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Benzema protagoniza la épica que le faltó al Real Madrid ante el Chelsea

El conjunto blanco cayó 2-3 en el Bernabéu y tuvo que forzar la prórroga para pasar a semifinales

Karim Benzema celebrando el segundo tanto / DeFodi Images

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Era el ambiente de las grandes noches de Champions. Se podía palpar la impaciencia en Sagrados Corazones por recibir a su equipo y llevarlo en volandas hasta las nueve de la noche, hora en la que el Real debería de mostrar el pedigrí que le caracteriza en este tipo de encuentros. Pero no, esta vez no. Los blancos no salieron con la actitud necesaria para un partido de tal calibre y el Chelsea se dio cuenta muy rápido. El partido prometía grandes emociones, ritmo europeo o fútbol inglés, lo que ustedes quieran. Sin embargo, solo uno de los dos contendientes quiso hacer acto de presencia en los primeros 80 minutos y no era el español.

Primera parte inoperante del Madrid

La valentía londinense cogió a contrapié a toda la afición del Santiago Bernabéu, la cuál soñaba con un partido plácido. Nada más lejos de la realidad, los de Tuchel dominaron los primeros compases con claridad, mediante la posesión y las ocasiones. Solo un golpeo desde la frontal de Benzema, en una falta muy peligrosa, pudo meter algo de miedo en el cuerpo de los ingleses. La tormenta azul, esta noche vestida de amarillo, avanzaba sin pedir permiso por un tapete que parecía suyo. Bailaba sin temor y desatado el Chelsea hasta que encontró el hueco perfecto mediante Mason Mount, quien se vio mirando a los ojos a uno de los mejores porteros del mundo y, sin temor alguno, le colocó el esférico donde más duele.

El Real Madrid, maniatado, siguió con el plan. Los blues, mientras tanto, a lo suyo: balón y ocasiones. Lo vivido en la previa se iba desvaneciendo poco a poco y la grada se contagió. Había miedo a revivir noches como la de la Juventus o el Ajax. Se mascaba la tragedia y los británicos no aflojaban. El pretendido Rudiger no mostró piedad y en el 35’ asustó y mucho con un tiro lejano que pudo suponer el 0-2. Faltaba claridad y entendimiento en ataque. La magia de Benzema no llegaba y Vinicius corría como pollo sin cabeza. El descanso fue la mejor noticia del primer tiempo.

Mismo guión en el segundo tiempo

Pero tampoco. Ni por esas. El Real Madrid estaba empeñado en no comparecer sobre el verde y el Chelsea había cogido todos los turnos posibles. Tal y como había sucedido en el primer tiempo, los de Tuchel salieron con vigor y convencimiento. Tanto fue así que, sin haberse cumplido el primer minuto, ya tuvo la primera. Tras la primera, llegó la segunda y después la tercera; esta sí acabó dentro. Desolación en Concha Espina. Rudiger introducía un cabezazo que silenció el Paseo de la Castellana. Lo merecían los británicos y lo materializaron.

Los presentes no podían creerlo y apelaban a esa épica que siempre aparece, ese intangible que nadie puede explicar con este club y su competición. Valverde logró levantar a una afición casi en coma pero, un minuto después, llegó lo peor. Marcos Alonso ponía el tercero en el luminoso que, ahora sí, provocaba el llanto entre la parroquia blanca. Ver para creer. Sin embargo, apareció esa magia del Real Madrid con la firme decisión de darle una vida extra. El tanto quedó anulado por mano del español y en la acción posterior Karim la estampó en el travesaño. Despertaban equipo y afición al son de una melodía como la banda sonora del Titanic que se confirmó con el tercero de Werner.

No obstante, esta película no estaba dirigida por James Cameron, sino por Christopher Nolan. Quedaba el giro de guión definitivo y llegó. Una delicia de Modric, sumada al mordisco de Rodrygo, hacían desatar la locura en el Bernabéu. Había vida en el coliseo blanco. Todos los fantasmas fueron espantados de un plumazo con un tanto que nivelaba la eliminatoria y mandaba el duelo a la prórroga.

30 minutos para olvidar todo lo anterior

Ya no era el mismo Chelsea. Hartos de combatir contra las mil y una vidas que tiene el Real Madrid en la Liga de Campeones. Todos sus rivales lo dicen: no se le puede dejar con vida. Y eso es justo lo que pasó. Durante el último aliento se levantaron los de Ancelotti para confirmar que seguían con pulso. Volvió el gambeteo de Vinicius y apareció el mejor actor de reparto: Karim Benzema. Una vez más, el delantero galo, con un cabezazo, devolvió al equipo blanco a la eliminatoria. Estallido de alegría en Concha Espina.

El Santiago Bernabéu se levantó como nunca y, ahora sí, pudo sostener a su equipo hasta el final del encuentro. Lo intentó el Chelsea con más desesperación y corazón que cabeza y razón. Los ingleses estaban experimentando en sus carnes lo que tantos clubes han sufrido anteriormente pero este todavía no. El Real Madrid se puso el mono de obra para trabajar lo que restaba de encuentro y tirar de oficio para meterse en las semifinales.

Si usted lo vio no lo olvidará. Una vez más, este equipo estuvo tendido sobre la lona, a punto de no vivir, y se volvió a levantar.

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