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Tenis

El sueño tendrá que esperar: Davidovich sucumbe ante Tsitsipas en la final Montecarlo

El tenista malagueño pierde su primera final de Masters 1.000 ante el griego en dos sets (6-3, 7-6)

Alejandro Davidovich Fokina durante la final del ATP de Montecarlo / SEBASTIEN NOGIER (EFE)

Madrid

En la orilla. Davidovich se quedó a un paso de conquistar su primer Masters 1.000. Sólo Tsitsipas pudo pararle. Ni Djokovic ni Frtiz ni Dimitrov. Pero el griego impuso demasiados retos al español, que a pesar de la madurez que ha construido sobre la arcilla de Montecarlo, necesitaba una derrota así para constatarla. Sintió como un imponente campeón le derribaba, pero también vivió lo que se siente cuando uno se levanta. Pero lo hizo demasiado tarde, cuando ya había sido víctima de la calma, solvencia y experiencia de Tsitsipas, que tumbó sus aires de grandeza aprisionándolo en el error. El vigente campeón de Montecarlo repite título después de dos sets (6-3, 7-6) que le otorgan su octavo ATP.

La eficacia helena tumba el empujón de Davidovich

El niño con aires nórdicos salió con su icónica vivacidad, rompiendo el break a Tsitsipas como un auténtico avión. El griego no tardó en reaccionar, devolviéndole la ruptura para tomar el control del partido. A partir del 3-3, Tsitsipas empezó a subir a red, acomodarse en el fondo, defenderse y romper los breaks borrando la aparente igualdad que se había instaurado sobre la pista. El heleno le metió velocidad al set y lo cerró con una superioridad aplastante. 6-3 en tan sólo media hora de partido.

Cuando Tsitsipas sacó a pasear su derecha, la final parecía sentenciada. El número cinco del mundo gestionó los tiempos, avalado por la superficie en la que es especialista. Destrozó las respuestas del español, con hasta 10 errores de revés no forzados con tan sólo 42 minutos de juego. Un parcial de 7-1 que parecía lapidario.

Alejandro Davidovich lamentándose por un punto fallado en la final de Montecarlo / Manuel Queimadelos

El malagueño necesitaba fe para resucitar, tiempo para aclimatarse a un escenario inaudito para él como es la final de un Masters 1.000. Y la encontró cuando parecía haberse sublevado al dominio heleno. Inició el segundo set 0-2 y se revolvió hasta clavar el 3-2. Davidovich recuperó su gestualidad habitual, su grito y su puño, y junto al aliento de un público entregado a ‘Foki’, logró instaurar el espectáculo en una final desprovista de él.

Pero fue efímero. Davidovich respondía con golpes agresivos al resto, desde el fondo y la red a un Tsitsipas que empezaba a dudar con el 4-3 en el segundo set. Pero, de nuevo, el campeón aplacó los envites solventando la presión con el temple que le faltó al malagueño cuando se vio con el agua al cuello. Tsitsipas le endosó un 15-40 que conducía al definitorio 5-4 que rompía el servicio y el campeonato. Lo peleó en el deuce más largo del partido, pero el vértigo le aceleraron en exceso.

Tsitsipas sirvió para ganar su octavo título de ATP. Davidovich acudió a su automotivación, brazos en alto, apretando los dientes en un intento por sobrevivir. Y lo consiguió sobre el alambre. Ganó dos juegos seguidos para clavar el 6-5 tirando de valentía. Pero su energía se desinfló en el tie-break final. El vigente campeón repite título tras una hora y treinta y cinco minutos de final a la que Davidovich acudió tarde.

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