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No digas primavera, di fresón

Cualquier hojaldre, tarta normal o de queso mejorará aún más con esta fruta, que además de sabor aportará color

Los mejores fresones son de color vivo, carecen de un tramo amarillo y no presentan golpes. /

Con esto del cambio climático la llegada de la primavera ya no la marca el calendario, sino los fresones luciendo estupendos en las fruterías y la alergia explosiva al polen. Para superar la segunda no tenemos la receta, pero sí podemos ayudarte a que los fresones que te lleves a casa estén en su punto. Solo tienes que escoger los que sean de color rojo vivo, tengan la mínima parte blanca o amarillenta posible debajo de las hojas (si es muy grande, es que están verdes) y no tengan golpes ni trozos blandurrios por exceso de maduración.

El olor también es clave para escoger bien: si huelen poco, no están maduros, y si tienen un aroma un poco alcohólico, es que empiezan a ponerse pochos y están fermentando. Un olorcillo potente, fresco y ligeramente dulzón mandará a tu cerebro la señal de “llévame a casa”, y deberías hacerle caso. Una vez en tu territorio puedes mezclarlos con nata o yogur y un poco de chocolate rallado, o ponerlos en un bol con un poco de mango y unas semillas de anís machacadas, para posteriormente mojarlos con zumo de naranja. Poner unos cuantos en un cazo con un poco de mantequilla, dar vueltas un par de minutos y meterlos dentro de un cruasán calentito y crujiente también sube varios puntos la felicidad primaveral.

Cualquier hojaldre, tarta normal o de queso o crumble mejorará aún más con unos fresones, que además de dar sabor aportarán un bonito color a la preparación. Puedes añadir unos cuantos en trocitos a un vaso con una base de galleta desmigada cubierta con mousse de chocolate, y repetir la operación para conseguir un bonito postre con seis capas. Si vas a hacer un postre en el que los cocines, como una tarta tatin, deberías tener en cuenta que es una fruta con mucho líquido y –si no quieres que empape la masa– deberías deshidratarla un poco antes en el horno a baja temperatura o darle un golpe de sartén.

Si crees que los fresones están excluidos de la fiesta de los platos salados, estás bastante equivocado (por suerte). Prueba a poner una docena en una vinagreta con cebolla roja, cilantro, zumo de lima, aceite, sal y pimienta. Déjala reposar unos 15 minutos, hasta que la cebolla haya perdido fuerza, y sírvela sobre unos lomos de salmón a los que apenas hayas enseñado el fuego 30 segundos por cada lado: la fiesta que se va a montar en tu paladar va a ser de órdago.

En las ensaladas el fresón también tiene mucho que aportar: sobre un lecho de rúcula, con algún queso cremoso como mozzarella o burrata, aceitunas negras y unas anchoas conseguirás un delicioso contraste de sabores y texturas. Y si los pruebas en un sándwich planchado de pan de molde con queso brie y un poco de chocolate no vas a querer desayunar otra cosa hasta que se termine la temporada.

A pesar de nuestros excelentes consejos, existe una pequeñísima posibilidad de te despistes porque estás al móvil con el Tinder dale que te pego o jugando al Two Dots, y acabes comprando unos fresones sin mucho sabor o un poco verdes. Para esto también tenemos solución: mójalos con un par de cucharadas de vinagre, espolvorea con un poco de azúcar, remueve y deja que la maceración haga su magia. En una hora tendrás un postre delicioso, perfecto para tomar solo o acompañado de yogur o queso quark batido.

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