A vivir que son dos díasLa píldora de Enric González
Opinión

Los años malos

Parece que ha vuelto el invierno. Llevamos unos años malos y este, de momento, da muy pocas alegrías. Pero ha habido años peores. 1816 fue uno de esos años malos, malos.

Madrid

Parece que ha vuelto el invierno. Llevamos unos años malos y este, de momento, da muy pocas alegrías. Pero ha habido años peores. 1816 fue uno de esos años malos, malos.

Acababan de terminar las guerras napoleónicas, que dejaron más de tres millones de muertos. Entonces entró en erupción el volcán del Monte Tambora, en Indonesia. Fue la erupción más terrible en 13 siglos y afectó al planeta entero. El cielo se oscureció durante meses y en 1816 no hubo verano. Todo fue invierno, con heladas estivales en Londres y niebla sulfurosa en Nueva York. El mundo empezó a pasar hambre. Hubo revueltas urbanas al grito de “comida o sangre”. Las inundaciones provocaron epidemias múltiples: cólera en Rusia e India, tifus en Europa…

Por si las cosas no fueran lo bastante siniestras, la noticia del naufragio del barco francés “Medusa” encogió los estómagos europeos. Unos 150 supervivientes se mantuvieron a flote en una balsa (seguramente conocen el cuadro “La balsa de la Medusa”.) Cuando llegó el rescate, de los 150 quedaban sólo 15 que se habían alimentado de cadáveres y habían enloquecido.

Un grupo de poetas británicos pasaba sus vacaciones en Suiza. Como el frío no les dejaba salir de casa, se pusieron a escribir. Lord Byron compuso la primera novela sobre vampiros. Mary Shelley inventó al doctor Frankenstein y su monstruo. Este era el ánimo.

1816 también tuvo sus cosas positivas. Como faltaba comida para los caballos, Karl Drais inventó la bicicleta. Y aunque se pasó mucho frío porque no había ni gas ni electricidad, lo bueno fue que nadie recibió las facturas criminales de ahora.

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