El Sporting continúa su caída hacia el abismo
Los rojiblancos se dejan remontar en casa por el Tenerife (1-2) y terminan abatidos y a solo cinco puntos del descenso

Los jugadores del Sporting dialogan con el árbitro tras encajar uno de los goles del Tenerife. / LaLiga

Gijón
Además de otras muchas cosas (ninguna buena), el Sporting es un equipo tremendamente previsible. Casi nada de lo que le ocurre pilla a nadie por sorpresa. Cuando en el minuto 81 del partido ante el Tenerife, con un empate en el marcador que hubiera sido gloria bendita, Martí dio entrada en el campo a Eric Ramírez y a Jony, muchos se lo temieron: por ir a ganar, el Sporting iba a a volver a perder. De manual, como dicen las nuevas generaciones. El segundo gol de Enric Gallego en la segunda (y última) ocasión que tuvo el delantero visiante deja al Sporting malherido y al borde del abismo, con solo cinco puntos de colchón sobre el descenso. La cara de Dépor que se le está poniendo al Sporting es algo más ya que un ligero aire: es un parecido razonable. No ya son solo los resultados, es la imagen de un equipo al que ya ni siquiera le acompaña un punto de suerte. Todo, absolutamente todo, juega en contra.
Aunque, bien pensado, el Sporting es un equipo afortunado. Tiene mucha suerte de que los equipos de abajo este año sean tan malos. O, al menos, lo hayan sido hasta ahor, porque la racha de la Real Sociedad B ya la quisieran el Sporting e incluso algunos de los equipos que están en playoff. Pero que la permanencia parezca este año más barata, es una auténtica fortuna, porque cuesta imaginar a este Sporting hecho trizas ganando cinco partidos para llegar a la barrera de los 50 puntos. Más vale que la reacción de la Real B sea un caso de lucidez terminal futbolística. Si el Sporting se salva, todo apunta a que será más por los deméritos de otros que por sus propios méritos. Triste, pero cierto.
La película del Sporting - Tenerife ya la hemos visto más veces y, con Martí a los mandos, empieza a ser un clásico. Un equipo que sale aparentemente mejor que su rival, pero flojo en las áreas, con la defensa hecha un flan y sin ocasiones claras de gol, a excepción de un disparo de Djuka a la media vuelta y un flojísimo golpe del montenegrino tras un robo de balón y una buena acción individual de Fran Villalba, que en esta ocasión no recibió la bronca sino el perdón del delantero por no haber aprovechado el pase. Después una fase de equilibrio previa al descanso, en la que el Tenerife empezó a crecer en el partido.
La diferencia con encuentros anteriores fue que esta vez el Sporting logró adelantarse. Ya que en jugadas hilvanadas el gol era una quimera, tuvo que ser en una acción puntual en la que Djuka se lo guisó y se lo comió: robo de balón a un desacertado Alexandre y disparo que se estrella en el larguero y entra.
Lo más difícil estaba hecho, pero el Sporting no tiene hechuras competitivas ni para aguantar tres minutos una ventaja en el marcador. Enric Gallego, que llevaba ocho minutos en el campo, remató solo entre los dos centrales, en el primer palo, un centro de Moore, que llevaba todo el partido volviendo loco a Kravets. El nivel de la defensa del Sporting es, desde hace tiempo, absolutamente esperpéntico.
¿Debería el Sporting haber firmado el empate, que le permitía mantener la distancia con la Real Sociedad? Más de uno se lo planteó en ese momento, pero desde luego ni el entrenador ni los futbolistas lo hicieron. Lanzado al ataque y propiciando al mismo tiempo peligrosas contras del rival, el Sporting no tuvo fortuna en la única ocasión clara de la que dispuso: un disparo de Djuka repelido por la cepa del poste que cayó a las botas de 'El Puma' que, lentísimo y sorprendido, no acertó a rematar.
Faltaban nueve minutos y Martí incurrió en un error que ya resulta habitual: pecar de exceso de ambición, por otro lado infundada. Lanzó al equipo al ataque retirando a Christian Rivera y a 'El Puma' y sacando a dos jugadores ofensivos como Ramírez y Jony. Un minuto más tarde, el fútbol se lo penalizó de forma cruel: lo que en un área salió cruz, en el otro fue cara. Enric Gallego sí transformó en gol un balón rechazado por Kravets tras un centro de Shashoua, que había encontrado una autopista en la banda derecha del Sporting. Todo mal, todo al revés, todo en contra.
El público de El Molinón empezó a irse a su casa, resignado. Los que quedaron, protagonizaron una tímida bronca final, frente a la fiesta de la afición del Tenerife con sus propios jugadores. Apenas quedan ánimos ni para indignarse, porque el único sentimiento posible es la preocupación. Al menos, como lo primero es la sensatez, todo el mundo parece ya concienciado de que esta temporada solo queda un objetivo: salvarse y no protagonizar el mayor desastre de la historia del Sporting.

David González
Vinculado a SER Gijón desde 1998. Director de SER Deportivos Gijón y voz de los partidos del Sporting...




