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Salud y bienestar

¿Nos engañan las marcas para vender más?

Las marcas tienen 1.001 maneras de seducirnos ante un producto, y aunque no te lo creas, casi nunca somos conscientes de cómo lo hacen

Raquel Mascaraque nos habla de los trucos de las marcas para que acabemos consumiendo / Oleksandr Hruts

Entonces ¿existe ese botón de compra en el cerebro que cuando se activa no podemos controlar y tenemos que comprar sí o sí?

Madrid

No vamos a desvelar todo desde el principio, mantengamos un poco el suspense y vamos a ir descubriendo pequeños trucos que utilizan las marcas y lo que a mi me parece más fascinante, cómo juegan con nuestros sentidos, sobre todo en las compras físicas, porque es curioso que aunque a día de hoy podamos hacer prácticamente el 80% de las compras online, seguimos yendo a comprar de forma física, y eso es porque hay algo en la experiencia que nos atrae.

A mí personalmente no me gusta mucho ir a comprar, el típico plan de ir una tarde de compras me puede apetecer una vez cada dos años, pero he de decir que hay algunos productos que prefiero comprarlos de manera física, como el té. Yo bebo mucho, muchísimo té y entrar en una tienda con todos los colores, olores, sabores (bueno, eso antes del COVID que te dejaban olerlo y probarlo), me parece algo maravilloso, y es que combinando los sentidos, una tienda se puede convertir en todo una experiencia para nuestras emociones.

¿Y cómo juegan con los sentidos las marcas?

En el documental de “El Imperio de los Sentidos”, Charles Spencer, investigador en el laboratorio de comportamiento del consumidor de la Universidad de Oxford, cuenta un dato muy curioso con el que quiero comenzar, y es que en caso de perfumar una tienda o un espacio con manzana y pepino, la mente percibe que el espacio es mayor ¿no te parece brutal que el olor haga que percibamos un espacio más o menos grande?

¿Y esto por qué pasa?

La semana pasada ya hablamos sobre cómo el cerebro es el que interpreta los sentidos. Los ojos, las manos, la nariz, la boca, los oídos, son la puerta de entrada, pero es el cerebro mediante impulsos eléctricos y experiencias pasadas quien interpreta esa información. Y al igual que todo en el cerebro, los sentidos también están interconectados, por lo que lo que le pase a un sentido va a afectar a otro.

Lo mismo pasa con el peso de las cosas. Cuanto más pesado sea un objeto, nuestro cerebro lo percibe más importante. Esto te puede servir para hackear el cerebro de alguien: cuando estés hablando con una persona y quieras que te tome más en serio dale algo que pese, una taza de té o café por ejemplo. Y es que en algunos contextos, como en la literatura o la música, el término pesado, es sinónimo de serio. Por ejemplo, en la música popular, el bajo y la batería, llevan el peso de la música, es decir, son la base rítmica sobre la que se asientan el resto de instrumentos. En la literatura pasa lo mismo, asociamos las palabras más pesadas (en negrita), a lo más importante del texto.

Por lo que, el efecto del peso puede influir directamente en la percepción que tenga la persona que lo sostiene. Si no pesa nada, no lo considerará tan importante.

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