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A la Real le entra el vértigo a soñar a lo grande

El equipo txuri-urdin empata en Vallecas contra el Rayo (1-1) después de una segunda parte horrible, cuando había completado una notable primera parte con gol de Sorloth que le aceraba a tres puntos de la Champions

MADRID, 01/05/2022.- El delantero de la Real Sociedad Alexander Sörloth (d) juega un balón ante Pathé Ciss, del Rayo Vallecano, durante el partido de Liga en Primera División que se disputa este domingo en el estadio de Vallecas, en Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez / Rodrigo Jiménez (EFE)

San Sebastián

La Real Sociedad volvió a dejar escapar otra gran oportunidad para meterse de lleno en la pelea por los puestos de Champions League. La tercera oportunidad consecutiva. Primero con el empate contra el Betis. Después con la derrota ante el Barça. Y ahora con el empate en Vallecas frente al Rayo Vallecano. Pero en esta ocasión, a diferencia de las dos primeras, el equipo txuri-urdin no mereció la victoria. El empate con el que se vuelve a Donostia desde Madrid se puede considerar justo y lógico. Pero lo realmente significativo del punto logrado en Vallecas, y con lo que me quedo, es la doble cara mostrada por el conjunto entrenador por Imanol Alguacil. ¿Cómo se puede pasar del blanco al negro con solo mediante un descanso de quince minutos? ¿Le entró vértigo a soñar en grande a las jugadores de la Real? Es que me cuesta entender lo que paso.

Porque la Real Sociedad completó una primera parte de Champions League y una segunda con la que justo te da para Conference League. Y es una pena. Porque el globo de las ilusiones volvió a pincharse cuando más inflado parecía estar. Ver la primera media hora de los realistas contra el Rayo, dominando territorialmente al equipo de Iraola y apabullándole con el balón, ilusión hasta el más pesimista de los aficionados. Un dominio que, a diferencia de partidos anteriores, sí pudo rubricar con un buen gol de Sorloth. Y en ese momento, la Real estaba a tres puntos de la Champions, de un Atlético de Madrid que tiene que venir en la última jornada al Reale Arena. Literalmente, nos frotábamos las manos. Las cuentas nos salían, y el equipo nos daba razones para creer.

Nadia hacía presagiar lo que vendría después. El desplome más absoluto. Y eso que el inicio de la segunda parte fue también esperanzador. Pero fue fallar Januzaj y Merino la doble ocasión del principio, e irse todo al garete. La Real pasó de dominador a dominado, de tener el balón a ni olerlo, de jugar en campo del Rayo con una espléndida presión tras pérdida lejos de su portería a ni salir casi de su campo. La Real no era la Real, era otra Real. Sinceramente, no lo vi venir, no me lo esperaba. Tan superior fue en el primer acto que era casi imposible pensar en un giro tan radical de los acontecimientos. Porque uno puede esperar la reacción lógica del equipo local que está perdiendo. Pero tú mantienes tu personalidad y aguantas de pie las embestidas para meter miedo, por ejemplo, a la contra. No te vas hundiendo cada vez más delante de Remiro, concediéndole todo el campo a un Rayo que mereció empatar, o incluso algo más.

Porque una cosa es defender en bloque bajo con solidez, que eso volvió a hacerlo la Real; y otra bien diferente perder todas las buenas sensaciones de la primera parte y notar como el rival te supera en todas las facetas del juego, con una imagen preocupante, sin que se atisbe capacidad de reacción, a pesar de que se reaccione con cambios desde el banquillo. Un equipo que quiere jugar en Europa la próxima temporada no puede permitirse semejante desplome. Porque con la segunda mitad de Vallecas, la Real igual merece jugar solo la Conference League. Como mucho. Fíjense qué cambio. De Champions a Conference. Y es que con el empate la diferencia es sustancial, ahora la Real está a cinco puntos del cuarto. Al menos, se despega un poco del séptimo puesto para seguir afianzando su sexta posición de Europa League. Pero mucho me temo que como vuelva a repetir la segunda parte de Vallecas, tendrá que empezar a preocuparse por las palabras de Iñaki Williams. En fin, habrá que ser positivos y pensar que lo que repetirá será la primera mitad. Y entonces, solo entonces, podría soñar a lo grande.

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