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El trabajo de un antiguo bot ruso en una agencia de desinformación

'Confesiones de un bot ruso' es el cuaderno de bitácora de una persona que se dedicaba a crear y difundir noticias falsas. Lucía Taboada cuenta en La Ventana en qué consistía exactamente su trabajo y cómo se crea una campaña de desinformación

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Madrid

La guerra no se está librando únicamente en las calles de Ucrania. Porque las guerras del siglo XXI se libran también en Internet, con un flujo incesante de informaciones falsas, algunas amplificadas por los medios de comunicación.

Sin embargo, la información falsa no parece de forma espontánea, sino que se planifica y difunde a conciencia, como explica el libro 'Confesiones de un bot ruso' que ha editado Debate y que ha escrito alguien que trabajó durante varios años en una agencias de desinformación, alguien que ahora debe permanecer en el anonimato.

Lucía Taboada ha hablado con el autor de este libro, que explica en qué consistía su particular trabajo, algo más desagradable que el de otra persona dedicada a la comunicación: “Cuando llegas a tu casa y tu mujer te dice ‘hola cariño, ¿qué tal en la oficina?’ No le respondes ‘muy bien, mi amor, hoy he creado un bulo que ha sido la hostia y he acosado a 20 periodistas’”.

“Yo decía que trabajaba en comunicación y reputación digital, pero evitaba compartir información sobre los proyectos en los que estaba metido, así como en los objetivos de los mismos”, explica el autor de este libro.

¿Qué hace un bot?

Objetivos de una práctica conocida como astroturfing, definida como el acto de crear campañas de relaciones públicas que pretenden dar una impresión de espontaneidad, y que por el contrario, consisten en “un trabajo metódico y mucho más organizado de lo que muchos imaginan”.

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Pero, ¿en qué consiste la rutina diaria de una persona cuyo trabajo es difundir bulos?: “En el día a día se trata de identificar las líneas de conversación que van a marcar la agenda durante las siguientes horas, monitorear a los influenciadores, y, por supuesto, actuar. Lograr que se difundan ciertos contenidos, marcar el sentimiento de la conversación o activar la comunidad a tu antojo”.

Un trabajo así no es sencillo de superar, y el autor confiesa que su paso por esta peculiar agenda de comunicación le ha convertido en “una persona desconfiada, algunos incluso dirían que paranoica, con facilidad para fabricar conspiraciones en mi mente”.

Crear bulos paso a paso

Imaginemos por un momento que queremos crear una campaña de desprestigio contra un periodista, el ex bot ruso nos explica cómo debemos comenzar a actuar. Para empezar, hay que encontrar el contenido que vamos a utilizar contra esa persona, por ejemplo, “hemos encontrado uno o varios audios en los que hablas sobre el colectivo homosexual que, de forma descontextualizada, podrían evidenciar que está en contra de dicho colectivo”.

El siguiente paso, explica, “sería analizar la conversación e identificar a los principales detractores y también a los principales promotores del colectivo homosexual, y designaremos varias cuentas a establecer relaciones con dichos usuarios”.

“Por último toca prender la mecha, publicar el audio descontextualizado con una cuenta con más o menos reputación y difundirlo con el resto de cuentas”, provocando una reacción por parte de las redes que puede dañar mucho la reputación de la persona señalada.

¿Quién paga para desinformar?

Es interesante también mirar quienes son las personas o entidades que pagan por utilizar estos servicios. Aunque no puede desvelar nombres, el autor asegura que “el perfil político es muy habitual dentro de la cartera de clientes de las agencias de astroturfing, de hecho, en las últimas semanas hemos sido espectadores de varias acciones muy evidentes”, aunque también participan “empresas, personalidades mediáticas, organizaciones”.

Cuando se es víctima de una campaña de este estilo, existen varias opciones, aunque todas bastante pobres: “Esa persona podría contratar a un analista de datos con el objetivo de demostrar que no es una acción real, pero para ello hace falta que consiga demostrar que ha sido víctima de una campaña de astroturfing, algo que, en caso de haberse hecho muy bien, es posible que no lo consiga”.

“Otra opción es contratar a una agencia de astroturf para que invierta la acción”, un negocio redondo para estas empresas de la desinformación.

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