el 73 es mucho más importante. Es el año en que sucede la crisis del petróleo, la crisis del modelo que ahora mismo ya está tan acabado que nos ha dado una crisis económica, sanitaria y de población. En aquel momento es cuando el mundo se da cuenta de que existe esa crisis, que es además una crisis política, porque supuso la tristeza y el pesimismo del hipismo del 68. Es ahí donde se dan cuenta de que la independencia de los países africanos se han vuelto dependientes de la CIA y de EE. UU. o bien de la URSS. Todo ello nos arrastra a un pesimismo que lleva a Europa a los años de plomo, del terrorismo. Toda esa violencia política de los años 70 eclosiona en los 80 cuando ya acceden personajes como el Papa Woytila, empieza el SIDA y se abren las sucias puertas de la época en la que estamos.

Es una novela con muchos narradores como Ugo, la madre, la traductora, El Club de amigos de Gregorio Morán, el Ministerio de Humanidades, la presidenta del Cineclub de Amigos del Búfalo… ¿Hasta qué punto es un homenaje a Gregorio Morán?

Es un homenaje en toda regla, es que somos muy amigos. La parte narrativa es falsa, pero lo que hace el personaje, su parte biográfica, es cierta. Toda su militancia clandestina del PCE, cuando va por el Madrid del otro lado del Manzanares montando células, toda su historia política es cierta, lo de su libro sobre Suárez que fue traducido secretamente al inglés y usado por la CIA también es cierto. Lo más delirante es cierto y lo más normal es inventado. Tuve que inventarme cosas normales para darle coherencia a la novela.

¿Por qué eligió esta forma de contarlo tan coral, con el peso narrativo tan repartido?

Tiendo a la coralidad. Mis series preferidas son los Monty Python, que son varios. Me gusta que haya varias voces, aunque funcionen como una polifonía. Me gusta esa forma de trabajar y me libera de crear un héroe o un personaje único. Soy poco épico, creo que porque me gusta el humor.

Los muertos del libro se manifiestan a través de psicofonías desde la segunda mitad del pasado siglo. ¿Hay algún tipo de mensaje del que quería hacer de médium?

Las psicofonías eran el pretexto que necesitaba para explicar todo lo que quería explicar. Es que todo había sucedido antes. todos habían muerto, caudillos, guerrilleros, libertadores dictadores... y pensé que la única manera era la psicofonía. Les di la oportunidad de hablar por última vez.

Hay varias referencias al confinamiento, ¿hubiera sido una novela diferente sin pandemia?

Yo creo que sí. Me ha influido mucho, en el resultado final y en el proceso de escritura. Era muy consciente de que estaba confinado y estábamos siendo atacados por un virus invisible. Cada vez que un personaje pasaba por la cárcel, y pasaron casi todos, yo ponía "está confinado en prisión", al final hasta en el lenguaje aparece el momento que vivíamos.

Dice que es pesimista pero que es comprometido, ¿cómo se conjuga eso?

Soy de natural escéptico, pero creo en la gente. Veo las injusticias y no voy a cerrar los ojos y me comprometo. Creo a través de los demás. Como decía Woody Allen en Zelig, creo lo que creen los demás, bueno salvo alguna cosa.

Vuelve a haber, como en otros de sus libros, música: King Crimson, Guthrie, Brel, Manhattan Transfer, Peter Gabriel. ¿Escribe con ella?

Es generacional, nacimos fascinados por el rock y la música de aquella época. Para mí es muy importante y me doy cuenta de que la manera de escribir está relacionada con la música. Muchas canciones no hablan de nada, pero te han dejado una sensación. A mí me gusta que pase eso cuando escribo, que todas las cosas, historias, referencias al final te dejen esa sensación, aunque no sepas bien qué te están diciendo. Me muevo muy bien en ese tono.

En el libro aparecen muchas curiosidades, como que existía un cóctel con el nombre del revolucionario congoleño Patrice Lumumba.

He hecho algo peor, lo he tomado en casas privadas. Hay dos cosas terribles, una es objetivamente terrible y es que a un líder político democrático, que muere asesinado, que en España le hagan un coctel y le pongan su nombre, demuestra que éramos un país de cafres. Y la otra cosa terrible es que nos lo leyéramos.

¿Cómo ve el presente?

Es que mi presente está pasado, entonces escribo desde los viejos libros que tengo y los viejos libros que leo. Intento escribir el presente con mi bagaje cultural. Entiendo lo que pasa a través de lo que pasó, utilizo referentes antiguos. Para mí, Juego de Tronos es algo del futuro, todavía no lo he visto.

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