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Veganismo para principiantes

Consejos prácticos para solventar inconvenientes con la comida o las relaciones sociales

El veganismo no es solo una dieta: es una ideología. /

Marta Martínez (Mi Dieta Vegana) tiene muy claro que el veganismo no es una dieta ni una mera opción saludable, sino una ideología. Ella se hizo vegetariana a los 19, pero siempre con el objetivo de, algún día, dar un paso más: "Cuando empecé a buscar información pensé que, para mí, a nivel moral, era mejor causar menos sufrimiento a los animales". Y no es la única porque, según un estudio reciente, en España hay alrededor de 3,6 millones de personas (un 7,8 % del total) que basa su dieta de exclusivamente, o con contadas excepciones, en productos vegetales.

1. La comida

Marta Martínez, tras la presentación del libro en Madrid. / C. G. CANO

Pero, aun teniendo las ideas claras, ¿a qué problemas se enfrenta un vegano? De entrada, ingredientes desconocidos y nuevas recetas: "Yo tuve mucha suerte porque en la universidad tenía un compañero de clase vegetariano y en los conciertos a los que iba, de hardcore y de punk, había muchos veganos".

Hoy en día resulta aún más sencillo porque abundan los libros y las páginas web sobre veganismo. De hecho, Marta Martínez está a punto de alcanzar los 100.000 seguidores en Instagram y ya ha publicado su primer libro de recetas: Disfruta de Mi Dieta Vegana (Kitsuné Books, 2017). Una recopilación de platos exclusivamente vegetales, como los falsos huevos revueltos o la mousse de aguacate con chocolate, con la que hacer frente a un problema universal: la falta de tiempo.

"Mi vida es muy loca: trabajo y estudio. Tengo poco tiempo para cocinar y para comer. ¡Los mismos problemas que el resto de la gente!", explica la autora. "Quieres comer sano, pero tienes 10 minutos. Pues bueno, yo aporto soluciones para eso".

2. Las vitaminas

Los veganos también suelen tomar suplementos de vitamina B12, pero una vez resuelta la parte nutricional y la gastronómica, surgen las dificultades sociales: "Muchas de las preguntas que me llegan, ahora que tengo tantos seguidores, van por ahí: cómo gestionar cuando comes fuera, con amigos o con la familia. ¡Eso es lo más complicado! "Porque puedes evitar un alimento, pero no a la familia"...

3. Las relaciones sociales

Marta Martínez dice que "hay que tener paciencia" porque, aunque el cambio te afecte sobre todo a ti, al final, de forma indirecta, también condiciona al entorno y lo ideal es anticipar soluciones. En el caso de las bodas y las cenas de empresa, por ejemplo, recomienda hablar directamente con los organizadores: "A base de ser pesada, el segundo año tuve un cátering para mí y el tercero no tuve ni que decirlo".

Pero la creciente sensibilidad con el tema facilita las gestiones y además, aunque "siempre se ha podido ser vegano en España", ahora resulta mucho más fácil conseguir productos como el tofu o la leche vegetal porque te los encuentras en el supermercaod o en la tienda de la esquina. "Los que somos vegetarianos y veganos hemos aprendido a cocinar con cosas muy baratas y muy básicas, y en España tenemos mucha suerte porque todo el año hay fruta y verdura barata y de calidad. ¡No hace falta ir a por quinoa o hamburguesas de no sé qué!".

4. Los restaurantes

La oferta vegana de los restaurantes también ha mejorado mucho, últimamente. "No llegamos a ser Berlín, Londres o Los Angeles", dice Marta Martínez. "Pero la hostelería se está poniendo las pilas y tanto en Madrid como, sobre todo, en Barcelona ya es muy fácil dar con opciones veganas". ¿Algunos ejemplos? "En el Pizzi Dixie (Malasaña) hacen unas pizzas veganas superricas. Y en Barcelona, las hamburguesas de La Trocadero, al lado de la Sagrada Familia, son una opción asequible de fast food. Pero en el Rasoterra hay platos espectaculares y el Céleri es el primer restauante estrella Michelin con opciones veganas".

5. Prejuicios y activismo

Pero solventado el asunto de la comida, lo de la vitamina B12, el tema la convivencia y hasta las opciones para salir a comer por ahí, aún queda un asunto espinoso: los prejuicios. Porque los veganos tienen cierta fama de pesados, de cometarros o de sentirse superiores moralmente. "Yo estoy casada con un omnívoro y él se ha adaptado a mí, por eso funciona", cuenta Martínez.

"La gente con el discurso más agresivo es la que más se oye. Mucha otra no te dirá nada a no ser que se lo preguntes. Yo misma, por ejemplo. Sí digo que soy vegana, pero luego ven que vivo normal, que cocino y que como cosas que están buenas".

Algo compatible con reivindicaciones políticas, por supuesto, porque la autora de Disfruta con Mi Dieta Vegana reclama opciones veganas en instituciones públicas (hospitales, colegios y prisiones) y defiende el derecho de todos los padres, veganos u omnívoros, a elegir qué comen sus hijos. "Lo importante, al final, es que sigan una dieta saludable. Quizá deberíamos preocuparnos más de los niños obesos y con hipertensión que siguen tomando refrescos azucarados".

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