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'Great Freedom', amor y rebeldía contra la represión homosexual: "La mente no se puede encarcelar"

Sebastian Meise dirige un drama carcelario y romántico a partir de la historia de un hombre encarcelado en tres épocas de la posguerra alemana por ser gay. Gran triunfadora del Festival de Sevilla, la película está protagonizada por Franz Rogowski, uno de los mejores actores europeos en la actualidad

Fotograma de 'Great Freedom' / VÉRTIGO FILMS

Madrid

En España la ‘Ley de vagos y maleantes’ persiguió la homosexualidad hasta bien entrada la democracia. El franquismo había incluido a los gais en una modificación de esta norma en los años 50 y tras la Transición, fue sustituida por una regulación similar que amenazaba con la cárcel o el manicomio a todas esas personas consideradas ‘de peligrosidad social’. Esta persecución, más allá de los periodos totalitarios, también fue una práctica habitual en otros países europeos. En Alemania, por ejemplo, los homosexuales siguieron siendo encarcelados tras la caída del régimen nazi y la victoria de los aliados. El poder cambió de cara pero las penas se mantuvieron durante muchos años de la etapa democrática.

“Nos enteramos de que había artículos en los que se hablaba sobre hombres homosexuales que habían sido liberados de campos de concentración y trasladados a cárceles por los aliados donde tenían que cumplir el resto de la condena que se les había impuesto en esos campos. Al principio, pensé, qué raro, no me lo creo, pero seguimos investigando y descubrimos ese párrafo de la legislación que estuvo presente durante la posguerra. Yo sabía que había pasado durante la época nazi, que habían metido a Oscar Wilde en la cárcel, pero me parecía muy remoto, bizarro que pasara después, no sabía que era tan reciente”, explica Sebastian Meise sobre el punto de partida de ‘Great Freedom’, película con la que triunfó en el pasado Festival de Sevilla.

El director austriaco plantea un drama carcelario y romántico a través de tres épocas. El protagonista, Hans, va entrando y saliendo de la cárcel por ser homosexual en 1945, en 1957 y en 1968. Víctima de los campos de concentración, su deseo de libertad choca una y otra vez con la persecución que sufre. Franz Rogowski interpreta a ese hombre. El actor alemán se confirma como uno de los mejores actores del cine europeo con este papel en el que disocia cuerpo y mente. Pese a la violencia, los castigos y la represión, se mantiene firme, cariñoso y dispuesto a defender su manera de amar.

“Trabajamos mucho con Franz en esa separación de cuerpo y mente. Se puede encarcelar al cuerpo pero no se puede encarcelar a la mente. El cuerpo puede estar condenado a un espacio oscuro y estrecho pero la mente no, al revés, estamos condenados a ser libres”, defiende Meise sobre la portentosa interpretación de su protagonista, conocido especialmente por sus trabajos con Christian Petzold en ‘En tránsito’ y ‘Ondina’. Señalado dentro y fuera de prisión, Hans va tejiendo relaciones con otros hombres y, a su vez, va conociendo cómo cada uno de ellos afronta la represión interna y externa. Desde las consecuencias en su ámbito laboral a la desesperación o la negación.

“La violencia interna es fruto de la propia ley y de ser criminalizado por amar. Es una locura. Nos recordaba mucho a ‘1984', ese mundo distópico en el que se podía mandar a la gente a la cárcel por amar, cosa que nos parecía muy rara. Esto afecta a las personas, porque esta criminalización crea una sensación de culpa, de que no hay salida, de hecho la tasa de suicidios subió un montón, o incluso la gente llevaba una vida falsa, se casaba y ocultaba su condición por eso”, analiza el director sobre las diferentes formas que toma la represión.

En todos esos años el protagonista entabla una relación especial con su compañero de celda, un asesino convicto que lo rechaza pero que poco a poco va mostrando su propia fragilidad y vulnerabilidad. George Friedich da vida a ese hombre rudo y corpulento que, en un entorno tan hostil, se abre a un nuevo aprendizaje emocional. “Es un drama carcelario por el espacio en el que se desarrolla pero realmente es una gran historia de amor. Y también una metáfora para mí, veo el mundo como un sitio cruel, estamos creando un mundo duro, frío, hostil, pero a final todos somos personas que necesitamos y buscamos cariño, amor y cuidados”, añade Meise.

La cámara mete al espectador en esa atmósfera sucia y oscura de la cárcel, en el espacio opresivo de las celdas y en habitáculos de castigo y aislamiento donde el protagonista es vejado, maltratado y abandonado. El trabajo de iluminación y la composición corporal de Rogowski contribuyen a generar esa sensación física en pantalla. Ese dolor y violencia que choca una y otra vez con el desafío mental del protagonista. “Fue un reto trabajar en un espacio tan limitado, pequeño, la iluminación era compleja, conseguimos unas celdas un poco más grandes para rodar pero siempre da la sensación de opresión. Eso ayuda a transmitir el ambiente, el propio olor de la prisión”.

‘Great Freedom’ fue presentada en la sección ‘Un certain regard’ en el pasado Festival de Cannes, donde obtuvo el Gran Premio del Jurado, y ha tenido un exitoso recorrido por certámenes. Elegida por Austria para los Oscar, esta historia no solo revive un pasado oscuro y reivindica la libertad de amar, sino que se erige hoy como una advertencia-recordatorio de la necesidad de luchar por estos derechos en una Europa que ve avanzar a la ultraderecha. “No estoy seguro del impacto de la película en el escenario político, pero sí percibo el impacto de estos movimientos, que son cada vez más y más fuertes, están causando un retroceso en nuestros derechos, en países como Hungría o Polonia se están socavando los derechos de la comunidad LGTBI+. Esto es solo la punta del iceberg porque esto también afecta a toda la vida, a los derechos humanos, la libertad de expresión, al periodismo… Son países de la UE en retroceso y eso me da miedo”, concluye Sebastian Meise.

José M. Romero

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